... Para mi pareja favorita de enamorados: María Candelaria y Alfonso Luis...
... Y por supuesto para todos los "Pablitos"...
Capítulo 1º
FRUTOS, ANTOJOS Y CAPRICHOS
... Desde el rincón en el que se encontraba, Sergio no pudo evitar oír la conversación de dos individuos que ocupaban la mesa colindante en el restaurante en el que almorzaba habitualmente. Aparentemente, aquellos dos hombres hablaban entusiasmadamente de sus mascotas: sobre su educación, alimentación y crianza. En un momento determinado, uno de ellos le recordó a su acompañante:
- ¡Cuando lo has educado correctamente desde cachorro, puedes estar absolutamente seguro de que ese perro jamás te dará problemas!- Escuchó nítidamente Sergio en boca del más anciano de los interlocutores, que reflejaba una total convicción al expresar dicha teoría.
- ¡Pero si la mayoría de las personas no están capacitadas ni para criar y educar a sus propios hijos, que son de su misma especie!, ¿como van a poder hacerlo con un animal?- Comentó en tono sarcástico el más joven. Luego, los dos rieron al unísono. Lo cierto es que Sergio compartía con aquellos dos desconocidos el mismo punto de vista, hasta el extremo de tener que reprimirse para no llegar a entrometerse en la conversación ajena. Él opina: "edúcalos como adultos o siempre serán niños".
... Tras su repentino y traumático divorcio, Sergio había abandonado su domicilio en la gran ciudad para trasladarse a un pequeño pueblo pesquero del sur de la provincia. Deseaba olvidar su pasado más reciente y comenzar una nueva vida en algún lugar que no le recordara constantemente a su ex-mujer. Su lamentablemente truncada experiencia matrimonial le había dejado secuelas misóginas. Realmente, en ningún momento llegó a replantearse su sexualidad, simplemente perdió temporalmente el interés por completo: ya no le apetecía en absoluto.
... Entre los nuevos vecinos de Sergio se hallaba Estefanía: madre soltera, supuestamente vegetariana, amante del yoga, la naturaleza domesticada y, por qué no decirlo, de la estupidez también. Vivía precisamente debajo de la vivienda de Sergio: en la primera planta de un edificio de cuatro pisos, en el que la mitad de los inquilinos sólo aparecían de cuando en cuando, principalmente durante el verano o algún que otro fin de semana esporádico. Desde un principio, Sergio procuró evitar el trato con todos ellos, intentando no darle confianza a ninguno de sus vecinos, con el fin de que no se inmiscuyeran en su vida privada ni le interrogaran indiscretamente sobre su pasado, ostensiblemente, existen seres humanos desmesuradamente curiosos y entrometidos. Aunque a Pablito se le puede perdonar; por él, Sergio siente un afecto muy especial...
Capítulo 2º
PABLITO
... Pablito es el desafortunado hijo de Estefanía. Tiene siete años de edad y probablemente jamás llegará a conocer a su padre, puesto que ni tan siquiera su madre sabe exactamente quién es. Tras regresar andando de la escuela, suele pasar la práctica totalidad del día sólo o en compañía de los otros chicos de los alrededores: jugando en la calle o en el zaguán de su edificio y en los colindantes, mientras espera la llegada de su malhumorada madre, que trabaja como dependienta de una herboristería en otro municipio.
... Sorprendentemente, Pablito es un niño sociable y encantador. Diariamente saluda educadamente a todos los adultos con los que se cruza, sobre todo a los varones, con los que hasta intenta entablar animadamente algún tipo de conversación, aunque generalmente ellos le ignoran o tratan con fría y cruel indiferencia. El carácter de Pablito denota principalmente una gran falta de afecto, de comprensión, protección tangible y compañía; además de evidenciar la lógica carencia de una imagen paterna a la que imitar, respetar y admirar. Sergio conversa con el niño casi a diario. Cuando regresa por las tardes a su apartamento suele encontrarlo sentado en los escalones del portal, aguardando resignada y pacientemente a su madre; la cual en ocasiones se demora más de la cuenta porque se entretiene hablando con las compañeras al salir de su clase de yoga, o porque tiene "cosas" muy importantes que hacer.
- ¡Hola Sergio!, ¿cómo te fue hoy el día?- Interroga cotidianamente el niño a su vecino, que cariñosamente acaricia la cabecita del crío antes de responderle a todas y cada una de sus interminables preguntas:
- ¡Agotador!, ¿y tú, qué tal?, ¿cómo te fue en el colegio?- Se interesa también Sergio como de costumbre, continuando luego por improvisar algún breve diálogo trivial con el pequeño, que entusiasmado, procura alargar la charla lo más posible, acompañando incluso en ocasiones a su vecino escaleras arriba hasta la puerta de su apartamento; aunque deteniéndose intermitentemente para volver la cabeza hacia atrás y agudizar el oído, por temor a que su madre aparezca en ese momento y lo descubra hablando con el hombre. Una vez lo encontró con él y Sergio pudo escucharla posteriormente reprendiendo severamente al niño; el sonido se traslada con mucha facilidad de una vivienda a otra por los conductos de ventilación del edificio o por los patios interiores.
- ¿Cuántas veces te he dicho que no quiero que hables con desconocidos?- Le gritó la mujer a su hijo, antes de continuar con su insoportable repertorio reiterativo: recordándole al niño un sinfín de bajezas del ser humano por las cuales él no debería confiar jamás más que en ella. Estefanía piensa abiertamente que todos los hombres son despreciables; algo que desde siempre se aseguró de hacer saber a su hijo; al parecer ha olvidado, o tal vez hasta ignora, que su pequeño es de dicho sexo. Le hace prometer al niño que nunca se separará de ella ni la dejará sola, a pesar de que es algo que la mujer practica a diario con el crío.
- ¡Ojalá fueras mi padre!- Le confesó Pablito emotivamente a su vecino Sergio al día siguiente. Pero, por supuesto, desde el punto de vista de Estefanía, el niño no necesita para nada un padre, porque para eso tiene a su madre, que lo quiere muchísimo y sabe perfectamente lo que es mejor para él...
Fin
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