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Yrendagüé - Roberto Sienra Zavala

Relato dedicado al Tte. 1° Aniano Cabrera Gill, oficial del Regimiento Batallón 40 que a sus 17 años fue a la guerra. Obtuvo la Cruz del Chaco y la Cruz del Defensor. Hoy, 2010, único oficial sobreviviente de la gloriosa Octava División.

"Los griegos, viajaban bajo la protección de sus mitos y leyendas para aplacar las tribulaciones del viaje. El general Garay, impartía ánimo a sus subordinados mediante rasgos de un varón mitológico. El señor Garay habrá bebido algo en la fuente de la cultura helénica". (Teófilo Domínguez. Parte de su comentario sobre la obra del mayor Lorenzo Medina. Archivo R.S.Z.).

YRENDAGÜÉ. Fue un fortín en el Chaco que actualmente se denomina General Eugenio Alejandrino Garay. Fue ocupado por primera vez por fuerzas paraguayas el 18 de agosto de 1934 de donde luego fueron desalojados por fuerzas enemigas muy superiores. Fue el centro de abastecimientos y de operaciones de Unidades importantes enemigas y luego del orgulloso Cuerpo de Caballería del coronel David Toro Ruiloba compuesto por 14.000 soldados y que castigaban permanente y duramente a las raleadas fuerzas del II. C. E. paraguayo de apenas 3500 hombres. A comienzos de diciembre de aquel año, la situación es fácil de comprender. Los bolivianos eran tan abrumadoramente superiores que podía aniquilar al II. C. E. haciendo una cuña dividiría en dos al Ejército Nacional, situación que produciría un cambio total en la situación de las operaciones militares y dando un vuelco total a favor de las arreas bolivianas. Resultaba urgentísimo desbaratar el inicio mismo del ataque enemigo, impedir que Toro ataque sorprendiéndolo con un ataque fulminante y tomar sus pozos donde bebían toda aquella cantidad enorme de gente. Sin dudas, fue una de las batallas más importantes de la guerra por sus resultados catastróficos para el Ejército Boliviano. Sus principales actores fueron el general José Félix Estigarribia, el comandante del II. C. E coronel Rafael Franco y el comandante de la VIII D. I. Teniente Coronel Eugenio A. Garay. (R. S. Z.).

"El día 21 partí para Siracuas, donde deseaba entrevistarme con los comandantes del Segundo Cuerpo de Ejército y el comandante de la VIII. D. I., a fin de darles personalmente instrucciones precisas sobre el plan que yo había resultado poner en ejecución. Me encontré con ellos en un punto situado a nadie distancia entre Siracuas y La Faye. Después de imponerles, en una sencilla ceremonia, la Cruz del Chaco, en mérito de los grandes esfuerzos ultimadamente realizados, ordené que la Octava División marchara sobre Yrendagüé con la intención de privar al enemigo de la única fuente de agua con que contaba. Fuera del Parapití y de Carandayty quedaría igualmente descartada el agua de Carandayty, ya que habríamos cerrado el camino que lleva a dicho lugar. (Estigarribia. "Memorias". Págs.330/331).

