Sencillas sugerencias para estar a gusto con uno mismo
Una vez quise
estar bien
Y me senté en una
silla a esperar....
El tiempo pasó y
nada cambió
Alguien me habló
al oído,
y entonces deje de
esperar,
me puse de pié
y comencé a
caminar.....
WALTER E. ECKART – 2006
I
En el mundo alocado en el que vivimos, donde muchas
veces sobran las cosas que uno “debe realizar” y falta el tiempo para
“acomodarse interiormente”, para “arreglar y asumir” los muchos o pocos
problemas que podamos tener, una “tregua” muchas veces viene bien. En otros
casos es necesaria.
Ahora
.... ¿Qué es una tregua....?
Bueno, podríamos decir que es fundamentalmente “un
tiempo” que uno mismo lo define, para tener la oportunidad de intentar tomar
distancia de los problemas que “afligen” nuestro interior, para “mirar” sin
miedo nuestras dificultades y reflexionar serenamente sobre alguna forma de
solución posible.
Esto
es más importante todavía cuando las dificultades que tenemos son de carácter
psico-afectivo, es decir, cuando nuestras angustias provienen del desorden de
algunos de nuestros “sentimientos” y experimentamos la angustia, la soledad....
o sentimos que a nadie le importamos, o que somos inútiles para todo, o cuando
hemos fracasado o terminado con una relación sentimental, o cuando nos sentimos
frustrados, o impotentes, o simplemente “embroncados” con todos.... con los
demás, con la vida, con uno mismo, con Dios....etc.
Por
eso, ante un panorama como éste, conviene muchas veces “parar la pelota”....
conviene saber decirnos a nosotros mismos: “Tengo que darme un tiempo para
enfrentar esta situación de una vez por todas, antes de que acabe conmigo”
Esta
sería una muy buena reacción, propia de quien se ejercita en la madurez humana,
no “esquivándole al bulto” sino “enfrentándose a él....
Ahora....
¿Cómo hacer esto...?
Bueno....
la experiencia humana y la reflexión de gente sabia demuestran que hay algunas
reglas prácticas para seguir. Por ejemplo:
REFLOTAR LA ESPERANZA
Se
trata de buscar tener una mirada menos trágica de las cosas que nos afectan,
tratando de entender al mismo tiempo que “existe la posibilidad concreta” de
superarlas. Si anulamos la esperanza, corremos el riesgo de creer que ninguna
solución nos va ayudar. Es como aquello del dicho “El que cree que se va a
morir.... se muere nomás...”
BUSCAR (Y ENCONTRAR) UNA
AYUDA ADECUADA
Frente
a los problemas, normalmente, nadie “sale solo....”. A veces una persona con
quien hablar, un profesional a quien acudir, un ser querido que nos inspire
confianza, un cambio en nuestros horarios y tareas....etc.... a veces todo esto
con frecuencia nos “da una mano.....” que fomentan nuestra esperanza y
facilitan la comprensión de lo que nos pasa.
ELIMINAR LA ANSIEDAD
La ansiedad es como ese impulso que nos hace
querer que todo lo malo que nos pasa sea resuelto de forma inmediata. En
realidad, resolver nuestros propios problemas normalmente nos llevará un “tiempo perseverante” un tanto prolongado.
Es como que necesitamos comprender que debemos ir paso a paso, gradualmente,
perseverantemente pero –al mismo tiempo- sin enloquecernos, sin “sobre
exigirnos”..... La ansiedad, si la dejamos crecer, puede convertirse en uno de
los peores enemigos para nuestro bienestar.
SINCERARSE
Se
trata de aprender a no mentirse a “uno mismo”.
En general, cuando padecemos problemas interiores, cuando las cosas que
nos pasan abruman nuestras vidas y parece que ya no “podemos más”, se suele presentar la tentación de “negar”
(muchas veces inconscientemente) tales dificultades o, frecuentemente, “echarle
la culpa” de los que nos pasa a otros, a
la vida , a Dios.
