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Anatoli Dneprov - Entrevista con un policia de tráfico



—Espere un momento.
—Sí, agente.
—Se pasó una luz roja.
—Lo siento, soy ciego para los colores: para mí es igual un color que otro.
—¿Pero, usted ve la luz en general?
—Naturalmente, agente.
—En ese caso, no pudo dejar denotar que la luz encendida era la de arriba, y eso significa la roja.
—Es lógico. Pero...
—¿Qué?
—El caso es que ¡cómo puedo explicárselo!, a menudo confundo la luz de arriba con la de abajo.
—Está tratando de complicar las cosas —el policía se preparó para ponerle una multa.
—¿Ha mirado alguna vez la lente de una cámara, agente?
El policía sonrió sin darle importancia:
—He mirado, desde luego.
—Invierte la imagen.
—Cualquier escolar lo sabe.
—El ojo humano es una lente, agente.
El policía se volvió prudente.
—Bueno, ¿y qué?
—En el ojo, la imagen también se invierte...
—Sí, pero...
—¿No es verdad que el ojo es una lente?
—Eso es verdad... —el policía jugueteaba inciertamente con su lápiz—. Pero entonces no entiendo...
—Esa es la cuestión... En la mayoría de la gente, es decir, en casi todo el mundo, la imagen que se invierte en el ojo vuelve a invertirse en el cerebro.
—¡Resulta sorprendente! Pero la verdad es que la imagen debiera ser invertida...
—Eso es justamente lo que me pasa.
El policía permaneció boquiabierto.
—Eso significa que usted lo ve todo invertido...
—Sí. Sea un buen chico, no me dé patadas en la cara con sus botas.
El policía dio un paso hacia un lado.
—Quiere decir que me ve como... ¿Patas arriba?
—Sí, como si caminara sobre su cabeza.
—¡Santo Dios, qué calamidad!
—Nada de eso. Ya me he acostumbrado.
El policía empezó a pensar, después sonrió maliciosamente.
—¡Usted se inventó todo eso, amigo, para no tener que pagar la multa!
—Pero ya sabe... ¡El ojo es una lente!
—Le diré lo que vamos a hacer. ¡Venga conmigo, vamos a informar a la Jefatura!
Salieron. El policía se paró de repente.
—¿No le resulta difícil caminar con esa clase de visión?
—Bueno, me harto de todos esos pies apuntándome. Y la calle al revés. El cuello me duele después.
El sargento escuchó el informe del agente, que le fue murmurando al oído.
—¡Absurdo! No puede ser. Dígame, ¿dónde está mi cabeza?
—Ahí, debajo de todo.
—Nada de eso: ¡su dedo está señalando hacia arriba!
—Para usted es arriba, pero para mí es abajo.
—Hum. ¿Entonces le parece que camino con la cabeza hacia abajo?
—No, agente. A usted le parece que camina con la cabeza hacia arriba. A mí no me pasa nada anormal, justo como explican los libros de física.
—¡Oiga! Si vamos a creerle, entonces usted es una excepción a la regla.
—Nada de eso. Son ustedes la excepción a la regla. ¡Santo Dios! Sus botas están cerca de mi cara otra vez. Por favor...
—De acuerdo, me retiraré un poco... Aunque limpio mis botas todos los días. Otra cuestión: ¿Cómo se las arregla para comer y beber?
—¿Cómo? Del modo corriente, como los demás. Con vaso, y una cuchara.
El sargento hizo un gesto de triunfo.
—¡En ese caso, cualquier líquido se le derramaría!
—¡No me diga! Entonces, perdóneme, pero usted no está familiarizado con la ley de la gravedad.
—¿Qué quiere decir con eso?
—Un líquido nunca se vierte hacia abajo a causa de su peso.
—¿En qué dirección, pues, cree usted que tiende a ir?
—En esta dirección, hacia arriba.
—¡Está señalando otra vez abajo!
—Ya le expliqué...
—¡Oh, está bien!
El sargento era un hombre con imaginación, instruido. Sacó un periódico de su bolsillo.
—Bien, veamos, lea lo que pone aquí.
—Lasnopserroc otrseun a somatnugerp...
—Está leyendo de derecha a izquierda… a partir; de la esquina derecha del fondo.
—¿Cómo si no?
—¿Y lo entiende todo?
—Naturalmente. Mi cerebro inmediatamente lo pone en el orden correcto.
—¿No ordena su visión, pero sí lo que lee? Es muy extraño,
—No hay nada extraño. Quizás es una especie de compensación por mi normalidad física.
—¿Usted cree que es normal ver a todo el mundo al revés?
—Le repito que eso es lo normal. En cambio, lo que ven los demás...
—Eso significa que cree que somos anormales. ¡Pero somos la mayoría!
—Bueno, eso no es ninguna razón...
El policía hizo una pregunta que le había estado rondando por la cabeza.
—Díganos, ¿no ha tratado usted de corregirse para ser como los demás?
—¿Qué quiere decir?
—Pues, de forma que abajo fuese arriba, y todo lo demás.
—¡Oh, claro! ¡Claro! Cuando era joven...
—¿Qué es lo que hizo?
—Acrobacia. Traté de caminar sobre las manos. Me acostumbré a permanecer durante horas sobre mi cabeza, como un yogui.
—Bueno, ¿y qué pasó?
—La gente me pisó las manos algunas veces. Por favor, sus botas otra vez...
El agente y el sargento se quedaron callados. Después el agente dijo:
—Le acompañaré a pasear un poco. Tenga cuidado, hay una araña colgando arriba... o sea, debajo de usted. Cuelga demasiado baja. No la golpee con sus pies. Ciertamente es un incidente muy extraño. Hum. ¿Qué ve ahora caminando a mi lado? ¡Ah, ya lo dijo antes! Botas. ¿Sabe? Estoy escribiendo una tesis y creo que usted podría ayudarme. Éste es un suceso poco corriente en la práctica legal. ¿Me permitiría que me acercara á verle alguna vez? Sólo para obtener algunas explicaciones más detalladas...
—Con gusto, cómo no. Escriba mi dirección.
—¿Cuál es la mejor forma para llegar a su casa?
—Vivo en un edificio de siete pisos, en el último. Lo mejor es que venga por el tejado, a través de la segunda ventana desde la esquina de la derecha...
El policía desapareció en la oscuridad...


FIN


Publicado en: Otros mundos, otros mares - Editorial A.T.E.


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