Rafael Franco en sus memorias afirma que efectivamente la conferencia tuvo lugar en aquel lugar donde Estigarribia expuso detalladamente el operativo, solo faltaban las últimas órdenes. El Coronel después general en 1938, Juan B. Ayala en su obra ya citada, dice: "La presión de la Caballería de Toro continuaba implacable. El II. C. E. de Franco se retiraba combatiendo paso a paso (...) En el norte sobre el camino Parapití. 27 de Noviembre, el R. I. 14 "Cerro Corá", (Juan Martincich) de 700 hombres se retiraba hacia el este, esquivando maniobras y rompiendo cercos a granada de mano acosado por el Segundo Cuerpo de Ejército boliviano. El ejército Boliviano asumía en setiembre y octubre de 1934 una actitud ofensiva en todo el teatro de operaciones. El Segundo Cuerpo se retiraba hacia el este combatiendo contra sus poderosos enemigos: el Primer Cuerpo era también atacado por el Cuerpo de Reserva Boliviano. La intención boliviana era una ofensiva de basta envergadura, cuyos lineamientos generales eran: Destruir nuestro Primer y Segundo Cuerpos y reunir los Cuerpos de Reserva y Caballería de Toro en una potente masa de 20.000 hombres en la zona de Garrapatal para accionar con todo su peso sobre Camacho, en combinación con el Segundo Cuerpo, que debía accionar partiendo de Ravelo- Ingavi por Pitiantuta al kilómetros 160 del Ferrocarril Casado. Se esperaba la destrucción del Primer Cuerpo Paraguayo en Cañada El Carmen a breve plazo. Del lado paraguayo la situación general era apremiante en grado sumo: En el Norte el Regimiento "Cerro Corá", extenuado y semideshecho se replegaba a Ingavi en penosa marcha, sin agua, sin nafta para sus camiones en busca del río Timané. El Segundo Cuerpo al mando de Franco hacía frente con sus 3000 hombres en último estado de agotamiento a los 14.0000 hombres de Caballería del coronel Toro, y después de esquivar nuevo cerco en Yrendagüé, se retiraba penosamente abandonando sucesivamente Yrendagüé, Loma Vistosa y Picuiba con pérdida de bastante material. El 12 de noviembre defendía ya sus pozos de agua salada de La Faye". (Juan B. Ayala. "Las batallas...").

El Primer Cuerpo aprovechando una situación favorable, pasa a la ofensiva y destruye totalmente el Cuerpo de Reserva enemigo en El Carmen cayendo prisionero su Comandante, su Estado Mayor, toda la oficialidad y más de 7000 hombres con todo el material. El Tercer Cuerpo en esos mismos días tomó el fortín Ballivián con 400 prisioneros. Despejado el peligro en el lado oeste, el Segundo Cuerpo fue reforzado con la VIII, D. I. y con un Regimiento de Zapadores. (Sobre estos datos: Félix Estigarribia, Juan B. Ayala, Rafael Franco y Lorenzo Medina).


Aclaración del autor: La Octava División de Infantería pertenecía al Segundo Cuerpo de Ejército. Fue solicitado a fin de reforzar la maniobra de El Carmen, al final de ésta batalla, fue reintegrada al Segundo Cuerpo.



En estas circunstancias y a pesar del agotamiento de sus tropas, Franco decide pasar a la ofensiva con sus ahora, 6000 hombres. La idea de Franco era que el orgulloso Cuerpo de Caballería de Toro se le podía aplicar otro golpe similar al de El Carmen. La operación consistía en llevar un ataque sorpresivo y fulminante sobre los pozos de Yrendagüé, cuya posesión por nuestras tropas significaría el desmoronamiento inmediato de todo el dispositivo enemigo. Pero, de adelantarse Toro en su ofensiva qué se esperaba de un momento a otro, sería casi imposible de frenarlo, avanzaría con grandes riesgos para las fuerzas paraguayas sobre puntos neurálgicos de nuestra retaguardia creando enormes dificultades, impredecibles y quizás irreparables. En todos los sectores paraguayos se palpitaba y se esperaba una inminente gran ofensiva boliviana, que de tener éxito, encerraría a las tres cuartas partes del Ejército Paraguayo pues, después de liquidar al Segundo Cuerpo, Toro se lanzaría sobre la retaguardia del I y III C.E.. Plan perfectamente realizable con 14.000 hombres, bien equipados, alimentados y sobre todo con una alta moral. Tal era la situación del Ejército Nacional en aquellos meses. El 4 de diciembre de diciembre de 1934, con los primeros rayos del sol, Rafael Franco visitó en su carpa al comandante de la VIII. D. I., su antiguo amigo el Teniente Coronel Eugenio A. Garay. Franco no viajó en su automóvil Ford, modelo 1928, para hacer una visita de cortesía, estaba decidido a adelantarse a Toro que quizás en días u horas lanzaría su gran ofensiva. Deseamos dejar el relato, bien detallado, de esta crucial batalla a uno de sus principales protagonistas, el mayor Lorenzo Medina. Su relato está al alcance de los que somos neófitos en la ciencia militar, está al alcance de nuestra capacidad receptiva, nos satisface plenamente y al concluir su lectura nos impresionamos con la vibración de haber sido partícipes de una de las hazañas más renombradas de la guerra del Chaco. (R. S. Z.).

