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Yrendagué y el calvario de los derrotados - Cnel. Luís Vittone

(La Guerra del Chaco, Cnel. Luís Vittone, Tomo III, pag. 353 y siguientes.)

Con la derrota boliviana de El Carmen, la posición del Cuerpo de Caballería en Picuiba (Nueva Asunción), comandado por el coronel David Toro, quedó bastante comprometida. Con las constantes retiradas del II cuerpo de Ejército del coronel Rafael Franco, dicho Cuerpo quedó internado profundamente hacia ese sector; esto había sido hecho con el propósito de, llegado  el momento y en condiciones ventajosas, arremeter contra el enemigo, anulándolo, para luego, cambiar nuevamente de escenario hacia el Pilcomayo.

UNA AUDAZ INCIATIVA

            La extrema prudencia del general Estigarribia para llevar a cabo una arriesgada pero potencialmente exitosa operación llevó al coronel Rafael Franco, comandante del II Cuerpo de Ejército paraguayo, a tomar la iniciativa, con la aquiescencia del comandante en jefe, ordenando una maniobra con el propósito de sacarse de encima a las fuerzas del Cuerpo de Caballería boliviano.

            La situación de los bolivianos en el sector de la Caballería del coronel Toro dependía de la única fuente de agua de la zona, los pozos de Yrendagué, perforados poco antes por los paraguayos. Dice el norteamericano Zook: “Estigarribia preparó entonces un movimiento que probablemente fue la concepción más brillante de su carrera. Recordando sin duda la toma de Beersheba por los ingleses, en octubre de 1917”; se basó en la importancia de Yrendagué para la subsistencia boliviana –y la paraguaya.

            Yrendagué es un punto ubicado en la zona más desértica y arenosa del Chaco, pero que contaba con abundante provisión de agua. La privación de estos pozos significaría, para cualquiera de los dos ejércitos, el desastre total. La misión de capturar Yrendagué con una operación rápida fue encomendada a la VIII División de Infantería comandada por el coronel Eugenio A. Garay. Por otra parte, Franco ordenó a la VI División de Infantería, al mando de Paulino Antola y compuesta por los dos regimientos de infantería y uno de zapadores, teniendo al Destacamento Duarte Sosa como reserva, la misión de amarrar al Cuerpo de Caballería boliviano en sus posiciones frente a Picuiba.

            La orden que recibió la IX División paraguaya (regimientos 7 y 15, además del Valois Rivarola), consistió en realizar un envolvimiento por el ala izquierda y cortar la picada a 27 de Noviembre, al norte del El Cruce –punto también conocido como Loma Vistosa y rebautizado Senador Huey Pierce Long, en homenaje del legislador norteamericano que denunció la intromisión de la Estándar Oil en el problema del chaqueño a favor de Bolivia-. Por su parte la VIII División, al mando del veterano coronel Eugenio Alejandrino Garay, con los regimientos Batallón 49, XVI y XVIII de infantería, debía avanzar por el costado derecho del repliegue boliviano, con el propósito de salir sorpresivamente en Yrendagué, apoderándose de los pozos de agua que abastecía a todas las fuerzas bolivianas de la zona.

AVANCE HACIA LOS POZOS

            El 5 de diciembre de 1934 se inició la operación de captura de los mencionados pozos, correspondiendo al regimiento Batallón 40 encabezar la marcha de aproximación hacia el objetivo, mientras las divisiones VI y IX debían actuar en el frente de La Faye, en una misión de amarre, mientras la división de Garay se abría paso a machetazos a través de la selva para caer por sorpresa sobre Yrendagué, apoderándose de la base misma del Cuerpo de Caballería boliviano. El regimiento XIV Cerro Corá, por su parte, debía actuar desde Ingavi sobre el fortín 27 de noviembre, para interceptar el único camino que los bolivianos podían utilizar en su retirada hacia el Parapití.

            “La decisión de la batalla la llevaba la VIII División –escribió el coronel Franco-. De su marcha, sin más agua que la estrictamente necesaria para dos jornadas, bajo el abrasador de diciembre, dependía el éxito. Era una misión difícil como no recuerdo otra; pero iba a asestar al enemigo un golpe mortal por el lado que se consideraba (por los bolí) más seguro. La heroica columna tenía que vencer o morir; llegar con las últimas gotas de agua para capturar Yrendagué o perecer de sed, sin auxilio posible”.

