INTRODUCCIÓN
Si los hombres fuesen justos, Rafael Franco no hubiera
muerto casi abandonado; si los pueblos lo fuesen, no moriría jamás.
Pocos –tal vez ninguno- hizo tanto por la recuperación
material y moral del Chaco, como este varón ilustre y humilde, en su momento,
la flamígera espada agresiva del Paraguay en armas.
Bajo su mando, el soldado paraguayo fue siempre
excepcional, porque requiriéndole hasta el límite, lo puso una y otra vez ante
la posibilidad de la victoria.
La guerra tiene azares, pero también tiene su razón, y
aún la razón imponderable, que no cuenta la intendencia, pero suma y resta la
sensibilidad del genio militar.
Las batallas se ganan con los restos de organizaciones al
borde del colapso, en la angustia de informaciones inexactas, de órdenes
aproximadamente interpretadas, sobre terreno más o menos conocido.
Las gana el comando que aprecia mejor la situación
confusa, que yerra menos y emplea con más acierto sus últimos recursos. Las
gana el hombre cuyo magnetismo polariza un gran desorden, quien infunde a sus
soldados un miedo moral, mayor que el miedo material que inspira el enemigo.
Los conductores de esa estirpe no reciben sus galones por
escalafón y antigüedad, traen sus estrellas conferidas por el Hado.
Alejandro, Aníbal, Julio César, Napoleón, Rommel, Franco,
son generales de raza, se los nombra sin títulos, a secas, sin referencia a
decretos de gaceta oficial.
Rafael Franco quedará en la historia militar de América,
por su limpia retirada de Saavedra, en condiciones de dificultad excepcional:
por la agresiva resistencia de Gondra: el sorpresivo rompimiento del frente que
precipitó la victoria de Campo Vía,; por la arrolladora ofensiva del II Cuerpo,
engarzando una serie de triunfos que ubicó a nuestro ejército a la vista de
Carandayty; por la maniobra en retirada de la gran unidad, ante la abrumadora
presión de las fuerzas comandadas por el coronel David Toro, tres veces
superior en hombres y armamentos; su contragolpe de Yrendagüé, el movimiento
táctico más audaz, enérgico y de consecuencias morales más demoledoras de la
guerra del Chaco.
Las órdenes de operaciones que llegaban, con una
minuciosidad inexplicable, no se sostendrán como testimonio, por esa misma
causa. Las acciones no coinciden con los planes; los estrategas lo saben desde
siempre; Tolstoi lo formula magistral memorando Borodino, y Rafael Franco lo
confirma con el simple comentario de los hechos, en su pequeño opúsculo “Dos
Batallas”, con algunos capítulos de admirable vuelo.
Hombre de tal calibre no resultaba fácil de manejar. Los
conductores natos, son malos conducidos. Les apremia la compulsión creadora que
se conforma poco con la indispensable disciplina y su secuela no querida:
rutina y mediocridad.
El general Estigarribia, inflexible en otros casos, lo
toleró hasta el fin, demostrando su grandeza. Era como tener un tigre cogido
por la cola, con la única ventaja que estaba siempre rampante de cara al
enemigo.
Sus ataques, asaltos, maniobras, contramaniobras y
despegues de último momento, levantaban la seria admonición de los prudentes, y
de los que no podían perdonar el éxito. Le imputaban asumir riesgos temerarios
que ponían en peligro la suerte del ejército y la propia guerra.
Lo cierto es que su mando, que colmó la aspiración patria
al cruzar el Parapití, jamás cedió una escuadra al enemigo sin sopesada
necesidad. No exigió inmolaciones inútiles. Sus órdenes claras y tajantes
imponían sacrificios sobrehumanos, no para la muerte, sino para la vida y la
victoria.
Si el destino hubiese querido que comandase todo el
ejército en campaña, quien sabe sobre qué picacho andino se hubiese firmado la
paz. Pero si nos permitimos esta conjetura, también debemos admitir que le
faltaban aptitudes políticas para convivir con una organización civil,
conservadora por naturaleza. Un alto comando es un punto crítico de fricción y
transacciones. La oportunidad no se dio para emplear con éxito la virtud
sobresaliente de la raza, que hasta hoy sólo le ha permitido subsistir: su
valor militar.
En el acto del sepelio, cuando sus viejos oficiales y
soldados se consolaban recíprocamente haciendo el interminable elogio de sus
hechos y virtudes, el batallón destinado a rendirle honores, apresuró el
trámite de la descarga y se marchó al cuartel. La administración del cementerio
no encendió luces para abreviar discursos. Incomprensiones explicables en
quienes habituados a la sombra y granjerías menudas de la gloria, no saben ni
imaginan cuán grande, generoso y refulgente brilla el sol.
José María Rivarola Matto
VICTORIA DE YRENDAGÜE
Corría el 9 de noviembre de 1934 cuando la ofensiva
boliviana entonces en pleno desarrollo, lograba desalojar a nuestro ejército de
“Yrendagüe”, con lo que perdíamos los únicos pozos de agua dulce que se han
logrado cavar en el Chaco Boreal.
Nuestro Segundo Cuerpo que mantenía ese frente estaba
reducido a no más de 3.500 hombres en vista de que parte de sus efectivos
fueron transferidos al Primer Cuerpo que estaba en plena ejecución de la
maniobra que culminaría muy pronto con la gran victoria de “El Carmen” en donde
se logró la destrucción de otras dos divisiones bolivianas. En estas
condiciones el General Estigarribia prefirió perder los pozos con tal de atraer
al orgulloso coronel Toro detrás de las fuerzas del Coronel Rafael Franco y
alejar los poderosos efectivos bajo su comando de la zona de maniobra del
Primer Cuerpo, confiando en la pronta recuperación de lo perdido.
