-¿Doña Concepción Castro?
-Yo soy qué se le ofresía?
-Le traigo esta sitasión del juzgao pa que comparesca
mañana a la noche a contestar la demanda que le ha instaurao la patrona é la
casa por desalojo.
-¡Ya me lo imaginaba! ¿y por qué me sita el juez de
noche?
-Porque el juez recibe las audensias de noche.
-Ah! recibe de noche como las ricas. Ta güeno, iré.
Eisa sitasión, señor, que me hace la encargada es porque le saqué los cueritos
al sol el otro día delante é los vecinos. Como yo soy una mujer sola que me
gano la vida con el sudor de mi frente, no como ella, que cambea a cada rato de
vestido y no se sabe de ande salen, porque su ocupación puramente es refunfuñar
a los vecinos, se ha vengao hasiéndome sitar. No me importa porque yo también
tengo mis amistades que las haré valer. No se craiga que la va á correr sin
susto ni va á afaitarme sin jabón por más que ella dice que el juez le prové de
conformidad cuando le pide algo y el secretario le levanta cuentas o no sé
qué, puede ser que las flores se le güelvan cardos y creyendo oler un rasimo é
nardos se pinche las narises con ortigas.
-Güeno, hay[1] le dejo eso.
-Y diga, señor alcaide[2]...
-Yo no soy alcaide. Soy el ordenansa del juzgao que
represento al juez en estas deligencias judiciales.
-Mucho gusto, y diga: ¿tengo que dir'á la jüerza?
-Si no va, de acuerdo con la ley número 2860, se le
levanta el auto en rebeldía; le dan dos o tres días pa el desalojo y viene el
oficial de justicia y la fleta pa la calle como por un canuto[3].
-Pa su mais se van las vacas; que había sido juerte la
ley esa. Güeno, eso será pa los pobres, porque pa los ricos la ley tendrá otro
número más bajo...
-No sé, señora.
Hay le dejo eso y adiós.
-Adiós! Este á é ser el corchete[4] del juzgao, el que
limpia los borrones que echan los superiores. Ya le han de haber untao con algo
pa que me venga á largar esta demanda. Iré al juzgao no más.. .
-¿Usted es Concepción Castro?
-Sí señor, pa servirlo.
-Aquí la demanda la señora por desalojo de la pieza
que ocupa en su casa y dice que usted le debe tres meses de alquiler. ¿Es
cierto esto? ¿Tiene usted el último recibo?
-Vea señor juez, a mi gracias a Dios nunca en mi vida
me han demandao por nada ante ninguna autoridá, porque sin ofender á naides, he
sido muy honrada y no como esas que aparecen muy dinas por encima como frente
de casa recién pintáo y los cuartos de adentro llenos de goteras,
perdonándoseme el mal modo de hablar y ya que he dao este mal paso como me
decía mi finao ánima bendita, al presentarme al Juzgao quiero decirle á. esta
señora cuántas son cinco á ver si se le pone algo colorao aunque no sea más que
las orejas.
-Le advierto á Ud. que está ante el juez contestando
una demanda por desalojo y que debe abstenerse de proferir palabras ofensivas á
la moral del recinto y de las partes.
-Pucha! que habían sido delicadas las partes en el
juzgao. Yo tengo, señor juez, cartas de recomendación del dotor Jimenes, que ha
sido como hermano é leche mío cuando éramos chicos, porque él iba siempre á
tomar leche al tambo é mi tío y puedo traerselás pá que vea quien soy yo.
-Aquí no se admiten recomendaciones de nadie. Yo
cumplo con la ley y nada más. Si usted debe tres meses y no justifica lo
contrario presentando el recibo de alquiler, tiene cinco días para mudarse. Levántele
el acta señor Secretario.
-Sí ¿eh? parese que se va á cair! A mí no, señor Juez,
que le levante á ella que está acostumbrada ya á que le levante, á mí no me han
de levantar nada, porque gracias á Dios soy pobre pero muy honrada. Ya sabía yo
que á mí me iban á aplicar otra ley.
-No, señora, la única que hay, la ley N° 2860.
-Eso pá mí, á, ella pueda ser que le hagan una
rebajita.
Adiós y me voy á verlo al dotor Jimenes.. .
-Señora, cumplo con la ley, me mandan que la lance y
la lanzo.