            Al mediodía siguiente de la dificultosa marcha, el inclemente clima chaqueño obligó a la columna paraguaya a hacer una pausa de varias horas, para luego reanudar la marcha, cosa que el coronel Garay anunció radiográficamente al comandante del cuerpo, mencionando la dificultad de avanzar por problemas de abastecimiento de agua. Pero Franco le ordenó que siguiera inmediatamente en busca de su objetivo hasta donde llegarán y “si Dios quiere, Ud. y sus tropas beberán suficientemente”.

            “Peína ko añamemby oñoentendéma ñandejárandive… Jaha katu aiporó… Ikatu niko cierto la he’iiva…”,  espetó el viejo soldado y ordenó el avance de la columna.

            Esta pausa en la marcha fue la salvación de la agotada, sedienta y exhausta expedición, pues, de seguir avanzando, se habrían encontrado de frente con una gruesa columna de VII División boliviana, que estaba operando desde Yrendagué, lo que hubiera significado el aniquilamiento de las tropas paraguayas, en inferioridad de de condiciones y de tropas. La “vacilación de un hombre que no vacilaba nunca y que trastornaba todas las previsiones” habría de permitir el rotundo triunfo paraguayo.

            El Destacamento Duarte Sosa amenazaba el ala izquierda del enemigo en una maniobra complementaria, mientras el RI 14 avanzaba desde Ingavi,  la I División de Infantería paraguaya se movía hacia Villazón.

FATAL OPTIMISMO BOLIVIANO

            El coronel Toro, desde su remoto PC, ubicado a centenar y medio de kilómetros de donde transcurrían las operaciones, mantenía su acostumbrado optimismo. Ante los informes de los movimientos paraguayos en el sector Yrendagué, el comandante boliviano ordenó el apronte de tres divisiones bajo su mando: “El Cuerpo de Caballería (I y II Divisiones), reforzado por dos regimientos de la VII División… adoptará un dispositivo de apronte tal que, aparte de permitirle la continuación de la maniobra en cualquier momento, lo habilite, en lo posible, para la ejecución de una eficaz defensa móvil contra las fuerzas enemigas que intenten cortarle desde el Sur”. Estas instrucciones determinaron la ubicación de los 9.000 hombres que integraban las tres divisiones, de manera que formasen un arco abierto, con su eje en el camino Picuiba-La Faye.

            Cuando Toro dictó su orden de apronte, hacía varias horas que la división Garay estaba en marcha con destino a los pozos de Yrendagué, en la maniobra táctica más audaz de la guerra paraguayo-boliviana. Las fuerzas de la VIII División paraguaya lograron infiltrarse por un claro de unos ocho kilómetros que existía entre el regimiento Chuquisaca y la VII División boliviana que estaba aproximando a prolongar el ala derecha del primero.

            Al amanecer del 7 de diciembre, las otras divisiones paraguayas comenzaron su presión contra la I y II divisiones del dispositivo de defensa boliviano. A la vista de los primeros partes llegados hasta su PC, Toro consideró que las escaramuzas se debían a un mero “reconocimiento de fuerzas” por parte de los paraguayos. Ordenó que un regimiento acantonado en Carandayty se trasladara a Picuiba y que las demás estuvieran prestas para operar “en todas las direcciones en cualquier momento”. Los partes que iban llegando a su PC cada vez eran más alarmantes, y toro consideraba que, no obstante las últimas novedades, “la situación en conjunto…no presentaba novedad alguna”. Es más, minimizando la presencia paraguaya, consideró factible copar y capturar a dichas tropas, “sin más que cortar u ocupar fuertemente las sendas que habían utilizado para su audaz y rápido avance…” En tal sentido, impartió nuevas órdenes a las unidades del sector.

            Nuevas y alarmantes noticias que señalaban constante acciones paraguayas en la zona fueron comunicadas a Toro, quien nuevamente desestimó su validez y que se trataría de pequeños grupos de avanzada destinados a dar golpes de mano y tratar de destruir los pozos de Yrendagué. Ordenó al oficial destacado en el lugar, capitán Gualberto Villaroel, que organizaba la defensa de pozos “utilizando las magnificas posiciones que existían alrededor de Yrendagué”. Villaroel contaba con unos 130 hombres, entre “soldados de los hospitales, la subintendencia del Cuerpo y los de la fracción montada del teniente Valdivieso, pero solo 8 tenían armas”. Toro ordenó que un regimiento viniera hasta los pozos desde Picuiba, pero debido a la escasez de camiones, algunos fueron transportados en ellos y el resto marchó a pie.