En
realidad, el camino sano es detectar con “paz, verdad y serenidad” la “raíz” y
“la historia” (que es de mucha importancia), de nuestras aflicciones, y al mismo tiempo, “analizarlas” también con
“paz, verdad y serenidad”, sin tratar de “buscar responsables” sino aceptando
serenamente que es cierto que realmente padecemos tal o cual conflicto, y que
debemos poner nuestro mejor empeño en “comenzar” a resolverlo, sabiendo de
antemano que siempre necesitaremos de la ayuda de alguien o algunos para lograr
nuestro cometido.
ORDENAR NUESTRA JORNADA Y
NUESTROS ESPACIOS
Dice
una frase “conserva el orden y el orden te conservará”. Cuando estamos muy afligidos o angustiados,
tenemos la tendencia de “echarnos al abandono”. Esto es muy perjudicial. En
realidad conviene darle un orden a nuestra jornada (proponernos un horario para
levantarnos, para comer, para asearnos, para descansar, para distraernos, programar una visita a un amigo
o familiar, etc.). Asimismo conviene mantener el orden y limpieza en los
lugares que habitamos. La “prolijidad” ambiental contribuye a nuestra serenidad
y bienestar general.
ELIMINAR LA FANTASÍA
Muchas
veces sucede que uno comienza un proceso para adquirir el bienestar interior
y al poco tiempo, normalmente por
coincidencias, siente que todo se ha solucionado (aparentemente): por ejemplo:
de pronto, las personas que no lo tenían en cuenta comienzan a hacerlo; la
angustia que tenia increíblemente desaparece rápidamente, etc.
En
casos así, donde “parece” que todo se ha solucionado de un día para el otro,
solemos tener la tentación de dejar el proceso que hemos iniciado, porque –para
nosotros- “ya todo está bien”. En realidad es todo una fantasía. Resolver los
problemas interiores lleva tiempo y hay que ser conscientes de esto, y
perseverar en lo que se ha comenzado hasta concluirlo. Se trata siempre de
curar “en serio nuestro interior” y no de “hacer como que ya todo está bien...”
II
Estas
orientaciones prácticas normalmente son muy efectivas. Sin embargo, no son
suficientes.
En
efecto, hay otros factores que se deben tener en cuenta a la hora de recomponer
nuestro complejo mundo interior.
Estos
“otros factores” tienen cierta relación con nuestra “dimensión espiritual” y no solo con nuestra
psico afectividad.
En
efecto y aunque algunos no estén de acuerdo con la existencia de la mencionada
“dimensión espiritual del ser humano”, para los que sí creemos en ella ésta
juega un papel determinante en nuestro equilibrio psicológico y afectivo.
Por
eso es bastante común que si uno “revisa”
su propia historia personal, encuentre que en el pasado pudo haber
cometido algunos actos que fueron más allá de lo psicológico y alcanzaron la
esfera espiritual, produciendo consecuencias negativas que afectaron en su
momento nuestro interior y lo siguen afectando en la actualidad.
Para
poner un ejemplo: una mujer que en su momento eligió deliberadamente “abortar”
(acto éste que contradice el principio moral de orden espiritual plasmado en la
frase “No matarás al indefenso”), probablemente sufra durante muchos
años el trauma psicológico consecuente, y esto aún cuando hubiese “reparado” la
situación a nivel espiritual o religioso.
Es
decir, muchas veces podemos cometer actos que atentan a nuestra moral, a
nuestra religión, que nos desestabilizan
emocionalmente no solo en el momento de cometerlos sino que “enferman” nuestra “psiquis” casi en forma permanente,
causándonos diversos malestares, como la angustia, la tristeza, la depresión,
etc.
Desde
esta perspectiva es conveniente seguir también algunas orientaciones cuando
hemos decidido sanear nuestro “complejo mundo interior”. Por ejemplo:
APRENDER A PERDONARNOS Y A
PERDONAR
Esto
no significa restarle importancia a algo
que hicimos sino, por el contrario, evaluar nuestros actos otorgándoles toda la
gravedad que se merecen, sin “justificarlos”. Pero al mismo tiempo, significa
adoptar una mirada “misericordiosa” sobre nosotros mismos, “benévola”, que no
justifica pero si “busca entender”, evitando la trampa de “autojuzgarnos”. Y en
el mismo sentido, respecto de los demás, siempre es aconsejable esforzarnos por
“entender” (sin justificar) los malos actos que otros pudieron haber cometido
contra nosotros o nuestros seres queridos, esforzándonos en mirarlos también a
estos con una mirada “benévola”, sin caer en la trampa de “esperar
morbosamente” que nos “pidan disculpas”.