Todo esto se consiguió con creces, ya que el Cuerpo de
Toro se concentró en el frente de nuestro Segundo Cuerpo creando varios
corralitos que anunciaron anticipadamente como grandes victorias y que
resultaron en reales fiascos, ya que nunca consiguieron capturar un solo
soldado paraguayo.
A raíz de los mentirosos y grandilocuentes comunicados
bolivianos y las reacciones que crearon, fue que el coronel Franco escribió que
en la guerra también se hacen chistes refiriéndose específicamente al corralito
de “Garrapatal” sobre el que los bolivianos arrojaron de sus aviones boletines
instando a los paraguayos a rendirse, ofreciendo agua, comida y buen trato,
cuando que dentro del corralito ya no se encontraba un solo soldado de nuestro
Segundo Cuerpo. Se habían zafado con todos sus elementos y seguían
tranquilamente en su retirada.
Este fue el caso del cerco de Garrapatal en donde el
capitán Rogelio Benítez reunió a sus oficiales y les dijo tranquilamente,
“ñandá nda jha jahei vacá ya puta jhaguá corape”. Estos se pusieron a la cabeza
de sus soldados, asaltaron y destrozaron las líneas bolivianas saliendo
íntegramente, llevando a su única baja, un Sargento herido.
Tal como lo previó el General Estigarribia, el 16 de
noviembre de 1934 culminó la batalla de “El Carmen” con una gran victoria.
Entonces a nuestro ejército le quedaba la mano libre para recuperar “Yrendagüe”
tal como se esperaba y darle al coronel Toro y a su cuerpo un destino que, sin
duda no lo habrán estado calculando al quedar colgados luego de la destrucción
de sus fuerzas en “El Carmen”.
Pero antes de seguir adelante se debe explicar el porqué
de la importancia de “Yrendagué”. Es que en ese lugar se encontró agua dulce en
abundancia, por primera vez en el Chaco. El descubrimiento lo hizo el
franco-paraguayo León Fradneau, un veterano profesional del ramo. Era el 27 de
Octubre de 1934, precisamente cuando los diez mil hombres del Cuerpo de Toro
arreciaban en su ofensiva contra nuestro disminuido Segundo Cuerpo.
Nos recuerda el coronel José S. Da Costa que cuando el Comanchaco
fue avisado de tan grato descubrimiento, su vocero el luego general Raimundo
Rolón exclamó “demasiado tarde”. Es que para beneficio de la maniobra de “El
Carmen”. Ya se había resuelto, tal lo dijimos antes, el abandono del sector
para alejar a los efectivos del coronel Toro de la zona de nuestra maniobra de
“El Carmen”.
Evidentemente todo a su tiempo, tal como lo decía nuestro
comando. Ya que se abandonaron los pozos con su precioso contenido pero
teniendo in mente su rápida recuperación, tal como luego ocurrió.
El coronel Da Costa lo dice muy bien: “había que salvar
los hombres y las armas, cediendo el terreno y principalmente el agua, pero
trayendo tras de sí al enemigo, cada vez más lejos de sus bases de
reaprovisionamiento y de su posibilidad de reagruparse con tiempo y de su
facilidad para acudir a la otra batalla”.
A este respecto el coronel Franco en sus Memorias
Militares nos dice: “En esas condiciones poco favorables para nosotros, se
produjo en otro sector (Ballivián –El Carmen) una importante victoria paraguaya
(Noviembre de 1934) que aparentemente debía aliviar la situación en el frente
de nuestro Cuerpo de Ejército, pero no sucedió nada parecido. La victoria
estratégica del enemigo, creándonos el peligro de un inminente y decisivo
desastre”.
“Por su parte –sigue diciendo el coronel Franco- el
comando enemigo no retiró del II Cuerpo de Caballería un solo hombre para
reforzar las defensas de Villa Montes.”
No parecía inquietarse por el avance de nuestras tropas,
siempre tan peligrosas en su acción ofensiva”.
Hoy sabemos el Comando Boliviano sí estaba muy inquieto y
sus órdenes no se cumplían. El coronel Toro siempre hacía lo que quería y las
órdenes de Peñaranda eran obedecidas cuando a él le apetecía. Siguió entonces
dando órdenes, desde su lejano comando en Carandayty de seguir adelante aunque
quedara colgado, ya que su orgullo y ambición le decían que debía derrotar al
coronel Franco para ser un jefe respetado entre los suyos.
Y el coronel Franco, el más brillante conductor de
nuestro ejército, no iba desaprovechar la oportunidad que tenía entre manos.
En el libro “La epopeya del Chaco” que es considerado
como las Memorias del General Estigarribia, pero que Pablo Max Insfrán aclara
que “yo las redacté desde el principio hasta el fin, en dos idiomas.
Estigarribia me daba un dato y sobre él yo trabajaba en la redacción, la que
luego considerábamos juntos. Las ideas de las memorias son exclusivamente de
él”.
En este libro, página 330 se dice: “El mismo día 21,
partí para Siracuas, donde deseaba entrevistarme con los comandantes del
Segundo Cuerpo (coronel Franco) y de la Octava División (Tte. Coronel Garay) a
fin de darles personalmente instrucciones precisas sobre el plan que yo habré
resuelto poner en ejecución.
“Me encontré con ellos en un punto situado a media
distancia entre Siracusa y Lafaye. Después de imponerles en una sencilla
ceremonia la Cruz del Chaco, en mérito a los grandes esfuerzos últimamente
realizados, ordenó que la Octava División marchase sobre Yrendagüé, con la
intención de privar al enemigo de la única fuente de agua con que contaba”.