            Hasta Yrendagué llegó una avanzada paraguaya de la VII División, el regimiento Batallón 40, con el propósito de atacar y capturar los pozos del lugar, de vital importancia para uno y otro contendores.

            Cuenta el mayor Julio P. Saldívar que las fuerzas del Batallón 40, en las primeras horas del 8 de diciembre, seguían avanzando “con toda la rapidez que las circunstancias permitían, pero chocando ya constantemente con débiles resistencias, hasta salir a un cañadón en cuyo fondo se encontraba el fortín. Nuestra llegada a la vista del objetivo se habrá producido a las dos o tres de la madrugada”.

            “El fortín Yrendagué -cuenta- se hallaba bien defendido por fortificaciones con cubrecabeza, y tenía como campo de tiro el cañadón del lado sur, por donde, justamente, aparecimos nosotros. Lanzamos un ataque a fondo, aprovechando la oscuridad de la madrugada, intentando con esta acción culminar nuestra denodada y sacrificada marcha en punta, capturar el fortín. Desgraciadamente, no pudimos conseguir nuestro objetivo y fuimos contenidos con algunas pérdidas…”

            “Comprendíamos que la captura del fortín era vital para toda la división, ya que el agua que conseguimos con la captura de los camiones, la noche del 7, se nos estaba agotando y se preveía una jornada de calor sofocante para ese día 8 de diciembre.”

UN GOLPE DE SUERTE

            Cuando en cierto momento los ánimos de los combatientes de la avanzada paraguaya flaqueaban, recibieron la noticia de la llegada  del coronel Eugenio A. Garay, comandante de la VII División paraguaya. “El solo hecho de saber que el anciano ‘Avión Pytâ’ -tal era su marcante- había soportado con entereza la larga marcha y las penurias del calor sofocante, levantó considerablemente la moral y el espíritu de todo el regimiento… Esa presencia, y la certeza de contar con un jefe de las agallas y el espíritu indomable del coronel Garay, infundió en nosotros la confianza y la seguridad de que terminaríamos victoriosamente la maniobra y tomaríamos el fortín Yrendagué a cualquier precio. En otras palabras, aquella presencia del coronel Garay no solo levantó la moral, sino que hizo renacer la certeza del triunfo”.

            El Batallón 40 estaba prácticamente aislado frente a las posiciones bolivianas, puesto que el avance de los otros regimientos (RI16 Mariscal López y RI18 Pitiantuta) sobre Yrendagué, fue obstaculizada por fuerzas bolivianas. Debido a la situación en que se encontraban, los atacantes estaban en una “disyuntiva de hierro”: no era posible retroceder y desandar el camino… toda retirada era imposible. Había que tomar Yrendagué al precio que fuere, o morir en el intento.

            Luego de un breve descanso, los paraguayos se reorganizaron. Cortadas las comunicaciones  telefónicas de los bolivianos, estos se encontraron totalmente aislados, lo que les llevó a desmoralizarse completamente, más todavía cuando un depósito de armas y municiones, a la retaguardia de los bolivianos, quedó destruido por una fuerte explosión.

            Poco después, los bolivianos, que creyeron se encontraban totalmente rodeados, iniciaron movimientos de repliegue, abandonando los pozos. Los paraguayos avanzaron, ocupando el centro del fortín, “poco menos que a la carrera y, tras rebasar las defensas que nos habían estado conteniendo desde temprano -cuenta Saldívar-, llegamos hasta el mismo centro del fortín, muy cerca de los pozos de agua, entre montañas de cajones de municiones, carpas llenas de víveres y enorme cantidad de pertrechos de toda clase”.

            “Un enorme tanque australiano lleno de agua, que ya se encontraba a nuestro alcance, era el objetivo más codiciado y desde luego el más indispensable para calmar el momento de la sed que reclamaban nuestras resecas gargantas”.

REACCION TARDIA E INFRUCTUOSA

            Poco después aparecieron tropas bolivianas que intentaron retomar los pozos, pero fueron rechazados por los paraguayos. Las tropas bolivianas de Picuiba se replegaron hacia “El Cruce” y de ahí a 27 de noviembre”……………..