-Saquen no más, ladrones, y tiren mis cachivaches[5] al patio; que eso
lo hasen con una pobre mujer sola y honrada. Si juera de esas que se dejan levantar
atas, no le harían nada; pero las pobres somos las achuras[6] de las reses. Juna
gran siete![7] yo tuve una patrona
que debía un año de alquiler y pa desalojarla le trajieron carros pá los
muebles y coche pá ella y tuavía le dieron plata pá que pagase en otro lao.
¡Así son las leyes de mi patria: pá los pobres la ley número 2860, pá los
sinvergüenzas la ley del embudo! Tirá no más!
17-10-1903
LECCION DE DERECHO
-Güenas tardes, señor.
-Muy buenas, ¿qué se les ofrecía?
-¿Es aquí el escritorio del doctor Pansa de agua?
-Pasalagua, será.
-Es lo mesmo, señor.
-Yo soy, ¿qué deseaban ustedes?
-Dispense, dotor, si le he faltao de entrada.
-Está dispensado.
-Venía, señor, con esta recomendación de don Pedro pa
usté, porque después de cuatro años que la he corrido en yunta[8] con ésta que es mi
mujer, me ha empezado á aflojar como caballo manco é la cuerda[9] y no quiere tirar
parejo conmigo, empacándoseme á cada rato, sin querer agarrar freno. Yo he
visto en un libro que me ha prestao un vecino procurador, -diciéndome que era
la lay,- que cuando el marido y la mujer no se avenían en sus pareseres, podían
separarse, enderesando cada cual pande mejor le conviniese, repartiéndose los
bienes la mitá pa cada uno. Por eso vengo resinao como novillo é matadero á que
usté que sabe más que nosotros, porque es dotor, nos arregle esto que se nos ha
desarreglao.
-¿Qué cosa?
-La tranquilidá.
-¿Y usted puede concretar los hechos en que va á fundar
su titis[10] para encarar la
cuestión dentro de las exigencias de la ley?
-Eso no sé, dotor, si podré; pero haré lo posible.
-No me ha entendido usted. Quiero decirle que la
disolución del vínculo matrimonial exige una serie de formalidades...
-Vea, dotor, en cuanto a formal soy más que ella y sinó
que lo digan todos los vecinos del patio[11]. Lúnico que tengo
yo es que soy un poco peresoso y me levanto tarde, porque tampoco mis
ocupaciones me exigen hora fija.
-¿Y en qué se ocupa usted?
-En acompañarla á ésta cuando sale.
-¿Y la señora en qué trabaja?
-En lo que encuentra, dotor. ¡Es muy busca vida eso
sí! Yo no tengo queja de que haiga dejao un día de trair pal mórfil, pero hase
tiempo que caí al cotorro[12] desabrida y con
mañas nuevas, levantándome la vos algunas veces con aire de autoridá y yo creo
que no porque me mantenga -que después de todo no hese más que su deber,- no
tiene derecho a mortificar mi tranquilidá.
-¿Y usté qué dice á todo esto?
-Dejeló nomás, dotor, que se desaugue y cuando haiga
largao todo el vapor, voy a dentrar yo á quejarme, que también me duele.
-Yo ya he acabao.
-Hable usted, señora, entonces.
-Mi vida, señor dotor dende que entré á entenderme
con éste 6 nos casamos como vulgarmente se dice, ha sido más aporriada que
pelota inglesa.
Tan pronto me subía á los aires ensalsando mis afanes,
como me arrastraba por el suelo criticando mis asiones. Yo no he tenido más
defeto, señor, que tener un corasón blando y abierto, y como los hombres, en
cuanto ven blandura y puerta abierta se les hace el campo orégano, me he
encontrao enredada algunas veces entre los cardales del cariño, que después de
todo, ¿pa qué ha nasido uno, sino pa haser su gusto en vida? A éste no le
importaba que yo me enredase, siempre que al salir del enriedo me trajese el
fallo del cardo, pero á veces, señor, no se sacan más que arañasos, cuando no
se dejan las lonjas en las espinas.
-¿Ha visto dotor, todo lo que ha aprendido?
-Déjela que termine.