El coronel Franco en sus Memorias recuerda que “de
acuerdo a órdenes terminantes, la misión que venía cumpliendo mi Unidad era la
de cubrir el ala Norte de nuestro Ejército, retirándose hacia Camacho. Pronto
pues, tendríamos que abandonar también Lafaye, punto de convergencia de vitales
caminos. Desde ese momento, podría considerarse poco menos que perdido al
grueso del ejército paraguayo, pues todas sus líneas de operaciones podían ser
fácilmente cortadas desde su posición”.
“No es la ocasión de precisar las causas o motivos que
determinaron aquellas órdenes del general Estigarribia, reveladoras de una
completa inadvertencia del verdadero objetivo del enemigo, pero difícilmente se
podía convencer a nadie que tiene una confianza ilimitada que depositaba en
nuestros Jefes, Oficiales y soldados del 2º Cuerpo de Ejército. Tales
confianzas, sin embargo, no estaban de acuerdo con las deplorables condiciones
en que afrontábamos al enemigo”.
“No había a mi juicio sino un medio para evitar el
desastre, pasar al ataque, adelantarse a la Caballería de Toro y descargar
sobre dicho cuerpo un golpe decisivo. Al parecer era un medio desesperado, pero
bien calculado, ofrecía probabilidades de éxito, por la multiplicación de
fuerzas que la iniciativa proporciona”.
“Disponía entonces mi cuerpo de ejército, a lo más de
5.500 combatientes integrando tras divisiones de infantería, la VI, la DRG en
nuestras posiciones fortificadas de Lafaye, y la VIII a 70 kilómetros al sud de
Yrendagüé su futuro objetivo. La mayoría de mis soldados daban señales de
agotamiento físico y harapientos, si bien soportando las mayores penurias con
admirable entereza. En cuanto al material, nuestros pocos cañones carecían de
proyectiles, la escasez de hilos de teléfonos, verdaderos nervios de los
comandos, era total. Los medios de movilidad enteramente insuficientes pues,
estaban reducidos a solo 25 camiones, que transportaban penosamente el agua
potable para dos divisiones desde puntos distantes de hasta 200 kilómetros, por
los caminos arenosos que no permitían sino una velocidad de ocho kilómetros por
ahora de promedio”.
El coronel Franco confirma lo afirmado por Estigarribia
sobre la reunión del 21 de noviembre, cuando dice: “En la segunda quincena de
Noviembre tuve en las cercanías del fortín Siracuas una conferencia con el
Comandante en Jefe, en esa oportunidad recibí conjuntamente con el coronel
Eugenio Garay las primeras condecoraciones de la Cruz del Chaco al valor
militar. Naturalmente, no podía perder ocasión tan propicia para reiterar al
comandante en Jefe mis inquietudes sobre la situación del Ejército que a mi
juicio, no podía ser tan comprometida, explicándole al mismo tiempo el plan que
había concebido…”. El general Estigarribia –como era su costumbre- sin estimar
ni desestimar dicho plan, se limitó a reiterarme: “Aténgase a las órdenes que
ya tiene”, lo que posteriormente fue confirmado por una comunicación
telegráfica”.
“No obstante –sigue el coronel Franco- a medida que
nuestra situación empeoraba, se desarrollaba en mi ánimo la resolución de obrar
de acuerdo con mis propios planes. Afortunadamente, mi decisión en ese sentido
fue tomada a tiempo, afrontando todas las consecuencias, cuando faltaban apenas
horas, quizas minutos, para cerrarse el plazo de nuestra ruina total”.
Esta afirmación rotunda del coronel Franco, de haber
tomado por propia iniciativa la decisión del ataque a Yrendagüe, difiere de lo
que ya hemos transcripto y que figura en lo escrito por Pablo Max Insfrán, que
atribuye al general Estigarribia esta orden a partir de la reunión del 21 de
Noviembre.
Franco afirma que en dicha oportunidad Estigarribia le
confirmó la orden de aferrar tenazmente al enemigo descartando cualquier otra
operación. De ahí su decisión de iniciar el ataque por propia decisión sin
salirse de las líneas generales de las operaciones en curso del ejército.
Recordemos que también en Campo Vía, Estigarribia dio la
orden de aferrar a las divisiones bolivianas y que Franco tomó la decisión de
accionar cuando vio que estas podían escurrirse.. La decisión del coronel
Franco dio por resultado la más grande victoria de la guerra con la captura de
las Divisiones IV y IX y un inmenso material de guerra, superior éste al total
de armamentos con que el Paraguay inició la guerra.
Recordemos también que el Coronel Eulalio Fascetti en una
conferencia en el clud de Leones-Salesiano, al referirse a este hecho afirmó
que la decisión del ataque a Yrendagüe fue exclusiva del coronel Franco. En
este sentido también se refirió el coronel Antonio E. González al atribuir a
Franco la decisión de atacar.
No olvidemos que todas las dudas y tergiversaciones sobre
nuestra historia respecto a la guerra del Chaco, surgieron durante la dictadura
colorada-estronista que tanto daño hizo al país y a su cultura histórica. Se
inventaron héroes imaginarios y se negaron sistemáticamente verdades
irrebatibles por odio o envidia.