Pero, el inicio de aquella entrevista memorable, lo encontramos en las "Memorias Militares" de Franco: "Visité al Comandante de la VIII. D. I. en su carpa en consideración de su edad, por eso no lo hice venir a la reunión de Comandos que tuvimos en Siracusa. No lo consulté como dijeron algunos "historiadores", conferencistas de retaguardia o estrategas de café que pululaban en la post guerra (...) Por consiguiente, como Comandante del II C. E. nada tenía que consultarle, pues era mi subordinado. En consecuencia le entregué en propias manos la Orden de Operaciones N° 97 dictada el día anterior y que correspondía a su División, ya para el ataque y que reza lo siguiente (...) Por ser netamente profesional esta Orden, omitimos su inclusión. Sintetizando dicha Orden la VIII. D. I. partiría el 5 de diciembre a las 1 horas y llegaría a Yrendagüé el día 7 después de cubrir 60 kilómetros en un camino inhóspito bajo un sol implacable. Leyendo entre líneas la Orden N° 97 tenía ésta terrible realidad: LLEGAR CON LAS ÚLTIMAS GOTAS DE AGUA A YRENDAGÜÉ, TOMAR EL FORTÍN O MORIR EN EL EMPEÑO, PUES NO HABRÍA AGUA PARA RETORNAR".



EL TODO POR EL TODO. "Garay, luego de leer la Orden de ataque que correspondía a su División, me preguntó si el general Estigarribia tenía conocimiento de la operación proyectada; le manifesté que dicha operación encuadraba en sus planes ocultándole que me estaba jugando el todo por el todo en dicha maniobra, haciendo que entrara en razón por la imperiosa necesidad de adelantarnos a los bolivianos que su ofensiva en nuestro frente era inminente y que estaba a punto de desencadenarse, agregándole para dar por terminada nuestra entrevista: "Mire Garay, su División está descansada y con muy alta moral. Súmele a ella las dos Divisiones, la VI y la D. R. G (División de Reserva General) con excelentes comandantes como Atilio J. Benítez y Vicente Machuca que accionaran sobre el frente de las posiciones enemigas amarrando el Cuerpo de Caballería Boliviano, le dará lugar a su División a que se apodere sorpresivamente de Yrendagüé, para luego operar enérgicamente sobre las espaldas del enemigo en Picuiba.



UN SOL INMISERICORDE. Dicho esto quedó un rato pensativo para volver a la carga sobre si estaba enterado de este plan de maniobra el Comanchaco. Le respondí, ya impaciente, que con ésta idea no nos apartábamos de la Orden de Operaciones del Comanchaco, que implícitamente se desprendía de ella (...) Es más pondrá a su disposición un grupo de baqueanos, al mando de un sargento del R. I. 8, "Piribebuy" que, el 9 de noviembre último lograron zafarse de Yrendagüé y salieron precipitadamente en "Puerto Estrella". Finalmente, llegamos a un acuerdo que la misión que cumplir entrañaba muchos riesgos y que, el desiderátum era vencer o morir. LLEGAR CON LAS ÚLTIMAS GOTAS DE AGUA PARA CAPTURAR YRENDAGÜÉ O PERECER DE SED SIN AUXILIO POSIBLE. Le advertí para que no haya mal entendido alguno, que tendrían que recorrer más de 60 kilómetros, desbrozando malezas, bajo un sol inmisericordemente abrasador, en una región árida donde los pies se hunden en la arena hasta los tobillos. "Le digo esto - Garay - porque lo he recorrido personalmente en la campaña anterior de persecución al enemigo".

"Indudablemente el plan era riesgoso y no cualquiera que fuera el coronel Garay estaba capacitado para cumplir al pie de la letra y el espíritu, la orden encomendadale. ¿O ES QUE NO SE ANIMA GARAY? SI ES ASÍ VAMOS A DEJARNOS NOMÁS. Fue un desafío bien empleado y la reacción del viejo guerrero sexagenario no se hizo esperar. "MIRÁ HERMANO, NO VOY A PERMITIR QUE ME HABLES DE ESE MODO. PORQUE ME ANIMO ES QUE ESTOY EN ESTA GUERRA, LO QUE HUBIERA QUERIDO ES QUE ESTÉ ENTERADO NUESTRO JEFE MÁXIMO LO QUE ESTAMOS TRAMANDO. TENGO MÁS DE 60 AÑOS, Y SI NO HUBIERA QUERIDO VENIR, ME HUBIERA QUEDADO EN MI CASA. NO PERDAMOS TIEMPO, Y ENTRÉGUEME LA ORDEN PARA REALIZAR LO QUE USTED QUIERE, MI CORONEL". (Franco "Memorias Militares").



