I
En el prólogo a Estampida
de poemínimos (1980), Efraín Huerta (1914-1982) hace suyas unas palabras del filósofo
Nietzsche para explicar una práctica constante en su poesía: "sé
que en mi palomar hay palomas forasteras, pero se estremecen cuando les pongo la mano
encima".
No ha sido extraña,
a los lectores atentos de sus poemas, la presencia de registros provenientes de otros textos y
contextos que conviven en un complejo entramado de relaciones a lo largo de su
obra. Encontramos poemas
que refieren una circunstancia sociohistórica como "España, 1938",
"¡Stalingrado en pie!, "Amor, patria mía". Otros, donde las
referencias a los elementos de
la cultura mexicana no son menores: frases coloquiales, giros del lenguaje, el
albur visibles en poemas como "Buenos
días a Diana Cazadora" o "Avenida
Juárez", recurso que alcanza la ejemplaridad en los poemínimos.1
Y cómo ignorar los constantes registros de
"otras" literaturas en las que
EH2 nutrió su mundo poético.
Ya el propio Rafael
Solana, en el muy conocido prólogo a Los hombres del alba (1944), hermanaba la poesía de EH con
la de Neruda, Alberti y Whitman; Carlos Montemayor encuentra en los primeros poemas de EH cercanía
al creacionismo de Huidobro, incluso más que al propio surrealismo; José María Espinasa renueva la
deuda del poeta con Eliot; Ricardo Aguilar —en una audaz propuesta— muestra puntos de encuentro
entre el poema "Esto se llama los incendios" y el cuento "Todos los
fuegos el fuego" de Julio Cortázar. ¿Coincidencias? No lo creo. Estas palomas
"extranjeras" fueron adoptadas conscientemente por el poeta, haciendo del
mecanismo un recurso poético. No gratuitamente David Huerta afirma en el prefacio a la Poesía
Completa de su padre: "Efraín practicó con plenitud y confianza una de
las libertades que consiguieron y
legitimaron algunos poetas de la
primera mitad de nuestro siglo (Ezra Pound y T.S. Eliot, por ejemplo);
la toma de textos ajenos —ni un préstamo ni
un robo, en estricto sentido—, no
poéticos a veces, y su incorporación o integración orgánica en el cuerpo del canto.3
¿Cómo ignorar la intertextualidad de
muchos de sus poemas? ¿Cómo negar este rasgo
de su modernidad poética? Acepto, pues, que no he podido abstenerme a la indagación de esas "presencias",
y con un gusto casi morboso le he
puesto encima el ojo y la pluma a un
hilo de su colorido tapiz: el de la poesía
española.
Sí, el hilo de la vieja y la nueva
España, en EH rehabilita formas y
significados, haciendo evidente una doble lectura que desembocó, durante muchos
años, en una actitud de seguimiento,
ético y estético, respecto a España:
una impronta inicial hacia el surrealismo más bien hispánico que
francés, poco después la adopción de una
clara postura política a partir del
inicio de la guerra civil española en 1936 (año determinante en su obra, más marcado políticamente que las revueltas estudiantiles del 68, por
ejemplo), y una clara simpatía y
admiración por muchos escritores españoles.
Esta vena hispánica
es más o menos fácil de identificar en varios de los poemas, mas la
pretensión de estas líneas no es llegar a un examen
exhaustivo; por lo tanto, nos limitaremos a
comentar, brevemente, tres poemas: "Trova santiaguera", "Canto a
Obregón" y "Manriqueana"; distintos entre sí y de distintas épocas, lo que los hace ejemplos
enriquecedores en la revisión del
fenómeno. Confío en que el lector no
tendrá objeción en hacerse llegar los textos que menciono, de manera que pueda seguir la lectura a través de los mecanismos lingüísticos por los
que EH va albergando voces y autores en su propia creación. Confío, por último, en su paciencia.