Así que sigamos con las memorias del Coronel Franco. “Fue
así como en las primeras horas del día 4 de diciembre de 1934, visité en su
carpa al Comandante de la VIII División Teniente coronel Eugenio Garay,
distante de nuestras posiciones unos 60 kilómetros, para instruirle del plan
que tenía proyectado sobre “Picuiba-Yrendagüé”. Me trasladé hasta su puesto de
comando en consideración a su edad, por eso no lo hice venir a la reunión de
comandos que tuvimos en “Siracuas”. No lo consulté, como dijeron algunos
“historiadores” conferencistas de retaguardia o estrategas de café que
pululaban en la post-guerra para ganarse los favores de aprendices de
dictadores que eran lisonjeados como el “líder” o el “único héroe” de la guerra
del Chaco.
Aquí conviene mencionar que efectivamente lo afirmado por
el coronel Franco era bien cierto. Así recordamos haber escuchado conferencias
de Ezequiel González Alsina de Julio P. M. Saldívar que negaban toda la
actuación de Franco en Yrendagüe y se lo atribuían en exclusividad a Garay.
Inclusive negaban que Garay había pedido permiso para retirarse –como lo
veremos más adelante, ya que este nunca dio un solo paso atrás, etc.
Lamentablemente el coronel Garay, un hombre íntegro y valiente ya no vivía para
taparle la boca a estos charlatanes.
Y cuando había que negar, no méritos, sino prácticamente
participación al coronel Franco en la guerra aparecieron otros charlatanes. Así
recordamos a Alejandro Cáceres Almada –especialista en football- en sus famosos
programas de radio Nacional, cuando negó la participación de Franco en la
batalla de Gondra. Tanta molestia causó este hecho que el Dr. Luís G. Benítez
tuvo que salir al aire en la misma radio para poner las cosas en su lugar
afirmando que nadie podía hablar de Gondra sin hablar de Rafael Franco, que
ambos nombres venían entrelazados.
También tenemos el caso del Dr. Antonio Salum Flecha que
en su libro “Historia Diplomática del Paraguay” afirma que la batalla de Campo
Vía la ganó el general Ayala, ex jefe del II Cuerpo, separado de su cargo-aquí
no exploraremos el porqué- meses antes de dicha batalla. Otra burda mentira.
Y este señor Julio Saldívar no solo lo dijo en
conferencias sino que escribió su libro “Yrendagüé” publicado en 1984, que en
su página 55 dice:
“Dejo pues a cargo del comprensivo lector el juicio sobre
la insinuación que hace el general Vega Gaona, de que el Comandante
Divisionario (Garay) había pensado en una retirada. Yo no puedo admitir como
ciertas una intención tan desprovista de base como esa y manos en el lúcido,
frío y esclarecido general Garay”.
De esto puede desprenderse, que Saldívar aparenta
desconocer la única verdad histórica sobre los hechos ocurridos en el ataque a
Yrendagüé. El propio Paí Pérez lo confirma en sus Memorias y repite las
palabras vertidas en los cables y los dichos a sus propios oficiales. Y va más
lejos aún Saldívar, al pretender que Vega Gaona, comandante del regimiento
“Batallón 40” no dice la verdad o miente, conociendo donde estuvo con quien el
comandante de este regimiento. Hacer esta afirmación ya nos da motivos para
decir que era un charlatán que bailaba al compás de los intereses políticos. El
partido al que pertenecía a través de sus voceros pretendió, al igual que los
“legionarios del 70” escribir la falsa historia de una guerra.
Todas estas falsedades no hicieron sino dar mayor gloria
al ilustre vencedor de tantas batallas que ellos desesperadamente pretendían
separar de la historia.
Seguimos con Franco: “Viajé en mi viejo Ford del año 1928
los 60 kilómetros que nos separaban”.
“En dicha oportunidad le detallé la operación proyectada
y que tendría que desarrollarse de inmediato. Para esclarecer mejor esta
historia, la VIII División pertenecía al II Cuerpo. Fue solicitado su concurso,
a raiz de reforzar la maniobra de EL CARMEN, pero terminada dicha batalla, fue
inmediatamente reintegrado el Segundo Cuerpo. Por consiguiente, como comandante
del II C. de E. nada tenía que consultar, pues era mi subalterno.
Esta última aclaración del coronel Franco nos parece muy acertada
y nadie que tenga un poco de sentido común podría discutirla.
“En consecuencia –sigue diciendo Franco- le entregué en
propias manos la orden de operaciones nº 97 dictada el día anterior y que
correspondía a su División, ya para el ataque, y que reza lo siguiente:
La Octava División de Infantería tendrá como misión:
a) Partirá de su base, extremo norte del camino XV el día
5 del corriente a las 18 horas, de tal suerte que pueda alcanzar su primer
objetivo “Yrendagüé” el día 7 a primeras horas de la mañana.
b) Inmediatamente que la VIII División logre su primer
objetivo, la guarnecerá con las tropas indispensables y con el resto, atacará
hacia el “Cruce” (Mr. Long) Picuiba.
c) Como en esta situación, el enemigo de Picuiba tratará
de retirarse de preferencia hacia “27 de Noviembre”, y es factible una acción
del lado de este fortín hacia “El Cruce”, se asegurará de esa dirección
ocupando el citado camino con fuerte destacamento, lo más al norte posible de
“El Cruce”.
d) La conjunción de los caminos XV y XVII y el extremo
Oeste de “Alvarenga”, estarán ocupados por una compañía de fusileros de cada
uno de estos puntos con misión de observación y defensa para la primera y de
ataque para la segunda, por “Alvarenga” hacia el Este.
e) Por si se presenta eventualidad, de que el camino
“Alvarenga” no puede ser habilitado para el abastecimiento de la División la
senda que une el extremo norte de XII con el extremo oeste de “Alvarenga” será
convertida en camionable una vez que la División haya efectuado su primera jornada
de marcha.
f) Adoptará todas las medidas tendientes a impedir que su
operación sea notada por la aviación enemiga, especialmente antes de alcanzar
el primer objetivo asignádole.