Nota del autor: ¿Cómo Franco no iba a convencer a su antiguo amigo después de relatar que había recorrido personalmente el mismo desierto? Franco fue el único Comandante de Cuerpo que se puso al frente de sus hombres como otro soldado más.


DEL GENIO A LA LOCURA. El mayor Lorenzo Medina, recuerda en su obra "Algunas batallas memorables de la guerra del Chaco": "Yo estaba en mi carpa a escasos 10 metros donde se desarrollaba la entrevista. Estaba aquejado de un profundo estado febril. Salían los dos jefes, apoyado el coronel Franco del brazo de Garay camino al vehículo del Comandante del II. C. E. que lo estaba aguardando a 50 metros de distancia. Escuchaba claramente la potente voz de Franco. Garay se dirigió directamente a mi carpa para decirme lo siguiente: "Mire Medina, dicen que del genio a la locura hay un solo paso. Y este nuestro Jefe tiene ciertas chispas fuera de lo común. Sus argumentos son serios, irrebatibles y se ajustan a la realidad. Para más Medina ya me convenció y le prometí mi más decidida colaboración. Mi deseo era nomás que sea del conocimiento de Estigarribia todo esto que nos proponemos realizar. Realmente el tiempo apremia y no se puede esperar un solo día más. Puede ser que éste chico tenga razón". "Luego Garay se volvió cabizbajo y pensativo, entonces le pregunté: "¿Cuando se da comienzo a la maniobra mi Coronel?". Me contestó ahora mismo Medina. "EN ESTA MANIOBRA NOS VAMOS A JUGAR LA VIDA Y TAL VEZ LA SUERTE DE NUESTRAS ARMAS. Usted no va a poder ir Medina, pero no se preocupe, yo me voy a hacer cargo de su regimiento", Me puse de pie y le dije: "Yo no puedo faltar a ésta cita de honor mi coronel, marcharé con mi regimiento y estaré a su lado hasta las últimas consecuencias. Ya estoy sano, completamente sano". El coronel Garay selló con un abrazo mi espontáneo gesto y de inmediato dictó la Orden de marcha". (Mayor Lorenzo Medina. "Algunas batallas...).

Así se inició uno de los hechos de armas más importantes de la guerra, y que en absoluto se apartó de la Orden de Operaciones del general Estigarribia. Es importante señalar que si bien Franco no tuvo estudios superiores de Estado Mayor, tenía, según vemos en sus batallas, ese instinto, ese olfato reservado para los genios militares. Pudo adivinar, olfatear, el ataque enemigo, se adelantó y lo destruyó totalmente. Después de meses en que Toro lo había castigado permanentemente para Franco había llegado su hora de desquite. (R. S. Z). "Afortunadamente mi decisión fue tomada a tiempo cuando faltaban apenas horas, quizás minutos para cerrarse el plazo de nuestra total destrucción". (Franco. "Memorias Militares").

Con una ración de hierro (carne conservada) para dos días y una caramañola de agua por soldado, los regimientos "Batallón 40" (Cap. Ceferino Vega Gaona); R. I. 18 "Pitiantuta" (Cap. Ireneo Díaz) y el R.I. 16. "Mcal. López" (mayor Lorenzo Medina), se inició la marcha el 5 de diciembre de 1934 para atacar después, agotados hasta lo increíble, sorprendiendo y asombrando al comando enemigo. Los bolivianos no podían creer que los paraguayos hayan caminado 60 kilómetros prácticamente sin agua para combatir en el momento y lugar menos esperado por ellos. (R. S. Z).