II
El primer poema a
revisar es "Trova Santianguera", que aparece en el libro Los
eróticos y otros poemas (1974);4 éste nos avisa, desde el primer verso, el motivo de su poema: una canto a un tal
Federico del cual no hace falta mucho
aclarar; como intuirá el lector se
trata de García Lorca. Estructuralmente se compone de seis estrofas, cuartetos y tercetos alternados, todos ellos octosílabos:
Ayer llegó
Federico
en un coche de agua
negra
la luna lo vio pasar
como un ruiseñor
dormido
5 Con su candor de
heliotropo
la trova le abre
sus puertas
al cascabel y al
rosal
Poeta de tronco vivo
Seda del galán de
noche
10 Sol de gemido y marfil
Ayer llegó Federico
Con su cintura
caliente
La trova bebe la
sangre
Del jacinto y del
coral
15 Ayer llegó
Federico
Con su granada en
el pecho
Ritmo de semilla
seca
Ojos de llanto y
delirio
Con su arrugada
belleza
20 La trova baja la luna
Para ponerse a
cantar
Hagamos aquí una
parada para observar los versos 2 y 17 escritos, uno en su totalidad, otro
parcialmente
en letras itálicas;
luego de una lectura de indagación podemos entender que EH avisa de esta manera
que tales versos hay que
encontrarlos en otro lugar, y el primer
sospechoso, dado el nombre al que menciona en
el poema, es Lorca. Y efectivamente, ambos versos corresponden a los escritos por el español en "Son de negros en Cuba", único poema del
apartado X ("El poeta llega a La Habana")
de Poeta en Nueva York. El primer verso en itálicas que aparece en la Trova
corresponde a un verso que se repite en dos ocasiones en el Son de Lorca (w.3, 25): "/ iré a Santiago,
/ en un coche de agua negra", "Siempre he dicho que yo iría a Santiago / en un coche de agua negra".
El segundo verso en itálicas cita el verso 18: "Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas!". Sin embargo, no son los únicos préstamos que EH ha tomado: su verso 8 "Poeta de tronco vivo" sigue
el verso 22 del Son "Arpa
de troncos vivos"; el verso 12 "Con su cintura caliente" cita el 20 de Lorca "¡Oh cintura caliente y gota de madera!". Hay tres objetos
más que están presentes en ambos
poemas: EH menciona en el verso 7 el
rosal, Lorca emplea "Y con la rosa de Romeo y Julieta"; en el
verso 14 de la Trova el coral cita el
verso 29 de Lorca "Mi coral en la tiniebla", y finalmente, la luna, objeto por demás lorquiano, es empleada por EH en el verso 3 y 20, la luna
animada, testigo de la presencia del
poeta español. Lorca, por su parte,
inicia con ella el poema; en el primer verso del son leemos: "Cuando
llegue la luna llena iré a Santiago de
Cuba". Todas estas referencias sin itálicas ejemplifican ecos intertextuales más ocultos, citas sin marcadores explícitos.
Pero revisemos
otras relaciones. Entre los títulos "Trova Santianguera" y "Son
de negros en Cuba" se manifiesta cierto paralelismo, ambos son poemas para el canto y el
baile negro cubano. Por lo tanto la estructura de sendos poemas es popular: EH emplea, de forma iterativa,
algunos versos y la medida de 8 sílabas;
Lorca por su parte, emplea, también, como estructura
repetitiva, un estribillo octosílabo insertado entre un verso y otro. En
el nivel del sentido, lo que hará EH en el
poema es utilizar el léxico y el mundo simbólico de Lorca para crear un
ambiente luctuoso. En la estrofa 1,
encontramos una comparación (w 1 y 4)
del poeta con un ruiseñor dormido; el ave está dormida, sin canto, al parecer
sin vida. En el v. 2 encontramos la
cita "coche de agua negra". Es bien conocido que el negro es el color de la muerte, constante, además, en la poesía de Lorca. El
"carro de agua" puede
entenderse como una metáfora de barco
—recordemos que este medio es el medio en el que viajó Lorca a la isla
de Cuba—, pero el color negro y la idea del
barco le otorga una carga fúnebre.5 En el verso 3 la luna aparece
también como presagio de muerte; ella
implica que es de noche, 

oscuridad; esta imagen nocturna contrasta con las metáforas en las que se transforma
Federico: "candor de heliotropo" "sol de gemido y marfil".
Federico es vida, que se opone a muerte,
sol que se opone a luna, luz que se
opone a oscuridad.
Las imágenes de
vida, según transcurre el poema van degradándose. En la estrofa 4 la misma trova que "le
abre sus puertas" es la que "bebe la sangre", sangre que Federico
—vuelto jacinto y coral— derrama. La estrofa 5 contiene uno de los versos más significativos y más ricos en lecturas:
"Con su granada en el pecho",
consideramos que esta imagen continúa
el verso en el que se menciona la sangre; la granada como fruta es roja y su centro gramíneo puede ser imagen metafórica de herida, la granada en el pecho es en sí, el pecho sangrante del poeta.