“El Cuartel Maestre del cuerpo se encargará de la
alimentación y del restablecimiento de municiones de todas las unidades del
cuerpo, menos la VIII División que lo hará por sus propios medios desde su base
primero, y luego de la intendencia y parque del Cuerpo”.
“Comunicaciones: por radio, con la VIII División, por
teléfonos y estafetas con las demás Unidades del Cuerpo.
Sanidad: Ambulancias quirúrgicas en La Faye. Fdo. Rafael
Franco, coronel y comandante del II Cuerpo”.
Según nos cuenta Franco, una vez que Garay leyó la orden,
preguntó si Estigarribia como comandante en Jefe tenía conocimiento de la
operación proyectada. Franco dice que manifestó al comandante de la VIII
División que dicha operación se encuadraba en los planes operativos del
comandante en Jefe, no se apartaba de las ordenes recibidas. Le recalqué, dice
Franco, que la captura de Yrendagüé va a representar la destrucción total de la
División de Toro. Tampoco olvidé recordarle –dice- que la misión a cumplir
entrañaba mucho riesgo y que, el desideratum eran de vencer o morir. Llegar o
perecer. Que serían 60 kilómetros a recorrer por caminos inexistentes, que se
abrirían al paso de ellos mismos, bajo un sol abrasador. Yo lo conocía muy bien
porque había recorrido anteriormente en persecución del enemigo hacia
Carandayty –dice Franco- y por eso sabía que el plan era riesgoso, pero el
coronel Garay estaba capacitado para cumplirlo al pie de la letra.
El Mayor Lorenzo Medina, comandante del R.I.16 “Mariscal
López” que llegó hasta Charagua con sus soldados, desde su carpa, recordaba
haber escuchado la conversación porque el coronel Franco hablaba en voz
bastante alta y confirma que la conversación se desarrolló en esos términos.
Igualmente Medina recuerda que posteriormente lo vio
pensativo al coronel Garay y que le preguntó si se encontraba bien, a lo que
este respondió luego de pensar un poco:
“Mirá Medina, dicen que del genio a la locura hay solo un
paso, y este nuestro jefe tiene cierta chispa fuera de lo común. Sus argumentos
son serios e irrebatibles y se ajustan a la realidad”.
Evidentemente que para cualquier otro jefe era tan poco
probable hacer esta operación, visto el terreno en que se encontraban, sin
agua, cubierto de arenales y yuquerís achaparrados y espinosos, que nadie que
no fuera RAFAEL FRANCO lo hubiera concebido y llevado a cabo, asumiendo todos
los riesgos y la responsabilidad.
Respecto a esta operación, nos llama poderosamente la
atención lo afirmado por el doctor Salvador Villagra Maffiodo en sus “Memorias”
de que el dilema era encontrar quien podría realizar la hazaña de capturar
“Yrendague” y termina afirmando que “a tal propósito el general Estigarribia
tuvo la lucidez de designar al coronel Garay, al mando de la VIII División de
Infantería”, y que la VIII División seguía dependiendo orgánicamente del
Comanchazo”.
Más aún nos llama la atención de que Garay no lo haya
dicho una palabra a su jefe el Coronel Rafael Franco de esa supuesta
designación, sino que aceptó llevar adelante el plan de operaciones que le
entregó su jefe, con el comentario posterior al mayor Lorenzo Medina que ya
conocemos.
Pablo Max Insfrán en las Memorias de Estigarribia dice
claramente –página 218- que la VIII División pertenecía orgánicamente al II
Cuerpo de Ejército, es decir que dependía para las decisiones a tomar del
coronel Rafael Franco. Dice también Insfrán que Estigarribia ordenó al
comandante del II Cuerpo y de la VIII División se marchara sobre Yrendagüé,
etc.-pagina 331. En ningún momento Estigarribia en esas Memorias dice que se
designó a Garay para dirigir la operación. La designación la hizo el coronel
Franco y la orden de operaciones que este entregó a Garay fue la que se
cumplió.
Así que consideramos a lo afirmado por el doctor Villagra
Maffiodo como un intento más con los que se pretendió luego de la guerra dar
lustre al nombre de Estigarribia restándole méritos a los reales autores.
Volviendo a lo nuestro. Con el mismo criterio Franco ya
había realizado la hazaña de “Campo Vía” que nadie lo consideraba factible en
el Comando en Jefe. Tan imposible era para nuestro Comanchazo que cuando
recibieron al aviso de la gran victoria, sencillamente no lo creyeron, de ahí
que pidieron confirmación no una sino tres veces y luego, lo enviaron al
Teniente Coronel Melgarejo para confirmar que Franco tenía en su carpa a los
coroneles González Quint y Banzer y que las Divisiones bolivianas IV y IX,
prisioneras, desfilaban hacia nuestra retaguardia y los centros de prisioneros.
Es evidente que Franco se tenía confianza y confiaba
también en sus oficiales y soldados que nunca le fallaron y tuvieron el valor
convertir los planes del comandante del II Cuerpo en resonantes victorias.
En la conversación con el mayor Lorenzo Medina, el
coronel Garay le afirmó que el coronel Franco “me convenció y le prometí mi más
decidida colaboración”, y como “el tiempo apremia no se puede esperar un solo
día más”.