EN COMPLETO SILENCIO. "Tal era la precariedad de transportes que el "Mcal." no pudo completar su ración de agua, recibiendo la mayoría de sus soldados solo media caramañola. EL PRIMER DÍA. Se marchó sin inconvenientes porque el camino estaba bajo el control de patrullas paraguayas, pero la orden era marchar en total y absoluto silencio, el "40" que iba en punta tenía que abrirse paso a puro pecho entre las espinosas malezas sin poder usar ninguna herramienta para no delatar su presencia.

EL SEGUNDO DÍA. El 6 de diciembre se inició temprano la marcha después de haber pernoctado en columna india sin haberse agrupado la tropa y con la orden categórica de no fumar y guardar el más absoluto silencio. El coronel Garay establece su PC. a la cabeza del "Mcal." que marchaba atrás del Pitiantuta. A media mañana equipos aguadores del "40" que transportaban bidones sostenidos por palancas llegaron desde la retaguardia entusiasmó a todos porque daba la idea que el servicio de aprovisionamiento se realizaba normalmente. Pero al mediodía la velocidad de la marcha empezó a decrecer, el "Pitiantuta" ya tenía rezagados por falta de agua, en estas circunstancias el coronel Garay decide suspender la marcha para comunicarse por radio con el coronel Franco y con la Intendencia de la VIII. D. I. responsable del suministro de agua".


PE AÑA MEMBY. EL SEGUNDO DÍA. "En éste menester, de recibir y enviar cifrados, se perdió todo el día. Al atardecer el coronel Garay, muy preocupado me dijo: "Peina co, pe aña memby oñentendema Ñandeyara ndive. Dice que si Dios quiere vamos a tomar suficiente agua en Yrendagüé, yajha catu aiporo pico cierto la jheiva". (Parece que Franco ya se entiende con Dios, dice que si El quiere vamos a tomar abundante agua en Yrendagüé, vamos entonces, puede ser que sea verdad lo que dice). Ordenó Garay seguir la marcha, pero en el lugar donde estaba la punta del "Batallón 40" se escuchó el ruido de camiones bolivianos. El comandante del "40", Ceferino Vega Gaona, sugirió hacer un alto toda la noche y reiniciar la marcha al día siguiente. Garay accedió y los tres regimientos pasaron toda la noche en estado de alerta... y esperando la presencia de los transportadores de agua".



IPORAMBA CO OJHOVO. EL TERCER DÍA. "El 7 de diciembre, a la madrugada se reinició la marcha, pero la falta de agua hace estragos, especialmente en el "Pitiantuta". El fogueado y experto regimiento "Batallón 40" marcha disciplinadamente con sus soldados haciendo una economía increíble de agua. Con gran cantidad de soldados tendidos en la arena totalmente insolados, el coronel Garay no perdió la serenidad y alentaba con palabras cariñosas e insultos a sus tropas. Garay no perdía la calma aún cuando le llegaron antes del medio día dos noticias importantes y preocupantes: desde la punta del "40" se informó que encontraron una ruta camionable de Este a Oeste, muy transitada y con huellas frescas de camiones, también se informó la captura de un camión que venía del Oeste siendo capturados cuatro soldados y que un oficial de apellido Loizaga pudo escapar, presumiblemente herido. A ésta novedad que podría entorpecer el factor sorpresa, con que se esperaba contar, se sumó otra aún peor, se informó que se escucharon tiros desde la retaguardia. Si algo grave ocurría allí, el abastecimiento de agua no se podría realizar, como también estaría descartada toda ayuda posible. En estas muy difíciles circunstancias el coronel Garay, me dijo: "Iporambá co ojhovo Medina". (Todo da va muy bien Medina).

CHE MBOY - U MINA MAMITA. Alcanzamos un puesto que los bolivianos habían abandonado con algunas provisiones, en ese lugar, estaba el teniente Aniano Cabrera con 8 hombres esperando a los aguateros de su Batallón. (Aniano Cabrera de 17 años entonces, relató al autor que Lorenzo Medina le dijo. "Cuídese Cabrera, le está empezando a salir la lengua por falta de agua y usted no se da cuenta). "Todo el día se marchó prácticamente sin agua y llegada la noche, la columna se dispuso a descansar. Al mando del teniente Manuel Galindo habían quedado en la retaguardia 100 bidones de agua, fuertes patrullas enemigas hacían imposible el suministro de urgente necesidad, en especial para los del "Pitiantuta" que se desintegraba por los efectos de la sed. La noche de ese tercer día de marcha fue de impaciencia y ansiedad por la falla en el suministro de agua.

