—Espere un
momento.
—Sí,
agente.
—Se pasó
una luz roja.
—Lo siento,
soy ciego para los colores: para mí es igual un color que otro.
—¿Pero,
usted ve la luz en general?
—Naturalmente,
agente.
—En ese
caso, no pudo dejar denotar que la luz encendida era la de arriba, y eso
significa la roja.
—Es lógico.
Pero...
—¿Qué?
—El caso es
que ¡cómo puedo explicárselo!, a menudo confundo la luz de arriba con la de
abajo.
—Está
tratando de complicar las cosas —el policía se preparó para ponerle una multa.
—¿Ha mirado
alguna vez la lente de una cámara, agente?
El policía
sonrió sin darle importancia:
—He mirado,
desde luego.
—Invierte
la imagen.
—Cualquier
escolar lo sabe.
—El ojo
humano es una lente, agente.
El policía
se volvió prudente.
—Bueno, ¿y
qué?
—En el ojo,
la imagen también se invierte...
—Sí,
pero...
—¿No es
verdad que el ojo es una lente?
—Eso es
verdad... —el policía jugueteaba inciertamente con su lápiz—. Pero entonces no
entiendo...
—Esa es la
cuestión... En la mayoría de la gente, es decir, en casi todo el mundo, la
imagen que se invierte en el ojo vuelve a invertirse en el cerebro.
—¡Resulta
sorprendente! Pero la verdad es que la imagen debiera ser invertida...
—Eso es
justamente lo que me pasa.
El policía
permaneció boquiabierto.
—Eso
significa que usted lo ve todo invertido...
—Sí. Sea un
buen chico, no me dé patadas en la cara con sus botas.
El policía
dio un paso hacia un lado.
—Quiere
decir que me ve como... ¿Patas arriba?
—Sí, como
si caminara sobre su cabeza.
—¡Santo
Dios, qué calamidad!
—Nada de
eso. Ya me he acostumbrado.
El policía
empezó a pensar, después sonrió maliciosamente.
—¡Usted se
inventó todo eso, amigo, para no tener que pagar la multa!
—Pero ya
sabe... ¡El ojo es una lente!
—Le diré lo
que vamos a hacer. ¡Venga conmigo, vamos a informar a la Jefatura!
Salieron.
El policía se paró de repente.
—¿No le
resulta difícil caminar con esa clase de visión?
—Bueno, me
harto de todos esos pies apuntándome. Y la calle al revés. El cuello me duele
después.
El sargento
escuchó el informe del agente, que le fue murmurando al oído.
—¡Absurdo!
No puede ser. Dígame, ¿dónde está mi cabeza?
—Ahí,
debajo de todo.
—Nada de
eso: ¡su dedo está señalando hacia arriba!
—Para usted
es arriba, pero para mí es abajo.
—Hum.
¿Entonces le parece que camino con la cabeza hacia abajo?
—No,
agente. A usted le parece que camina con la cabeza hacia arriba. A mí no me
pasa nada anormal, justo como explican los libros de física.
—¡Oiga! Si
vamos a creerle, entonces usted es una excepción a la regla.
—Nada de
eso. Son ustedes la excepción a la regla. ¡Santo Dios! Sus botas están cerca de
mi cara otra vez. Por favor...
—De
acuerdo, me retiraré un poco... Aunque limpio mis botas todos los días. Otra
cuestión: ¿Cómo se las arregla para comer y beber?
—¿Cómo? Del
modo corriente, como los demás. Con vaso, y una cuchara.
El sargento
hizo un gesto de triunfo.
—¡En ese
caso, cualquier líquido se le derramaría!
—¡No me
diga! Entonces, perdóneme, pero usted no está familiarizado con la ley de la
gravedad.
—¿Qué
quiere decir con eso?
—Un líquido
nunca se vierte hacia abajo a causa de su peso.
—¿En qué
dirección, pues, cree usted que tiende a ir?
—En esta
dirección, hacia arriba.
—¡Está
señalando otra vez abajo!
—Ya le
expliqué...
—¡Oh, está
bien!
El sargento
era un hombre con imaginación, instruido. Sacó un periódico de su bolsillo.
—Bien,
veamos, lea lo que pone aquí.
—Lasnopserroc
otrseun a somatnugerp...
—Está
leyendo de derecha a izquierda… a partir; de la esquina derecha del fondo.
—¿Cómo si
no?
—¿Y lo
entiende todo?
—Naturalmente.
Mi cerebro inmediatamente lo pone en el orden correcto.
—¿No ordena
su visión, pero sí lo que lee? Es muy extraño,
—No hay
nada extraño. Quizás es una especie de compensación por mi normalidad física.
—¿Usted
cree que es normal ver a todo el mundo al revés?
—Le repito
que eso es lo normal. En cambio, lo que ven los demás...
—Eso
significa que cree que somos anormales. ¡Pero somos la mayoría!
—Bueno, eso
no es ninguna razón...
El policía
hizo una pregunta que le había estado rondando por la cabeza.
—Díganos,
¿no ha tratado usted de corregirse para ser como los demás?
—¿Qué
quiere decir?
—Pues, de
forma que abajo fuese arriba, y todo lo demás.
—¡Oh,
claro! ¡Claro! Cuando era joven...
—¿Qué es lo
que hizo?
—Acrobacia.
Traté de caminar sobre las manos. Me acostumbré a permanecer durante horas
sobre mi cabeza, como un yogui.
—Bueno, ¿y
qué pasó?
—La gente
me pisó las manos algunas veces. Por favor, sus botas otra vez...
El agente y
el sargento se quedaron callados. Después el agente dijo:
—Le
acompañaré a pasear un poco. Tenga cuidado, hay una araña colgando arriba... o
sea, debajo de usted. Cuelga demasiado baja. No la golpee con sus pies.
Ciertamente es un incidente muy extraño. Hum. ¿Qué ve ahora caminando a mi
lado? ¡Ah, ya lo dijo antes! Botas. ¿Sabe? Estoy escribiendo una tesis y creo
que usted podría ayudarme. Éste es un suceso poco corriente en la práctica
legal. ¿Me permitiría que me acercara á verle alguna vez? Sólo para obtener
algunas explicaciones más detalladas...
—Con gusto,
cómo no. Escriba mi dirección.
—¿Cuál es
la mejor forma para llegar a su casa?
—Vivo en un
edificio de siete pisos, en el último. Lo mejor es que venga por el tejado, a
través de la segunda ventana desde la esquina de la derecha...
El policía
desapareció en la oscuridad...
FIN
Publicado
en: Otros mundos, otros mares - Editorial A.T.E.
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