Dice el mayor Medina “que a él le consta de oídas, el
diálogo mantenido entre ambos coroneles en la carpa de Garay y que también le
manifestó, poniendo énfasis que la determinación era perentoria y que estaba
dispuesto a lanzarse con su VIII División desde Puesto Estrella en dirección a
Yrendagüé de cuyos pozos de agua se provee todo el Cuerpo de Caballería del
coronel Toro”.
Recuerda el mayor Medina que Garay le dijo “y katú co
cierto oré ruvichá jhehiva”. Entonces preguntó y “cuándo se da comienzo a la
maniobra mi coronel”, a lo que éste respondió “ahora mismo”. “El teniente
Galindo lleva la orden de apresto a las unidades”.
Esta orden decía:
“-Ración de hierro para dos días y dos caramañolas de
agua por hombre –continuó Garay- “Y usted Mayor Medina que se encuentra
enfermo, me entregará su regimiento. Yo lo voy a comandar”.
Dice Medina que cuando escuchó estas palabras de su jefe,
se “incorporó instintivamente de la cama impulsado por una fuerza misteriosa.
Estoy sano, completamente sano mi coronel, yo marcharé con mi regimiento y
estaré a su lado hasta las últimas consecuencias”.
Medina recuerda que Garay “selló con un abrazo ese gesto
espontáneo” y que se puso a redactar la orden de marcha y distribución de las
tropas, que lleva fecha 4 de diciembre de 1934 para dar cumplimiento a la orden
del cuerpo nº 97 del día anterior.
La orden de marcha del coronel Garay, dice:
1) Situación general: El enemigo está formando una línea
defensiva de la cual son puntos conocidos Cururendá, Carosi y Capirenda, contra
esa línea están operando ventajosamente el I y el III Cuerpo.
El II cuerpo tiene delante de él una línea enemiga a
caballo formada así: 5 kilómetros con frente sud, 5 con frente sudeste y 5 ½
con frente sudoeste, con puntos adelantados en el kilómetro 202.
2) Intención del Comando en Jefe del II Cuerpo de
Ejército.
“Destruir al enemigo que tiene al frente”,
3) “Misión de la División 8. Envolver al enemigo por el
Oeste y el Norte y atacarlo por la retaguardia.
4) Comienzo de Ejecución. La D.8 marchará mañana
miércoles 5, a la hora que determinará oportunamente, desde el cruce de los
caminos XV y XVII, siguiendo la prolongación del camino XV hacia el norte. La
primera jornada será hasta 5.000 a 10.000 metros al Sud de la picada Alvarenga.
La segunda jornada será hasta Yrendagué que será tomada y ocupada.
5) El “Batallón 40” formará la vanguardia y dejará un
pelotón reforzado en la Picada Alvarenga, el cual colaborará con el
destacamento Duarte Sosa para dominar totalmente al pique de maniobra que cae
por el norte en el kilómetro 17 de la picada Alvarenga y que está ocupada por
el enemigo. Este pelotón se aprovisionará directamente de la Intendencia de la
División.
6) El R.I. Pitiantuta nº 18 marchará detrás del Batallón
40 y el RI 16 detrás del regimiento Pitiantuta, formando estos dos regimientos
el grueso de la columna.
7) El RI Mariscal López nº 16 destinará hoy mismo una
fuerte compañía que quedará en el cruce de los caminos XV y XVII con misión de
vigilancia sobre todo el oeste y que se aprovisionará directamente de la
Intendencia de la División.
8) La compañía de zapadores de la División hará
camionable la prolongación del camino XV desde el momento en que las Unidades
hayan ejecutado la primera jornada de marcha, es decir desde el día 6 al amanecer
y a más tardar para eso se trasladará hoy mismo a la punta ya camionable del
camino XV.
9) Comunicaciones. Durante la marcha por radio y
estafetas a pie.
10) Servicios. El Hospital de la División sin variación.
Los regimientos llevarán consigo sus cirujanos auxiliares y materiales. El
parque de la División está en el cruce de los caminos XV y XVII. La intendencia
de la división pondrá un puesto de entrega en este cruce hoy mismo.
11) Puestos de comandos. Yo marcharé con las columnas y
haré saber con qué unidad estoy. Los señores comandantes de Unidades y
fracciones en su puesto reglamentario.
Firmado: Eugenio Garay, coronel comandante de la D.8.
Al amanecer del día 5 de diciembre de 1934, el regimiento
“Batallón 40” inició la marcha de la VIII División tal como estaba fijado en la
orden emanada del comandante de la división, cumpliendo así su objetivo cual
era la picada Alvarenga. Antes de llegar la noche, se cubrió la posición con
los retenes adecuados pese a la lejana presencia presencia del enemigo y a la
seguridad de que éste ni idea tenía de la presencia paraguaya en ese lugar.
Comenta el luego general Ceferino Vega que esa noche del
5 no ocurrieron novedades dignas de mencionar. Sin embargo es bien conocido que
nuestros soldados, al parecer sin control alguno y pese a las recomendaciones y
órdenes recibidas, consumieron en exceso sus provisiones y en especial al agua
de sus dos caramañolas, teniendo que reclamar y esto evidentemente antes de lo
previsto, de nuevas provisiones y en especial agua, que como ya se anticipó la
VIII D tenía que recibirlas en su propio servicio de Intendencia establecido en
el cruce de los caminos XV y XVIII.
Repetidos pedidos de reaprovisionamiento fueron remitidos
al Servicio de Intendencia, pero evidentemente el consumo anticipado de la
provisión original, hizo que no se pudiera cumplir de inmediato con los
reclamos.
Así comenzó el avance de la columna durante el segundo
día, es decir el día 6 de diciembre de 1934, pero sin que aún las provisiones
de agua llegaran, o por lo menos en la cantidad requerida para satisfacer a
tanta gente y que sufría la sed por el calor agobiante.