-Pues como le iba disiendo, he sido y soy corasón de
manteca y como en estos últimos tiempos se ha puesto todo tan mal por el cambio
de gobierno y las güelgas de todas clases que han salido ahura, mis trabajos no
han lusido lo que debían y este señor, y dispense la indirecta, forma cada
estrilo, cuando me ve llegar de vasido, más negro que el tormento é la miseria
y me empiesa á echar en cara mis travesuras pasadas y á llenarme la cabeza de
palabras que no se las repito porque le va á entrar chucho[13], dotor, y á más se
da el lujo de refilarme[14] una que otra
biaba; por lo tanto he resuelto, junto con él, separarme de su lao, aunque, lo
sienta.
-Bueno entonces, tráigame la partida de matrimonio y
vamos á iniciar el juicio.
-¿La qué dise?
-La partida de matrimonio.
-Pero dotor, avise si me ha visto cara é moso é tienda
6 me quiere tomar pa la vida social. Si yo con ésta tengo el mismo vínculo que
con usté. ¿Matrimonio? ¡pa los otarios![15] el hombre debe ser
suelto como camisión de chino, pa correrla más liviano. Si nosotros hemos
venido pa que nos diga á quien le pertenece -una vez que agarremos cada uno pa
su lao,- la cama y dos sillas que hemos comprao a pagar por semana.
-¿Y cuánto han pagado ya?
-Tuavía nada más que la primer semana.
-Entonces, le pertenecen el dueño de los muebles, porque
si no le pagan se los embargará.
-Que atrasado está usté, dotor, en pleitos. No ve que
los muebles de indispensable uso no se pueden embargar.
-¿Y dónde ha aprendido usted eso?
-Con el vesino procurador que le dije, que ha andao
mucho tiempo por el saguán del Tribunal con Martín el pescador, el gringo Juan
y el negrito Patrisio.
-Pues entonces, vayan á que él les resuelva el punto.
-Ta bién, dotor, pero pa ese viaje no necesitaba riendas
nuevas. Adiós y apunte en sus libros que los muebles de indispensable uso no se
pueden embargar. Vamos Dolores (aparte). El dotor éste sabe tanto de leyes como
yo de hacer ravioles.
7-1-1905
AFILANDO[16]
-Adiós, fea.
-Adiós, lindura.
-¿Hasta cuando me va é tener penando? ¿Usté se ha
craido que porque estoy gordo, soy empliao de gobierno? No, mi vida. Yo voy
crusando la existencia, como dise el pueta Fernandes Espiro[17], entre una nuve é
sinsabores. Pa mi la vida es lo mesmo que una chata[18] cargada é vidrios.
Cuando va por el afirmao de madera se escurre como cincha engrasada, pero en
cuanto se mete al empedrao bruto, los barquinasos le rompen la carga. Así soy
yo. Si vos me atendés me refalo por el camino é la suerte como automóvil con
rueda é goma; si no me llevás el apunte, soy como carro é cola que á saltos y
trompesones lleva las vigas del cariño pal corralón de la desgrasia.
-Usté ha de haber estudiao con el dotor Quintana[19], ¿no es cierto?
-¿Por qué?
-Por lo hablador.
-¡No le digo! Si ustedes son como la pana, en cuanto
las sepillan pal lao contrario paran el pelo. El amor m'ijita es como el truco.
Cuando se dan las cartas que es al empesar el juego, no se hase más que orejiar[20] pa ver si liga[21]. Si pinta el palo,
-que quiere desir: que se han entendido,- el hombre envida[22] y, si le gusta á
la mujer, le quiere y á veses ella le revida, que es como diciéndole -también
te quiero, mi alma-. Se canta el punto[23], que es lo mismo
que si se dijieran la verdá. El hombre truca' pa seguir la jugada y si la mujer
tiene un juego bravo, un falso y le revienta un caballo en el lomo como se
dice; está agarrando los dos tantos y retrucando[24] pa ver si es mentira.
No cuento las flores, porque á veses se güelven espinas con un resto, que es
como si dijiéramos; no se pase que va á cortar el alambrao. ¿Qué le parece?
-Que pinta muy bien el amor usté a su modo, y yo creo
que no es eso, sino que el amor es como el croché '. Se empiesa por un hilo y
concluye en una colcha. Los primeros eslabones, son los coloquios en las
esquinas ó debajo de un farol. Cuando entra la cadeneta[25], es que ya se han
entendido y se van agarrando como bichos é cesto y cuando se ha formao el
cuadro es por que se han prendido en unión franca y sinsera y viven estrechos
como corredor de barco.
-No lo ha pintao mal tampoco al amor y si yo he
estudiao con Quintana, usté por lo menos ha laido algún libro del dotor
Gonsales[26].