"Serían más o menos las 11 de la noche cuando nos encontrábamos con el coronel Garay en la orilla del camino en un breve descanso, cuando se me presenta el teniente Bazzano de mi regimiento, con éste desesperado parte: "Johá pa nico la che gente cuera mi mayor, mbaé pico ayapota". (Desfallecen todos mis soldados mi mayor, qué puedo hacer?). Ni bien escuchó el parte el coronel Garay cuando se puso de pie como movido por un resorte y encarándole le dijo violentamente: "Terejhó êmopu á unmi nde soldado cuera, che ryvy, maérá añá pico catu revalé". (Vaya a levantar a sus soldados mi hermano, o para qué diablos sirve usted?), y seguidamente como un sonámbulo se dirigió al lugar donde se encontraba esa tropa. Lo seguí de cerca porque me tenía preocupado su pronunciado estado de nerviosidad en gran parte por la falla del servicio de aguadores".



UNA LOCA Y AFIEBRADA FANTASÍA. "Cuando llegamos se nos presenta un cuadro desconcertante. Hombres tendidos en el suelo revolcándose desesperadamente, arañando el suelo con las manos crispadas, como queriendo arrancar de sus entrañas tan siquiera un poco de humedad para refrescar el ardiente calor que sentían en el plexo por efecto de la deshidratación. Contrariaba el alma ver a esos bravos soldados que en memorables entreveros se enfrentaban con el enemigo con singular bravura, sentirse postrados e impotentes por efectos de la sed implacable. Animosos mocetones que ignoraban el peligro, que despreciaban a la muerte cuando se lanzaban al ataque al son del terrible "sapucai" (grito) que causaba tanto pavor al enemigo. Algunos en su desesperado y en su delirio, clamaban la presencia imposible de su madrecita lejana, pidiendo suplicante un poco de agua: "Mamá... mamita ... . chemboy ú mina". (Dame de beber por favor). Ah! Los avatares de la vida. Para los que no han presenciado estos trances, para los que no los han vivido, parecería la exaltación de una loca y afiebrada fantasía, de una mente trastornada".


SUPREMA Y SOBERBIA VOLUNTAD. "Cuando llegó el coronel, cuya sola presencia infundía un poderoso poder, con una voz que parecía venir de muy lejos, se dirigió al tendal de sombras que se revolcaban en impresionantes contorciones, con éstas palabras: "Ani rahe na pe manó che ra'y cuera . Yarecó nico peteí misión ñacumplí váera. Ñaguajhena la Yrendagüé pe yahy-ú ñande gustope osino-yramo ñamanombá oñondivé upepe". (No se me vayan a morir ahora mis hijos que tenemos una misión que cumplir. Vamos a llegar a Yrendagüé todos juntos, allí saciaremos nuestra sed a nuestro gusto, o de lo contrario vamos a morir todos juntos allí). Palabras mágicas que tuvieron un efecto increíble. Esos hombres que parecían encontrarse en los dinteles de la muerte se levantaron al conjuro de un misterioso poder para responder en una voz "Ya jhá catú mi coronel" (vamos entonces mi coronel). Y ajustándose los equipos, empuñando las armas, tambaleantes, desorientados, se dispusieron a responder al llamado del Jefe en un rapto de suprema y soberbia manifestación de voluntad".