Y fue precisamente durante este día 6 que por lo visto la
situación de desabastecimiento de agua fue considerada extraña y alrededor del
mediodía, el coronel Garay envió un parte a su jefe comunicando que era
imposible continuar adelante por deficiencia en el abastecimiento de agua,
pedido repetidas veces pero no satisfecho en su totalidad.
La respuesta del coronel Franco fue inmediata y clara:
“inmediatamente que reciba esta orden reanudará la marcha hacia su objetivo. Si
Dios quiere, usted y sus tropas deberán suficientemente en Yrendagüé”.
La determinación estaba tomada y como jefe con todas las
de la ley, Garay se decidió a cumplirla, pero antes hizo un famoso comentario a
sus subalternos que gracias al Pa-í Pérez Acosta que lo asentó en sus Memorias,
hoy forman parte real del anecdotario de la guerra del Chaco.
El comentario de Garay fue: “Peina co añamemby oño
entendema ñandejarandive. Pero ikatú co cierto la jhehiva. Jajhá catú lo mitá”.
Y de inmediato con sus oficiales a la cabeza reinició la marcha que ahora sí,
con hambre, con sed, con calor y con extremo cansancio ya sería imparable.
Y aquí volvemos brevemente a la conversación que
mantuvieron Franco con Garay, en la carpa de este último, en la que el
comandante del II Cuerpo no solo ordenó que la operación debía de iniciarse de
inmediato sino que había que anticiparse al enemigo porque este evidentemente
preparaba su golpe contra nuestro cuerpo. La intuición de Franco y su alta
capacidad profesional, le hacían deducir que ese era el camino a seguir por el
enemigo considerando la situación de los ejércitos. Pero la toma de Yrendagüé
trabó todos los planes del coronel Toro. Veremos que pasó.
Durante su largo destierro en el Uruguay, el coronel
Rafael Franco escribió un artículo que lo publicó la revista del Cuerpo de
Aspirantes de la Escuela Naval del Uruguay, en su número 32 de Noviembre de
1959, que se titula “Feliz Destino de las Buenas Causas” o “Las Fuerzas Morales
de la Guerra”. En algunos de sus párrafos Franco dice: “La suspensión de su
marcha en la noche del 5 de diciembre al frente de la VIII División, era en
Garay una cosa insólita, podríamos decir inaudita.
Cuando nuestra victoria parecía depender enteramente como
nunca, de la ejecución matemática de las órdenes operacionales, la firmeza del
coronel Garay, que no conocía vacilaciones, vaciló”.
Y sigue Franco en otra parte: “Como para no creer en el
destino. La demora de un día, que parecía comprometerlo todo, salvó la
situación; una vacilación de un hombre que no vacilaba nunca, y que trastornaba
todas las previsiones, permitió nuestro completo triunfo. Sin aquellas 24 horas
de retardo los acontecimientos hubieran tomado otros rumbos, seguramente no
favorables al Paraguay”.
Qué realmente pasó para que Franco haya dejado esas
reflexiones? Esto es lo que pasó: “Ese mismo día 5 de Diciembre, la 7ª División
de Infantería boliviana iniciaba también sus operaciones desde el sud de
Yrendagüé, sobre el ala izquierda de nuestro II Cuerpo”.
“Si la División del coronel Garay ajena al movimiento de
la citada unidad enemiga, hubiese seguido marchando la noche del 5 de
Diciembre, era fatal que chocase con la columna boliviana en pleno bosque. Sin
agua, sorprendidas en vez de sorprender, nuestras tropas hubiesen sido
indefectiblemente derrotadas. Una simple escaramuza en el camino era suficiente
para malograr el factor sorpresa, esencial para la conquista de “Yrendagüé”.
“Pero aquella demora providencial permitió que ambas
columnas se cruzaran con minutos de diferencia: la cabeza de la VIII División
paraguaya, que iba para atacar “Yrendagüé” pasó rozando la cola de la 7ª
División boliviana que marchaba para atacar el ala izquierda de nuestro II
Cuerpo de Ejército”.
“El comandante de la División boliviana, informado de la
novedad, la transmitió con toda urgencia el coronel Toro por teléfono, a su
puesto de comando en Carandayty…”
“Hay tropas paraguayas en movimiento hacia “Yrendagüé,
decía el comandante de la 7ª División muy alarmado”.
“No puede ser, contesta el coronel Toro, debe tratarse de
alguna patrulla. Tendrían que ser brujos esos paraguayos para atacar
Yrendagüe”. La respuesta final del comandante de la 7ª División fue: “Mi
coronel, no olvide que los paraguayos son capaces de hacer cosas
inconcebibles”.
Y lo hicieron. En Yrendagüe ahora, como antes en Campo
Vía y El Carmen.
Seguimos con el destello de la batalla en sí. Al amanecer
el día 7 la VIII División continuó su inexorable marcha hacia Yrendagüé sin
encontrar resistencia alguna. Es que nadie se imaginaba, en el lado boliviano,
de la presencia paraguaya a pocos metros de distancia.
Al mediodía nuestras avanzadas abandonaron el monte y
cortaron el camino que conducía a Yrendagüé en donde capturaron un camión con
varios soldados y oficiales que fueron hechos prisioneros y que sorprendidos se
encontraron que los nuestros estaban llegando a destino y que ellos no tenían
noticia alguna.
Un poco luego de mediodía cayó en nuestro poder toda la
sanidad boliviana incluyendo a su jefe mayor Médico Hernán Navarro. Y a las 14
horas avanzadas tomaron contacto con los defensores de Yrendagüé.