-Nada de eso. Pa sentir y querer, no hasen falta
libros. Yo donde chiquita he sido como la abeja - he dao siempre miel y cuando
me la han querido robar. le he metido la lanseta[27] al ladrón. Han
dentrao los que yo he querido a la colmena. Unos se llevaban el dulse y otros
la cera, porque para eso la tenía y el cariño es como el trigo, se planta en
tierra bien carpida pa que largue mejor grano.
-Es cierto, prenda. Ha filosofao mejor que el menistro
de agricultura; pero dejemos ese floreo que está bien pa Guido Espano[28] y dentremos
nosotros en materia, que pa mirar contra el sol, es presiso no ser bisco.
-Bueno, lárguese, destape el tarro y vuelque su
pasión, pa ver si asierta en la coyuntura.
-Vea, m'ija: Yo he manejao como dies años las riendas,
he crusao el mundo á veses montao en pelo y otras en ancas de algún querer; -me
he afeitao solo cuando he tenido buena navaja y he escupido por el cormillo más
de una vez; por lo tanto lo mesmo me da bajarme del tranguay cuando camina, que
tomar alquitrán pa la ronquera.
-No le entiendo.
-Es claro, porque le hablo por música. Si le dijiera
cuatro safadurías si la iba á entender; pero cuando una persona regularmente
educada, se explica en tono de solfa 6 como quien dice con gramática ustedes se
quedan como italiano en un sermón mirando pal suelo y escupiendo.
-Adiós Larreta, ¡que había sido istruido unté! ¿Avise
si es pariente é Roldán[29] que cuando habla hase
abrir la boca?
-No, m'ija, no tengo tanta labia, pero he hecho mis
primeros estudios en lo é Peuser[30] llevando libros de
sesenta kilos.
-¿Pa estudiar?
-No, pa cargar en la chata, pero el que anda entre el
dulce, como disen, algo se le pega. Si de los sesenta kilos que tenía cada
libro, me ha quedao en la mollera[31], medio kilo por lo
menos, excuso desirle los kilos de ilustresión que se me han metido.
-Es claro.
-Y reculando la conversación, le diré que el hombre y
la mujer han nasido pa quererse ó pa no quererse, pero por lo menos han nasido
pa entenderse y nosotros hase tiempo que andamos recostándonos contra el cerco,
pudiendo saltar el elambrao y se lo digo medio al revés pa que lo entienda al
derecho. Así, pues, ¿por qué no nos hemos de entender, si usté comprende mis
intensiones y yo sino le conosco el fondo, por lo menos le adivino los
tapiales?
ion tan mentirosos los hombres que á veses hasta
testando no disen la verdá; de manera que suspendamos la sesión de esta tarde
porque voy apurada al mercao á comprar carne blanda pal patrón que tiene flojas
las muelas y mañana continuaremos.
-Bueno, prenda, vaya por lo blando y no se olvide que
mañana á la misma hora, estoy aquí clavan como un poste é correo.
-Y yo vendré á echarle la contestasión al busón.
-Bueno mi alma (aparte). Ariscona pero va á cair.
25-3-1905
LA NUEVA POLITICA
-Vamos á echar un poco de humo, hermano, y á conversar
de paso sobre la nueva política, que se está poniendo más fiera que negra con
virgüela[32].
-La verdá es que se están pudriendo las opiniones de
los hombres grandes y después hablan de nosotros
los chicos cuando damos un reculié[33] ó un cambio de
frente.
-Tenemos más dinidá que ellos.
-Y más coraje.
-Claro, porque hacemos las cosas al aire libre, sin
recovecos ni esquinasos, y en cada remolino cívico que se arma, ponemos el
cuero pa que pinchen los de seguridá y los que encienden la mecha son como el
capitán Araña: embarcan la gente y se quedan en tierra.
-Hacen como los comedidos en los incendios: alarman y
embarullan toda la ciudá pidiendo auxilio y después, cuando las papas queman,
dejan que tallen los bomberos, por miedo á quemarse el pellejo.
-Ya no hay Alenes; hermanos, los caudillos de aura son
de pico[34]
-De animémonos y vayan.
-De esos; que le tienen miedo al susto y pelean por
los diarios y en el Congreso con fuego graniao " de frases estudiadas.
-Son guapos pal frío.
-Gastadores de saliva.