En
síntesis: se trata aprender a “perdonarnos siempre” y “rectamente perdonar a
los demás”, buscando siempre “no justificar lo injustificable....”
ELIMINAR EL TEMOR
Cuando
se trata de sanear nuestro mundo interior, nuestra psiquis, y a medida que
vamos comprendiendo el camino que tenemos que recorrer para lograrlo, es común que aparezca el “temor”, que tiende
a desalentarnos, a paralizarnos, como “susurrándonos” al oído “esto es
demasiado para vos...no vas a poder”. Y no es raro que muchas veces se nos
crucen por la cabeza cientos de recuerdos o ideas negativas que nos comienzan a
atemorizar. Por eso es conveniente
recordar siempre que “la peor batalla que se pierde es la que no se dá...”.
Es
decir, podemos atemorizarnos, pero igualmente conviene y necesitamos intentarlo, aunque para ello debamos pedir
ayuda sin avergonzarnos, o recurrir a un profesional competente, y hasta rezar
(si somos religiosos). Se trata pues de tomar de todos los medios a nuestro
alance para triunfar en nuestra lucha.
DEJARNOS AMAR
Muchas
veces podemos caer en la tentación de “endurecernos”, de ponernos una “coraza”
de manera que nadie se nos entrometa, que nadie nos “invada”. Por hacer esto en
ocasiones perdemos de vista a mucha gente, desde las más cercanas hasta las más
lejanas, que habiendo percibido “algo” de lo que nos pasa, busca alentarnos,
querernos rectamente, darnos una mano.... Nos corresponde, pues, detenernos
algunos momentos, hacer algunas pausas, y tratar de “descubrir” a esta “gente
buena y gaucha”, para que descubriéndola nos animemos a aceptar el cariño y la
ayuda que nos quieren brindar, aunque siempre debemos tener el cuidado de no
confiar en personas “interesadas” que nos puedan provocar un daño mayor.
ERRADICAR LA “DUDA ENFERMIZA
Y ENFERMANTE”
Dice
un viejo dicho “Piensa bien antes de actuar.... pero no al extremo de
angustiarte”. Es propio de una persona psicológicamente madura “pensar
bien” las decisiones que está por tomar. Es por eso que, normalmente, frente a
algo que queremos hacer, primero lo reflexionamos, tratamos de descubrir los “pro”
y los “contra”, evaluamos nuestra capacidad práctica de realizarlo, etc. Eso es bueno.
Pero hay situaciones “especiales”, como algunos “proyectos” que queremos realizar, que
finalmente no los llevamos adelante porque hemos sido influenciados por una
especie de “un conjunto de dudas terribles y destructivas” que nos paralizan,
nos hacen desconfiar de todo, especialmente de nosotros mismos,
destruyendo nuestra auto estima y
haciéndonos creer que somos algo así como “infradotados”.
Por
ejemplo: supongamos que una persona quiera iniciar un proceso de reconciliación
con su familia, o con algún amigo. No sería extraño que la “duda nefasta” le “dispare” ideas como “¿Vos vas a tratar
de arreglar las cosas....?¿No te parece que no te da el “cuero”....?¿Ya te
olvidaste de que vos fuiste el que provocó todo....?¿No te parece que serías
hipócrita si lo hacés...? ¿Vos crees que a ellos les importa algo de vos....?”.
Y así, al permitirse pensar de esta forma la persona se confunde, pierde
objetividad, y , lastimosamente, abandona con tristeza su proyecto de
reconciliación.
Frente
a esto conviene que tomemos conciencia de que, en general, siempre podremos
hacer las cosas que nos gustarían, algunas veces con más esfuerzo y tiempo,
otras con menos, pero siempre con una
actitud positiva, esperanzada y serena.