Siguiendo la idea de herida, la
granada como arma puede funcionar si recobramos el contexto: fue un arma de fuego la que causó la muerte del poeta, la
bala puede trastocarse en una granada por un proceso de hiperbolización. O bien esta granada puede ser no otra
sino la andaluza Granada, que vio nacer y
morir al poeta, de tal suerte que él la lleva en el pecho, en el lugar de su corazón. Granada/fruta, granada/ corazón,
granada/ arma, granada/ herida, Granada/
tierra, Granada/origen, los sentidos se multiplican por las relaciones intertextuales y se ejecutan a la vez. "Los ojos de llanto y
delirio" cierran la estrofa con
la implicación de dolor y luto. La última estrofa es ya la degradación del "candor" mencionado en la segunda estrofa; éste es suplido por la
"arrugada belleza", por la
carne que pese a todo no deja de ser
bella, pese a la muerte.
En última instancia lo que EH hace es
recrear en su poema el último viaje del
granadino a Santiago, un viaje en
muerte, cuando en el "el poeta llega al Paraíso" de canto y baile. Todos estos diálogos entre uno y otro texto nos llevan de inmediato a una
gran cantidad de referencias poéticas,
pero también al contexto, al viaje realizado por Lorca a Cuba luego de su estancia en Estados Unidos, a su
lamentable muerte. Cabe decir que EH y Lorca nunca se conocieron en vida, pero se encontraron en la poesía,
en la isla.
El hispanismo de EH
se mueve en diversas direcciones; más allá de la relación con la poesía contemporánea, el poeta
gira los ojos hacia la tradición clásica. Así lo encontramos en
"Canto a Obregón", poema escrito
en 1941, pero publicado hasta 1973 en Poemas prohibidos y de amor. Está
dividido en una serie de seis partes o
breves poemas. En los poemas pares
(2, 4, 6) dominan los versos de 11 sílabas y rima consonante; en las partes impares (1, 3, 5) son más
recurrentes los versos de 14 sílabas, alternadas con versos de 11 que no guardan estricta rima. Como el título indica, es un canto en homenaje al militar
y político mexicano Alvaro Obregón.
De ahí que todo el poema gire en
torno al personaje y a un hecho histórico
social: la Revolución. Pero centrémonos en la parte 6 en la que aparece una cita textual de Francisco de
Quevedo (1580-1645), misma que se hace evidente
por la señalación autoral y el aviso de las comillas que la enmarcan:
6
Frente de triunfo,
limpia y generosa,
a los rayos dio
vida y al ardiente
cabalgar por la
patria, una luciente
70 esperanza feliz y
victoriosa.
Mas la flecha que
ayer, maravillosa,
hendía los
huracanes, hoy doliente,
ala en secreto,
luna sin creciente,
duerme su paz.
Herida dolorosa,
75 grieta sin fin,,
amanecida flor
y símbolo perfecto
cuyo oro
es promesa
cumplida: ya en efluvio
de tragedia fatal,
clama el dolor
y con Quevedo
insigne gime el coro;
80 “El llanto
militar creció en diluvio”
El verso ha sido
extraído del soneto "Memoria inmortal de don Pedro Girón, duque
de Osuna, muerto en la prisión". El verso corresponde a la tercer estrofa del soneto:
En sus exequias
encendió el Vesubio
Parténope, y
Trinada al Mongibelo;
el llanto militar
creció en diluvio.
El primer fenómeno
observable en esta parte 6 del poema,
es que EH está ejecutando una intertextualidad
estructural al aludir a un soneto con otro soneto de rima semejante ABBA ABBA CDE CDE a la de Quevedo ABBA ABBA CDC DCD. El ritmo en el soneto quevedista guarda generalmente los acentos principales en la 2a, 6a, y
10a sílaba, con acentos secundarios
en la 4a y 8a, aunque algunas veces sólo forzando el verso esta cualidad puede cumplirse, esto se debe sin duda a las licencias métricas tomadas por los poetas, como la sinéresis y la
diéresis, para conseguir el número de
sílabas en el verso, según los
principios generales del poema. Estas licencias son también adoptadas por EH, quien realiza el soneto con acentos en la 3a, 6a
y 10a sílaba, aunque en
ocasiones logra la medida quevediana (4a, 6a, y 10a con los mismos
acentos secundarios) como en el verso 6, 10 y, claro, en la cita del
verso último. Cierto es que la repetición de
ciertos sonidos en el español se debe
a la economía del sistema (sólo 22 fonemas); sin embargo, en el lenguaje
poético su elección y su distribución es
importante en el "sentido" final. En la parte 6 del "Canto a
Obregón" existe cierta primacía de los sonidos consonanticos líquidos, r,
primordialmente y /. La combinación t/r en una misma palabra también se hace presente, lo cual tiene una motivación onomatopéyica que alude a un sonido retumbante: "militar",