-¡Qué política más sucia, hermano! aura ya no sabemos
ni lo que somos. Antes siquiera ó era uno roquista[35], mitrista[36] ó radical[37]. Se murieron los dos
grandes hombres, Mitre y Alem, y murieron sus partidos. Ha quedao Roca, que
según se han puesto las cosas no se sabe si es roquista, si es republicano
porque se le ha pegado don Emilio[38] ó si es otra cosa,
porque el sorro[39] tiene más güeltas
que adivina estranjera y así como el lampalagua[40] se trai con el
resuello á todos los animales á su lao, él juega con los políticos como el gato
con las lauchas y los hace saltar como títeres en caja é música y como de
tanto dar güelta se almarea uno, aura entre ellos mismos no saben pande
enderesar, porque no los deja quietos el mareo.
-¡Qué cosa bárbara!
-Esa es la nueva política.
-¿Pero el presidente qué es?
-Cordobés.[41]
-No hombre, no digo eso; sino a qué partido pertenece.
-El presidente, hermano, es como el arco iris, tine
varios colores políticos. El salió vice como pro ducto del roquismo en tiempos
en que una coleada[42] del sorro era un
mandao. Siguió así dragoniando de roquista hasta la revolución que le hisieron
al pobre don Manuel,[43] donde parece que
tiraba a radical, cuando el jabón grande aquel que ustedes recordarán; después
el hombre se sentó en la poltrona presidencial y cambió de color recostándose
a todos los partidos porque le pareció que la silla no tenía las cuatro patas
muy seguras. Del racimo de uvas de gobierno les hiso chupar a los roquistas, á
los republicanos y á los radicales, y sin partido ni color político claro ó
definido como dicen los diarios; ha seguido gobernando un año y medio,
refregándose en todos, pero sin prenderse con ninguno.
-Y aura después de la salida de los tres menistras y
la dentrada de los nuevos sin cabrestiarlos[44] la opinión, ¿cómo
queda la política, el presidente, los partidos, el Congreso y el sorro?
-De salú bien, aura que como todas las jugadas tienen
su vuelco y las tallas no siempre han de acertar, resulta que don Pepe[45] tiene que embarcarse
ó con unos ó con otros. El jefe del Estao debe gobernar con un partido y no con
muchos, porque metiendo á varios políticos de colores distintos á gobernar el
barco, hay peligro de irse al bombo ó se güelve el gabinete tienda é turco,
fonda é vascos ó canbombe é negros.
-¿Entonces tendremos política nueva?
-O remendada. La cuestión es saber del pie que cojea
el primer magistrado. ¡O es moro ó es cristiano! No hay que andar jugando con
dos barajas á un tiempo, porque el juego es sucio y peligroso.
-¿Y eso que se llamaba colisión?[46]
-Eso fué un cuento pa sacar tajada, fué vivesa de unas
cuantos, pero ya se fué al bombo, fué una especie de sensitiva; en cuanto la
apretaron se marchitó.
-¿Y vos qué sós aura?
-Estoy disponible y á la espetativa, como soltera
linda. Estoy vichando el safarrancho[47]. En cuanto pase el
chubasco, me arrimo, ande más caliente.
-¿Entonces sós como Villega, del último que llega?
-Claro, sonso. Es la política nueva, ya no hay
conviciones, ni respeto, ni lealtá, hay acomodamiento, hermano, y poca
vergüenza. Si querés ser güen político y que te llamen hombre vivo, galopiá
siempre pal laó del queso, no te hagás aporriar al ñudo que si los grandes nos
dan el ejemplo, los chicos tenemos que seguir detrás de la banda.
-¿Entonces somos queseros?
-O pancistas, que es lo mermo.
-Viva la nueva política.
-Vivaaa.
-Vivan los que no tenemos vergüenza.
-Vivaaa.
17-8-1907
[2] Alcaide: guardián de presos en las cárceles.
[3] Canuto: cañón hueco que sirve para diferentes usos.
[4] Corchete: figuradamente, ministro interior de
justicia.
[5] Cachivache: utensilio, considerado despectivamente.
[6] Achuras: intestinos de rés.
[8] Yunta: par de animales, pareja.
[9] Cuerda: tendón.
[10] Titeo: broma, burla.
[11] La mención del patio hace comprender que viven en un conventillo, marco habitual de las acciones de los sainetes, género que cuenta al autor Nemesio Trejo entre sus
cultores.