LA ARTERA MAÑA. El mayor Medina nos relata que cuando estaba presenciando el episodio histórico protagonizado por Garay, un grupo de soldados del "Mcal." creyendo escuchar el característico canto de ranas que es señal inequívoca de agua, fueron a investigar y en lugar de agua encontraron un hilo telefónico tendido al ras del suelo. Inmediatamente Medina hizo conectar un teléfono a la línea y así pudo escuchar la conversación entre el coronel David Toro desde Carandayty y el capitán Villarreal desde Yrendagüé. Este último informaba que fuerzas enemigas, presumiblemente un Batallón aparecieron en las proximidades de la retaguardia boliviana. Enojado Toro con los mandos encargados de la vigilancia "y más aún conociendo la audacia y la artera maña de los pilas". Ordenó Toro a Villarreal comunique la novedad a los mandos responsables pero sin alarmar demasiado porque a la mañana siguiente muy temprano, el regimiento "Jordán" ya tendría sus órdenes para salir y dar solución al problema. Tranquilizó a Villarreal diciéndole que probablemente la aparición del Batallón enemigo era para crear confusión en la retaguardia mientras otras fuerzas atacaban sobre Picuiba. Por la conversación de estos dos Jefes bolivianos se dedujo que la VIII. D. I. contaba aún con el factor sorpresa. El orgulloso y valiente coronel David Toro, desconocía la realidad de las fuerzas paraguayas. La VIII. D. I. estaba por realizar un acontecimiento asombroso e increíble dando un terrible golpe a la elite del Ejército Boliviano.


EL COMBATE. EL CUARTO DÍA. El 8 de diciembre a las dos y media de la mañana se reanudó la marcha, dos horas después la punta del "Batallón 40" capturó un puesto sanitario completo, y lo más importante, dos camiones de agua. Este hecho elevó la ansiedad en el P.C. de Garay sobre todo cuando se escucharon las ráfagas de ametralladoras y las explosiones de granadas de mano, se creyó que el "40" había alcanzado su objetivo, pero el estruendo de la pelea duró solo unos minutos. Se ordenó que una Compañía avanzara a marcha forzada para ayudar. Y toda la columna del "Mcal." y del "Pitiantuta", haciendo un supremo esfuerzo aceleraron la marcha. Al rato llegó un camión aguatero enviado por el Cmdte. del "40". Cap. Ceferino Vega Gaona. La alegría fue enorme. Indescriptible, se volvía a la vida, la pesadilla de una muerte horrorosa por la sed, pasó a ser un feliz despertar. Pero la marcha no se podía detener. Los soldados recibieron mientras caminaban con pasos apresurados, dos jarros de agua en sus caramañolas con orden estricta de no beber de golpe, sino previo enjuague de la boca y luego en pequeños sorbos. Algunos no pudieron cumplir esta orden y les llegó la muerte entre espasmos de dolor.

Hacia las cinco de la mañana Garay llegó al puesto sanitario capturado donde el Tte. Trinidad Dayan informó que se había capturado todo el personal sanitario, escapando solo un cura que hasta segundos antes de los primeros disparos estaba trenzado en una apasionante partida de póker. Dayan dijo que por informe de prisioneros el fortín Yrendagüé distaba solo 1500 metros defendido por 500 hombres muy bien armados y que en dicho fortín se encontraba el Parque de Guerra del Cuerpo de Caballería del coronel Toro.


SE INICIA EL ATAQUE. A las siete y media de la mañana el "40" inició su ataque al fortín mientras el "Mcal." se aprestaba a entrar en ataque, llegaban oficiales y soldados del "Pitiantuta" muy castigados por la sed, su comandante, capitán Ireneo Díaz llegó semi inconsciente, la mayoría de soldados y oficiales llegaron totalmente agotados. En el puesto sanitario el "Dr." Jorge Ritter salvó a muchos de una muerte segura por agotamiento. No olvidaré en el resto de mi vida la ardua labor desarrollada por el joven médico del "Batallón 40" Dr. Jorge Ritter, para librar de las garras de la muerte a muchos delirantes de sed, sin reparar en jerarquías ni nacionalidad sino en el noble impulso de su deber profesional. La doctrina hipocrática jamás pudo haber estado mejor representada y aplicada. La resistencia del fortín era seria, dos horas de combate y aún resistía. A las nueve y media apareció por el sur el regimiento "Jordán" totalmente desplegado en línea de tiradores y el "Mcal." tomó posición para enfrentarlo.