En todo el frente de ataque, nuestros soldados que veían
la victoria a un paso luego de tantos sufrimientos, la batalla se hizo más
violenta y continua. Los soldados y oficiales del Batallón 40 que fueron los
primeros en llegar, con la ayuda ya de agua que consiguieron de las provisiones
bolivianas capturadas, fue más consistente y continuo.
Avanzaron y se posicionaron para el asalto del día 8.
El día 8 de diciembre, día de la victoria final, apenas
pasada la media noche, cayó en nuestro poder toda la sanidad boliviana
incluyendo su jefe el Mayor Médico Hernán Navarro. De inmediato se tomó
contacto con las últimas defensas de Yrendagüé que fueron dominadas una detrás
de otra, tomándose muchos prisioneros.
Para mediodía del día 8 de diciembre toda resistencia
enemiga había cesado. Yrendagüé estaba en nuestro poder y con el fortín sus
fabulosos pozos de agua dulce.
El parte del comandante del regimiento “Batallón 40” al
coronel Garay dice:
1) “Estoy en el Puerto Yrendagüé…”
2) “En este momento mi tropa toma un poco de agua y
rancho, estaremos esta tarde listos para cualquier empresa”.
3) “Los pozos no funcionan por falta de gente competente
para poner los motores en funcionamiento”
4) “Aquí hay un tambor de nafta de 120 litros más o
menos”.
5) “Víveres, carne conservada hay para toda la División,
lo mismo que azúcar”.
El cuerpo de Caballería del coronel Toro se desintegró.
Dice el coronel Franco: “Fueron salvados de una muerte segura, cerca de 3.000
bolivianos con nuestras reservas de agua y el resto expiró en medio de los más
dramáticos suicidios provocados por el espantoso tormento de la sed, y un sol a
plomo que era difícil de sortear, incluso en la sombra”.
El coronel Franco nos habla de 13.000 hombres en total
para el Cuerpo de Caballería de Toro, lo que nos parece una exageración. Sin
embargo, el general Ceferino Vega Gaona, participante de esa batalla nos dice
que dicho cuerpo está constituido por un total de 12.318 hombres.
No todos habrán estado comprometidos en el mismo sector
del frente, pero la realidad es que todos sufrieron la falta de agua y sin
excepción fueron castigados con una enorme cantidad de bajas. Miles de bolivianos
murieron en la imposible retirada desde Yrendagüé hasta Carandayty. Mejor
hubiese sido para esta pobre gente una rendición, como lo hicieron más de 3.000
hombres que así salvaron sus vidas y fueron muy bien tratados.
El cuerpo de caballería de Toro perdió el 50 % de sus
hombres y más del 60 % de todo su armamento.
Pero lo más simpático es que Toro fue llamado a Villa
Montes para lo que se creyó sería un proceso y castigo, sin embargo fue
ascendido a Jefe de Estado Mayor del comando superior, demostrando así una vez
más su enorme ascendencia sobre Peñaranda.
Anteriormente Toro, ya había sido culpable del desastre
de Ballivián, cuando se opuso a la orden de su jefe el general Peñaranda de
retirarse de este Fortín, aduciendo que era un problema de honor para Bolivia
mantener lo que era considerado como la capital boliviana del Chaco. La verdad
es que cuando quisieron hacerlo ya estaban cortados y optaron por internarse en
la Argentina. Cerca de ochocientos pudieron hacerlo pero más de 200 murieron
ahogados al zozobrar las precarias embarcaciones con que cruzaron el por
casualidad crecido río Pilcomayo.
Nos atrevemos a afirmar que ambos, el coronel Rafael
Franco y el coronel Eugenio Garay fueron dos gloriosos guerreros del Chaco. La
gran diferencia en Yrendagüé radicó en que Franco fue el táctico, organizador,
pensador, mientras que Garay fue la voluntad para impulsar el proyecto y que lo
llevó a un feliz término. Cumplió Garay la orden de su jefe y se demostró a sí
mismo y a los demás que era una tarea difícil de realizar, tal como lo anticipó
el coronel Franco, pero no imposible.
El coronel Franco recuerda en sus memorias que nuestros
soldados salvaron de la quemazón grandes “depósitos de mercaderías, las mejores
de Europa, entre los que se encontraban champagne francés, vinos del Rin,
cervezas en cantidades siderales, todas acumuladas en ese lugar como base de
operaciones de la gran ofensiva que el cuerpo de caballería a mando de Toro iba
a desencadenar sobre nuestros tres cuerpos de ejército, en un jolgorio similar
al que realizaron cuando lo destituyeron a Salamanca…”
Y como final, recordaremos que apenas capturado
Yrendagüé, el coronel Franco ordenó marchar sobre Carandayty, que sería su
nuevo desafío a vencer, lo que realizó como todos sus otros desafíos.
El doctor Salvador Villagra Maffiodo nos recuerda en sus
memorias que “sin perder las proporciones podría parangonarse el famoso parte
de Julio César, el general romano, de Veni, Vidi, Vici, con este otro parte del
coronel Rafael Franco al general Estigarribia: Esta mañana entramos en
Carandayty. Esta tarde seguimos adelante” y agrega el doctor Villagra que
seguir adelante, significaba nada menos que ir a cortar el importantísimo
camino de Villa Montes a Santa Cruz de la Sierra”.
Bien sabemos que los soldados del coronel Rafael Franco
siguieron adelante, cruzaron el Parapití y llegaron a Charagua. Hasta ahí, en
pleno terreno de Altiplano llegó el R.I. 16 Mariscal López comandado por el
Mayor Lorenzo Medina.