"frente", "triunfo", "patria", "tragedia"; otro puente que
lo une con Quevedo, quien también
utiliza dichos recursos sonoros: "Faltar
pudo a la patria el grande Osuna", "diéronle muerte y cárcel
las Españas". Así como vocales graves
para dar oscuridad al poema, énfasis que logra magistralmente en el cierre de dicho soneto: "murmuran con dolor su desconsuelo". Es obvio que
dominan las vocales o y u, lo
que hace altamente solemne dicho
verso. El efecto sonoro y semántico no se oculta en el intertexto tomado de Quevedo en el que dominan las consonantes líquidas (l,m,n,r,) relacionando
los sonidos fluidos con el agua, las lágrimas: "E/ //anto mi/itar creció en di/uvio". En ambos poemas el poder de los sonidos causa efectos de
sentido. El orden de los elementos
está determinado por la medida del
verso y la rima por lo que llega a haber cierto hipérbaton. Otro fenómeno de construcción empleado por EH es el encabalgamiento, que no sólo
implica terminar la idea en otro verso sino también en otro párrafo, como es
visible en el paso de la estrofa 2 a la 3 y
de ésta a la 4. EH requiere de muchas
palabras para decir lo que tiene que decir, agota así los límites del verso y los rompe para saltar
al siguiente; sin embargo tendrá su importancia ya no en un nivel de
construcción sino en un nivel de sentido,
pues el encabalgamiento no sólo estimula la velocidad de lectura, sino que hace evidente la personalidad de
quien lo crea. La profundidad de Quevedo (y su limpieza técnica), EH la hace
pasión que desborda el poema; se muestra
impetuoso ante la técnica del verso.
En cuanto al
léxico, los puntos de equivalencia son la utilización de términos que aluden a lo bélico, puesto que
la temática es en última instancia la misma-, el halago a un personaje militar ya muerto. Quevedo
emplea términos como defensa, hazañas, muerte, cárcel, esclava, nación, campaña, sangrienta, militar.
Huerta emplea: triunfo, cabalgar, patria, flecha, militar, etcétera. Además de
otros términos que
refieren la muerte.
Sin embargo, el
uso retórico que une en gran media
a los dos poemas ahora comparados es la hiperbolización
del sentimiento doloroso. El intertexto compartido es claro ejemplo de ello; el llanto vuelto diluvio es
un motivo exagerado, un énfasis en los semas
intensivos. En un sentido amplio lo que EH está logrando al ingresar dicha cita es la comparación entre el personaje español y el mexicano y la equivalencia
entre la tragedia que significa la muerte de Pedro
Girón y la muerte cruel del personaje militar mexicano. El aura mítica que
recubre a sendos militares se logra por la gloria militar obtenida en
vida y la traición que ambos sufrieron porque
la misma patria que defendieron es la
que causó su muerte: "diéronle
muerte y cárcel las Españas / de quien él hizo esclava la Fortuna" (w.3,4). Para EH el pueblo es el que "que te aclamó, te aclama, te
defiende / del odio y la mentira
[...]" (w.6l,62). Ambos personajes
son víctimas a ojos de los poetas.
Don Pedro Girón y
Obregón —coincidente terminación de ambos apellidos—; cada uno de estos personajes cumplió
con un importante papel en la historia de su país y en la historia personal del
poeta que canta, por lo cual es necesario
revisar el contexto. El Duque de Osuna fue
protector de Quevedo con poder
político y militar tal como lo refiere el poema. Obregón de igual suerte llegó a ser presidente de México y su papel fue decisivo en la Revolución
Mexicana, pero, ¿qué motivos llevaron a EH a dedicarle
un poema en la iniciada década de los 40's, trece años después de la muerte del revolucionario? No será este comentario poético el que tenga la última
respuesta.
Finalizamos esta revisión con uno de los
poemínimos más gratos, a mi parecer, es
"Manriqueana" (Circuito
Interior, 1977) en el que la
cita es más que clara, no sólo por la mención del autor español, sino porque se
ha vuelto, al paso del tiempo, una frase ya harto conocida y hasta del decir común: "Nuestras vidas son los ríos
/ Que van a dar en la mar, /Qu'es el
morir", es así como Jorge Manrique liriza su dolor en la conocida elegía a la muerte de su padre.
Sin olvidar el
origen de su hechura, EH entiende que
la repetición no puede ser idéntica, así, por medio de la sustitución de elementos recontextualiza y resignifica
al clásico:
Nuestras
Vidas
Son los
Ríos
Que van
A dar
Al
Amar
Que es
El vivir.