(La Guerra del Chaco. Por Luís Verón, pags. 361 al 367, 48 fascículos editados por Editorial Azeta S.A., ABC Color)

LA PICADA DE LA DESESPERACIÓN

Relata Queretazú Calvo:

            “Mientras tanto, la tropa, que el día anterior había cubierto dolorosamente los 30 kilómetros que distaban desde las trincheras delante de Picuiba (Nueva Asunción) hasta “El Cruce” (Senador Huey Long), seguía su marcha reiniciada a medianoche, jalonando de víctimas los 57 kilómetros que separaban “El Cruce” (Senador Long) de “27 de Noviembre” (Gabino Mendoza). Todo el día 9 (Diciembre de 1934), los oficiales y tropas e los regimientos Chichas, Lanza, Castrillo, Cochabamba, Ingavi y Arabaroa, siguieron su calvario bajo un sol abrasador y en un terreno candente y arenoso que dificultaba su avance. La ruta se fue cubriendo de un rosario de hombres quienes el agotamiento acababan por rendir y que buscaban como último alivio la mezquina sombra de la raquítica arboleda. El drama fue creciendo conforme la canícula se tornaba más despiadada. Aquellos que conservaban algo de energía, avanzaban lentos arrastrando los pies, con la fisonomía contraída por un rictus de dolor, la garganta abrasada de sequedad y polvo, los labios agrietados y las pupilas dilatadas, oteando el fondo del camino por donde debía aparecer el anunciado milagro del agua. A los muchos muertos de insolación y de sed, fueron agregándose los suicidas que no pudiendo resistir el horrible tormento de la sed, ponían fin a su angustia apoyando el cañón del fusil al pecho, la boca o la sien y apretando el disparador en medio del desfile silencioso de sus camaradas. Otros arañaban desesperadamente la arena, buscando una supuesta humedad o algún tubérculo jugoso y morían en ese esfuerzo, quedando semienterrados de cabeza y con los pies al aire.”

            “La columna de sobrevivientes pudo llegar a “27 de Noviembre” (Gabino Mendoza) en el transcurso de la noche. Muchos estaban en tal estado de extenuación que tuvieron que ser hospitalizados. Una lluvia torrencial salvó la vida de varios rezagados. Para los demás que habían quedado en el camino, esa agua del cielo fue como una burla que caía sobre sus cuerpos yertos ya. Sólo las últimas gotas desprendidas de los árboles y arbustos, semejaron lágrimas maternales por los hombre que habían buscado el regazo de su sombra.”

            “De los 5.300 hombres que formaban la Primera y Segunda divisiones, quedaron en el camino, para siempre, alrededor de 1.600.” (3.600 en realidad)

            A las 07:00 hs., del día 11 de Diciembre de 1934, el Jefe de E.M. del Cuerpo, informó “sobre los terribles efectos de la sed en las tropas de Caballería del Cnel. Toro, en retirada acelerada”.

            Agregó que: “Gran número de tropas enemigas abandonadas por sus jefes y oficiales se encontraban diseminadas en ambos lados del camino “Mr. Long” --- “Gabino Mendoza”, habiéndose recogido ahora más de mil rezagados”.

            “El material abandonado por el enemigo, en camiones, ametralladoras, morteros, fusiles y municiones era enorme. El número de granadas de morteros, solamente, podría calcularse en 10.000.”

            También informó que el Z.2 se encontraba a 35 Kms. de Mr. Long, sobre el camino a Gabino Mendoza, que era el punto hasta donde podían llegar los camiones, porque después dificultaban el avance la enorme cantidad de elementos y materiales bélicos dejados por los bolivianos en el medio del camino.

            Consecuentemente, COMANCHACO, despachó el siguiente telegrama al Ministerio de Defensa:

            “El enemigo derrotado en Picuiba (Nueva Asunción) y que se desbandó por los montes próximos al extenso campo de batalla, sigue presentándose (rindiéndose) a nuestras tropas. El día de ayer fueron recogidos 217, entre sub- oficiales y tropas.

            La persecución efectuada por las columnas que se dirigían hacia “27 de Noviembre” (Gabino Mendoza) y “Villazón” dieron parte de haber encontrado muchos cadáveres y tomando prisioneros a tropas rezagadas, agobiadas por la sed y el cansancio y se calcula hasta ahora la cantidad de 3.000 muertos. Además, decía el informe, que ayer fueron encontrados varios parques e intendencias que el enemigo en huida no tuvo tiempo de destruir. Se estima en 10.000 el número de granadas de mortero, ya recogidas y en proporción las municiones para fusiles y armas automáticas.”