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Bienvenido a Cultus Sapientiae.

Este modesto Blog tiene como objetivo poder compartir obras, fragmentos, opiniones y manifestaciones culturales varias.
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El retraso innecesario es un asesino

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Cuando usted decide matar el tiempo empieza a matar los dones y el llamado que Dios ha puesto en su vida. La Biblia dice: "El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará" (Eclesiastés 11:4).
El primer paso para vencer la tardanza es eliminar todas las excusas y razones para no tomar una acción decisiva e inmediata.
Todos estamos en movimiento. Nos movemos hacia adelante, hacia atrás o sobre una rutina. La mayor equivocación que cometen las personas es pensar que la meta principal de vida es permanecer ocupados. Tal pensamiento es una trampa. Lo importante no es estar ocupados sino progresar. Es asunto de actividad contra cumplimiento.
Un caballero llamado John Henry Fabre llevó a cabo un experimento con orugas en procesión. Se les llama así porque tienen el hábito peculiar de seguir ciegamente la una a la otra sin importar cómo estén alineadas o a dónde vayan. Este hombre tomó un grupo de estas pequeñas criaturas e hizo algo interesante con ellas: las colocó en un círculo. Por veinticuatro horas las orugas siguieron una a otra dando y dando vueltas. Entonces hizo algo más. Puso a las orugas en un platillo lleno de hojitas de pino (su comida favorita). Por seis días las necias criaturas se movieron alrededor del plato, muriendo literalmente de hambre y debilidad aun cuando había una gran cantidad de su comida preferida sólo a cinco centímetros de distancia.
Como puede ver, ellas confundieron actividad con cumplimiento.
A los cristianos se nos debe conocer como quienes hacemos grandes cosas para Dios, no como los que simplemente hablamos de ellas. Quienes aplazan innecesariamente son mejores hablando que haciendo. Es verdad lo que Mark Twain dijo: "El ruido no produce nada. Con frecuencia una gallina que simplemente ha puesto un huevo cacarea como si hubiera puesto un asteroide".
Debemos ser como los apóstoles. No se les conoce mucho por sus normas, procedimientos, teorías o excusas. Por el contrario, se les conoce por sus hechos. Muchos individuos dicen que esperan a Dios; pero en la mayoría de los casos es Dios quien los espera a ellos. Debemos decir con el salmista: "En tu mano están mis tiempos" (Salmos 31.15). El precio del crecimiento siempre es menor que el costo del estancamiento. Como dijo Edmund Burke: "Lo que se necesita para el triunfo del mal es que los hombres valiosos no hagan nada".
Ocasionalmente usted puede ver a alguien que no hace nada y sin embargo parece tener éxito en la vida. No se engañe. El viejo dicho es cierto: "Un reloj descompuesto da la hora correcta sólo dos veces por día". Como cristianos se nos llama a progresar, no a excusarnos.
El hábito de aplazar es una herramienta del diablo para retenernos y para hacernos desperdiciar el tiempo de Dios en nuestras vidas. "El deseo del perezoso le mata, porque sus manos no quieren trabajar" (Proverbios 21.25). La verdad es que mientras más nos demoremos en actuar en la dirección de Dios, más incierta llegará a ser esta dirección.

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