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Jorge Rubiani - Causas que otorgó el Paraguay para el inicio de la Guerra. - P3: La falta de estructura de Estado

Mariscal Francisco Solano López



Este texto corresponde a las páginas 92-94 del libro “Verdades y mentiras sobre la Guerra de la Triple Alianza”, escrito por Jorge Rubiani. Se puede encontrar sus ejemplares en todas las librerías del país.

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...Esta defección (la falta de estructura del Estado) no era un problema del Mariscal. Lo fue del Paraguay entero. Comenzó con la colonia y continuó después de la Independencia. Conquistada ésta, en vez de combatirse la carestía intelectual se formalizó la ignorancia. La mediterraneidad y los largos años de bloqueo, de limitaciones operativas e institucionales, la falta de centros de formación, la total carencia de recursos, determinaron la ausencia de personas intelectivamente solventes. Que ayudaran a enfrentar – y resolver – problemas tan impredecibles como los que tuvo López con sus aliados-adversarios. Que dirimieran o aconsejaran sobre la complicada y acelerada trama de acontecimientos que se producían en el Plata.
Las pretensiones de que sólo los dueños del poder pudieran contener los beneficios del conocimiento y el monopolio de la sabiduría, se agudizaron con el Dictador Francia. Fue una de las razones por la que a su muerte, se sucedieron  nada menos que cuatro gobiernos ¡en seis meses! Prueba irrefutable de que ni uno sólo de sus contemporáneos tenía idea alguna de las cuestiones del Estado.
Recién Carlos Antonio López pudo aplicarse a revertir aquella situación. Pero si fortaleció la educación e incluso envió estudiantes a Europa, se mantuvo en el error del ejercicio del poder único, omnipresente, aunque más atenuado que su predecesor. Junto a hábitos personalistas que sólo postergaron la institucionalización del país.
Era inevitable entonces que a su muerte en 1862, se volviese a reiterar el mismo estado de tensión que siguiera a la muerte del dictador Francia, en otro Septiembre… 22 años atrás.
Afectado por la escasez de colaboradores capaces; y apegado al modelo autoritario, el Mariscal manifestó desde el principio la misma propensión de no tolerar otros pareceres. Aunque por las deficiencias estructurales apuntadas, el mandatario tampoco tuvo “…en su derredor más que simples cornetas de órdenes, así en lo político como en lo militar” – Según escribe Bray. “De esa ausencia de colaboración constructiva e ilustrada había de quejarse en más de una vez” (Fuente: A. Bray, “Solano López, soldado de la gloria y del infortunio”).
En una carta fechada el 19 de Septiembre de 1863, el Mariscal refiere a Mitre la imposibilidad de que sus plenipotenciarios viajen a Buenos Aires: “…Debo manifestar a V.E. francamente, que pocas son las personas que reúnen los conocimientos necesarios para una misión de esa importancia, y que no pueden ellas salir del país porque sus servicios son reclamados en la Administración, en que ocupan destinos que hacen indispensable su presencia”.  (Fuente: Archivo Gral. Mitre “Guerra del Paraguay”).
A partir de 1863 y sobrevenidos los conflictos internacionales con su secuela de tensiones y demanda de nutrida correspondencia, Solano López no podía con distintos frentes de la disputa diplomática. Y ya instalada la guerra se volvió imprescindible para todos los mecanismos de gobierno. Desde dictar cartas hasta la planificación de las acciones militares, junto al entrenamiento de la tropa y la redacción del pliego de instrucciones correspondiente. Y cuando aquella agitada sucesión de hechos desembocó en la crisis oriental, se le hizo imposible encararlas sin incurrir en fallas u omisiones.
Muchas de las dificultades se produjeron también por la ausencia de un servicio de inteligencia. Dadas las persistentes complicaciones en la regón, éste se hacía necesario. Algún estamento que “soplara’ al también inexistente Estado Mayor paraguayo, datos o reportes sobre el potencial de eventuales enemigos o de interlocutores posibles. Pero los agentes paraguayos en el extranjero, a tono de panorama local, se limitaron a la simple misión de informar de lo que se indagaba desde Asunción, antes que realizar una tarea de recopilación informativa estratégica con las que fundamentar las decisiones de estado.
Pero aun comparado a los mandatarios que  conformaron la Alianza, López – si con graves defectos – no padeció de ninguno que no tuvieran sus adversarios. Al mandatario paraguayo no le bastarían ni su sentido del honor, ni su vocación de mando y liderazgo para enfrentar indudables virtudes que aquellos poseían. Argentina y Brasil especialmente, que contaban con una dotación de especialistas en el arte de la discusión, de la diplomacia o de la guerra, intensamente ejercitados mientras el Paraguay dormía a la plácida sombra de sus paternales figuras del pasado.
A pesar de un José Berges, Gregorio Benítez, Juan Crisóstomo Centurión, José Rufo Caminos y algún otro de su entorno… el Mariscal estaba sólo.

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