Aunque hay pocos
cambios (el sustantivo mar por el verbo amar que
comparten casi todos sus elementos fonológicos y fónicos, y vivir por morir, ambos
verbos infinitos
sustantivados que guardan el mismo número de fonemas y la misma alternancia entre consonantes y
vocales. El cambio de artículo por preposición, que no es más que el cambio de posición de los mismos
elementos), el significado del poema sufre una gran alteración respecto al antecedente. Lo que en
Manrique es el canto más lúgubre, en EH se torna en un canto de vida, echando mano del uso de
antónimos para la sustitución de morir por vivir. La antítesis
anterior es contrastada con el proceso de sinonimia entre mar y amar, que
además de la
semejanza fónica, ambas comparten la idea de inmensidad temporal.
El uso de antónimos
que dan el giro completo al sentido del poema logra metaforizaciones, además de las ya logradas
por Manrique. La conocida imagen de la muerte como caudal, que va a dar irremediablemente a la muerte
(MAR = Muerte), no es el río en el que está pensando EH; su caudal de vida va a
dar al amar, a un mar de amor, y este amor se torna en fin de la
existencia del hombre, ya que se asimila el amor y la vida (AMAR = vida)
en un solo concepto. La filosofía del sufrimiento y la muerte que
enarbola Jorge Manrique, EH
la reelabora en una filosofía del vivir. En dos o tres patadas da un giro a la
tradición.
Manrique, Quevedo
y Lorca —tres poetas puestos en diálogo con EH— son sólo tres ejemplos de muchos otros que
habitan en esa casa de huéspedes que es su poesía.
III
Cierto es que la
poesía española en la obra de EH es apenas un registro, un hilo de los muchos que tejen
su manto, pero un motivo sobre el que hay que volver detenidamente. Necedad
académica puede parecer al lector la insistencia, pero lo escrito es con el
convencimiento de que una indagación por los intertextos brinda la posibilidad
de nuevas lecturas: esclarecer los procesos de relexicalización y
resignificación de los textos
forajidos que hacen que un poema
suyo pueda ser un entramado complejo, profundo
y valioso de referencias; el cuestionamiento al supuesto coloquialismo de su discurso poético; la advertencia al tipo de lector que EH exige y que sugiere un estudio de la recepción; un estudio que tienda más a la semantización de la oposición de
discursos en su poesía, y aún más.
En fin, sea cual fuere la lectura que
uno llegue a obtener, no podrá dejar de ver
que esa afición por las "palomas" coloca a EH como un poeta
moderno en todo sentido —como Joyce, Eliot y
Pound— en los que vanguardia y
tradición, lo culto y lo popular, se yuxtaponen en un collage (juego de
voces, citas, discursos, etcétera) que
alberga su visión de la poesía y, por
lo tanto, del mundo.
1 Benjamín Valdivia tiene un amplio ensayo
dedicado a la poesía de Efraín
Huerta; en él realiza una interesante clasificación del poemínimo que alude a tres tipos de vivencias
del poeta: folclóricas, populares y cultas; estudio de gran interés e
importancia en las presentes
notas. Me refiero a “Efraín Huerta o el cuchillo en la voz” en El camino del fuego. Ensayos de poesía
guanajuatense. México, Gobierno
del Estado de Guanajuato, 1991, pp. 84-130.
2 A partir de aquí emplearemos las iniciales
para las constantes menciones del nombre del poeta. EH
3 Efraín Huerta, Poesía completa, Martí
Soler (comp.), México, fce, 1998, p. XII.
4El poema es uno de los inscritos en el
"ciclo cubano" bajo el apartado que titula "Cuba revelación" en el mencionado
poemario. Efraín
Huerta escribe estos poemas cuando es invitado por la directora Haydée Santamaría, a ser jurado del
Premio Casa de las Américas 1969.
5 La muerte en Lorca está representada por
muchos elementos; la muerte como
dormir es común en el Romancero Gitano, baste ver "Romance de la luna, luna",
"Romance sonámbulo"; en Poeta en Nueva York esto también puede notarse en "Cementerio judío". En el mismo Romancero, en
edición de Josephs y Caballero, se menciona
la imagen del caballo y el barco como signos de muerte presentes en el
"Romance sonámbulo". El barco, se menciona, como uno de los símbolos
más antiguos de muerte. (Vid. Romance del
cante Jondo. Romancero Gitano. 19a ed., Madrid, Cátedra, 1998, p. 239).
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