SER AGRADECIDOS
“El
que no sabe agradecer tampoco sabe sonreír...”. Normalmente, si miramos
nuestra propia historia personal, incluso desde cuando éramos chicos, podremos
apreciar una gran cantidad de “cosas buenas” que nos han pasado. Seguramente
también descubriremos a mucha gente que sin esperar nada a cambio nos han hecho
mucho bien: desde personas que apenas están en nuestra memoria, hasta aquellas
con las cuales tenemos un trato asiduo, como amigos, parientes, etc. Poder
“descubrir” esto es de vital importancia para que “brote” en nosotros un
sentimiento de agradecimiento a los demás, a la vida, e incluso a Dios, si
tenemos la gracia de creer en Él. En este sentido, “ser agradecidos” es una
forma de “ser justos” y es una buena razón para dejar de lamentarnos de todos
los males que nos han ocurrido.
Es
como que la persona agradecida sabe poner en la “balanza” no sólo lo malo que
le ha tocado vivir sino también lo bueno, y siente el impulso de intentar hacer
cosas buenas por los demás, porque “reconoce” que en la vida ha recibido mucho.
EJERCITARSE EN LA GENEROSIDAD
Dice
una sencilla frase: “La generosidad es una de las mejores formas de
recibir...”. Y es cierto. Cuando nos atrevemos a romper nuestro “egoísmo”,
cuando nos olvidamos al menos “por un rato” de nosotros mismos, cuando sin esperar ninguna forma de
retribución nos animamos a darle una “mano” a alguien, sin que nos la pidan
sino por propia iniciativa nuestra, pareciera que “una brisa suave y
placentera” recorre nuestro interior, produciéndonos alivio y bienestar. Es
cuestión de intentarlo, desde nuestras capacidades y posibilidades. En
ocasiones alguien necesitará una “mano” en lo económico. Pero muchas otras
veces tendremos que dar otras cosas, como nuestro “tiempo”, como nuestra
“escucha”, o algún consejo, etc.
III
Estas “sencillas sugerencias para estar a gusto con
uno mismo” no son las “únicas” ni constituyen una especie de “listado de normas
estrictas” que deben ser cumplidas a cualquier precio.
Como dijimos al principio, son simplemente “pautas”,
“orientaciones” que nos conviene tenerlas en cuenta si queremos comenzar a
resolver los múltiples conflictos que pueden estar socavando nuestro complejo
mundo interior.
Se trata pues de entender básicamente algunas cosas
fundamentales, como por ejemplo, que estamos llamados, y hasta “destinados” podríamos decir, a ser
hombres y mujeres de paz, (como dice el texto “Busca la paz y corre tras
ella...”), sabiendo que esa “paz” que queremos conseguir la vamos a
encontrar –paradójicamente- en un mundo complejo, problemático, desmoralizante,
muchas veces “destructor” de ilusiones e ideales, donde incluso podemos
encontrar personas que –pareciera- se “dedican” a dañar a los demás.
No podemos exigir ni fantasear con un mundo
“perfecto” para estar bien.
Solo tenemos un mundo: éste, en el nos toca vivir
aún cuando muchas veces nos pueda lastimar.
Y sólo tenemos “una vida”, y más nos vale que
busquemos incansablemente aquellas cosas que nos ayuden a estar bien, que nos
hagan mejores personas aún en medio de nuestros dolores.
Esas cosas que “gradualmente” nos vayan ayudando a
tener siempre una actitud esperanzada y agradecida, por la cual nos animemos
siempre al “gesto cordial” para con los otros, a la “sonrisa franca” y a la
“mano siempre extendida” para el que la necesita.
Se trata también de entender que si no somos
nosotros quienes tomamos la iniciativa, de nada sirve (y es una fantasía)
esperar que los demás cambien, que los
demás se vuelvan “buenos”, cordiales, respetuosos, generosos, solidarios, etc.
etc.
“La caridad empieza por casa...” dice el dicho. Bueno... “la
conquista de nuestro bienestar también....”
Nosotros somos los protagonistas de lo que hacemos
con nuestras vidas y nadie nos puede sustituir en esta tarea.
********
....y
así, al caminar,
me
di cuenta que el camino era largo,
lleno
de baches y obstáculos.
Pero,
para mi sorpresa,
vi
a muchos otros
marchando
por la misma senda que yo.
Y
cuando me caí,
alguien
me dio una mano,
y
entonces lo entendí,
y
entonces también yo
ofrecí
mi mano débil
y
hubo alguien que la tomó
y
así reanudó su marcha....
Walter Eckart
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.