SIN BOLETO DE VUELTA "Al medio día se realizó una reunión en la carpa de Garay. El ambiente no podía ser más tenso; la VIII. D. I. había llegado hasta Yrendagüé sorteando tantos inconvenientes, con sus tres regimientos en el más absoluto silencio, cruzando bajo las narices mismas y por entre su red de caminos. El fortín resistía y aparecía el "Jordán" que parecía estar aguardando a otras fuerzas para iniciar el ataque al "Mcal". La VIII. D. I. no tenía boleto de vuelta, parecía cumplirse lo dicho por Franco a Garay: "LLEGAR CON LAS ÚLTIMAS GOTAS DE AGUA PARA CAPTURAR YRENDAGÜÉ O PERECER DE SED SIN AUXILIO POSIBLE". En la carpa de Garay no se podía decir otra cosa que no fuera eso: tomar el fortín o perecer de sed, morir peleando o caer prisionero, otra posibilidad simplemente no existía. Tratar de volver sin agua era suicidarse".



DÍA DE LA VIRGEN DE CAACUPÉ. "Dentro del dramatismo de la reunión, un joven oficial del "Pitiantuta", expresó: "No se preocupe usted mi coronel, no olvide que hoy es el 8 de diciembre y la Virgen de Caacupé está con nosotros". Garay lo miró duramente y le dijo: "En esta vida cualquier cosa puede pasar mi hijo". En ese mismo instante hizo su aparición un estafeta que agitadamente me dijo: "Mi mayor, mi mayor, oñe entregá ñepyruma los bolí mi mayor" (están empezando a entregarse los bolivianos) y me hizo entrega de un parte del Tte. Trinidad Dayán que decía: "Mi mayor, con los primeros disparos de mortero, la vanguardia enemiga, arroja sus armas, empiezan a entregarse en masa. Todos están con mucha sed. Son del regimiento "Jordán" que desde el día anterior no habían recibido ni agua ni víveres, dicen que todos están en situación desesperante".


EL SILENCIO DE GARAY "Dentro de fortín se escucharon fuertes explosiones, Garay recibe otro parte, esta vez del capitán Vega Gaona:"Mi Tcnel. el enemigo empieza a retirarse en franca derrota, trató de prender fuego a sus grandes depósitos y parques de guerra que no tuvo tiempo de realizarse, los tanques de agua están íntegramente en manos de mis tropas". El coronel Garay profundamente impresionado, abandonó la reunión y fue a sentarse sobre una silla de campaña, y con la cabeza entre las manos se quedó quieto como meditando, profundamente. El desastre más grande para el Ejército de Bolivia superior inclusive al de Campo Vía, estaba concluido. La VIII. D. I. al mando del sexagenario Comandante, cumplió estrictamente con su deber", concluye el relato del mayor Lorenzo Medina.



EL DESASTRE TOTAL BOLIVIANO. Tropas de la VI. D. I. cierran la pinza y al gran número de bolivianos que se repliegan de La Faye no les quedó otro camino de retirada que el de Mr. Long - Gabino Mendoza de 57 kilómetros. Los días 8, 9 y 10 son para el Ejército Boliviano el desastre total. En el camino Loma Vistosa - 27 de Noviembre se llegaron a contar más de 6000 cadáveres. Los paraguayos ayudan como pueden La cantidad de armas tomadas es muy superior al de Campo Vía. El coronel Toro planea un contraataque con tres regimientos para retomar Yrendagüé, promete municiones, transporte y agua. "Es aún tiempo para corregir los errores de Comandantes de Divisiones y Regimientos y tapar la vergüenza que caerá sobre el Cuerpo de Caballería". (Medina. "Algunas batallas memorables de la guerra del Chaco").

El tercer ejército boliviano estaba destruido, un Cuerpo de Ejército... (R.S.Z.)



EL CAMINO DE LA DESESPERACION. "Con el siguiente informe el mayor boliviano Tavera hizo ver la realidad a Toro: "... 15 kilómetros al norte de El Cruce, hora 8.15 parte recién llegado informa que el enemigo ocupa El Cruce con fuertes fracciones. Han caído en poder del enemigo fracciones nuestras por cansancio. Primera y Segunda Divisiones hace tres días que no toman agua ni comida. Es absolutamente imposible cooperar acción Yrendagüé. Si se resolvió colocar las Divisiones sobre el camino 27 de Noviembre es porque cualquier esfuerzo que se pide, la tropa no da y además carecen de armamentos y municiones que fueron dejados por el camino de la desesperación". (Franco. "Memorias Militares").

SINTESIS DE LA GUERRA DEL CHACO - Roberto Sienra Zavala