[12] Cotorro: aposento, cuarto.
[13] Chucho: escalofrío.
[14] Refilar: dar, entregar.
[15] Otario: en lenguaje delictuoso es el cándido, el
elegido para hacerlo víctima de una estafa. Por extensión, tonto.
[16] Afilar: cortejar, galantear,; mantener diálogo amoroso
( lunfardo).
[17] Diego Fernández Espiro (1862.1912). Poeta y periodista entrerriano que actuó en Santa Fe y en
la Capital Federal como periodista
de partido y de combate. Como poeta,
sus temas predilectos fueron la mujer y la patria. En 1891 Mariano de
Vedia había recogido algunos de sus poemas
en Espejismos. En 1901 Fernández Espiro fundó en Buenos Aires la
revista Juvenilia.
[18] Chata: carro o vagón.
[20] Orejear: descubrir poco a poco las “pintas” ( señales
que indican el palo de los naipes) de la baraja ni bien se acaba de servir,
haciendo resbalar los naipes suavemente, uno tras otro, moviéndolos por la
punta (argentinismo).
[21] Liga: sustantivo derivado del popular “ligar”, en el
sentido de zurrar, castigar. Castigo.
[22] Envidar: hacer envite en el juego.
[23] Punto: en algunos juegos el as de cada palo.
[24] Retrucar: en el truco, envidar contra sobre el primer
envite.
[25] Cadeneta: labor en figura de cadenilla.
[26] Joaquín V.
González (1863-1923). Ensayista,
narrador, político de extracción
roquista, educador y jurista. En 1905, año de la publicación de esta página, era
Ministro del Interior de la presidencia del
doctor Quintana y, como tal, elaboró la Ley de Residencia. Para entonces ya había publicado
poemas en su juventud y La tradición
nacional (1888), Mis montañas (1893), Cuentos (1894), Patria (1900), Historias (1900) y Problemas escolares (1900) y Educación y gobierno (1905).
[28] Carlos y Guido
Spano (1827-1918). Autor argentino cuya actividad poética,
cultivada habitualmente en un tono menor y con lenguaje mesurado pero pleno de
resonancias librescas, le dio en su vejez una celebridad casi mítica entre sus contemporáneos. Obras poéticas: Hojas al viento (1871) y Ecos lejanos
(1895).
[29] Belisario
Roldán (1873-1922). Poeta, autor teatral (El rosal de las
ruinas, El puñal de los troveros), orador -muchas veces
improvisador- de gran repercusión popular, especialmente
por sus discursos patrióticos.
[30] Se refiere a la
librería y empresa editora de sólido prestigio que organizara Jacobo Peuser a partir de 1891 en un local de la calle Cangallo esquina San Martín. El editor había
comenzado su actividad en la Librería Nueva, pequeño local en Cangallo 89, en 1867.
[31] Mollera: parte superior de la cabeza.
[32] Viruela.
[33] Recular:echarse atrás, retroceder.
[35] Partidarios de
Roca, considerado por los historiadores el conductor de la corriente más nacional y progresiva que el tiempo permitía.
[36] Partidario de Mitre que, como
perteneciente al viejo Partido Liberal, siempre representó
fundamentalmente los intereses
porteños.
[38] Emilio Mitre (1853-1909). Hijo
del general Bartolomé Mitre, a quien sucedió en la
dirección de La Nación. Jurista
a quien se debe la Ley de Ferrocarriles.
[40] Lampalagua: boa acuática americana que suele medir
hasta 8 metros de largo.
[41] José Figueroa Alcorta (1860-1931). En el momento en que se escribe este
cuento, es el presidente de la República y lo será hasta 1910, a causa dé la muerte del presidente Quintana (1906).
[42] Coleada: sacudida que un animal da con la cola.
[43] Alusión a la
revolución militar y civil del 4 de febrero de 1905, y al entonces presidente, Manuel Quintana.
[44] Cbrestiar: cabestrear.
[45] Forma familiar de referirse al presidente de ese momento, José Figueroa Alcorta, mediante el apodo
correspondiente a su nombre de pila.
[46] Se refiere a la
Coalición Popular (mitristas y pellegrinistas) que surge en esa época de conspiración radical e intriga conservadora, y que en 1906 derrotará a la
Unión Electoral de Marcelino Ugarte, en
elecciones para diputados
nacionales.

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