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Para Liliana Magee, con muchísimo afecto...
Capítulo
único
¿INDECISO?
- ¡El término medio es para los indecisos, mamá!- Le recordó el muchacho como de costumbre a su angustiada madre.
... Daniel sabe perfectamente diferenciar lo que le gusta y lo que no; no soporta a las personas que dudan constantemente, principalmente porque son las primeras en reprocharle siempre su aparentemente innata capacidad para tomar decisiones: la absoluta seguridad que él ha mostrado desde niño a la hora de tener que decantarse por cualquier opción o alternativa, suele irritar a la gran mayoría de sus semejantes. La generalizada fragilidad de la autoestima, la carencia del conocimiento sobre uno mismo y los temores generalmente infundados, generan un sinfín de dudas en la gente ante cualquier situación arquetípica o cotidiana, impidiéndoles tomar simples determinaciones; al contrario que a Daniel, que habitualmente muestra una total convicción.
... A Daniel, lógicamente, le impacientan terriblemente los indecisos. Sin embargo, el indeciso hace uso de su derecho a la libertad, puesto que en efecto, la libertad no consiste únicamente en tomar decisiones, pese a las presiones del entorno, sino también ampara la posibilidad de no tomarlas. Además, y paradójicamente, los indecisos suelen llegar a ser tantos que normalmente condicionan el resultado de las acciones de los demás.
... Vivimos en un mundo que nos exige que tomemos decisiones, y que lo hagamos con rapidez. El apremio de la vida moderna es tal, que puede que en muchas ocasiones los indecisos sean mal mirados. Hasta suele admirarse y preferirse a las personas decididas, independientemente de la calidad de las decisiones que tomen. La impaciencia para con los indecisos es comprensible. Ellos entorpecen el tráfico de todo, nos confunden y nos hacen perder el tiempo, principalmente a las personas serias que toman decisiones firmes. Se les podría equiparar con el "Asno de Buridan".
... El eminente filósofo medieval Jean Buridan, teólogo escolástico discípulo de Guillermo de Ockham, popularizó la historia de un burro que cuando le ofrecieron dos haces idénticos de heno, su mirada osciló de un montón al otro y, no percibiendo ninguna diferencia entre ambos, no pudo tomar una decisión. Resultado: murió de hambre. La importancia de la toma de decisiones en todos los órdenes de la vida es tal, que se ha construido toda una teoría acerca de ella. Desgraciadamente, se puede demostrar que esta teoría no sirve para nada más que ganarse la vida enseñándola en alguna facultad. Además, dicha teoría da por sentado que no hay lugar para la indecisión ni, por lo tanto, para la inacción. Pero está clarísimo que lo hay...
... Empecemos por lo obvio. Los esclavos, los presos, los militares, los sacerdotes y los militantes de organizaciones gubernamentales o clandestinas, jamás podrán decidir libremente. Deberán hacer todo lo que se les ordena o lo que decidan sus superiores: esos que les gobiernan. Se suele creer que la libertad consiste en el poder de decidir lo que a uno se le antoja. Pero, si así fuera, no habría realmente libertad, ya que incluso los más poderosos tienen limitaciones: algunos teólogos bizantinos sostenían que ni el propio Dios podría alzarse jalando sus sandalias, cordones de zapatos, o lo que quiera que se lleve en el reino celestial. Según el famoso sabio alemán Gottfried Leibniz, Dios puede hacer cuanto quiera salvo contradecirse. Y todos los sicilianos saben que incluso el "Capo" de la Mafia debe sujetarse al código de los "hombres de honor", so pena de caer en desgracia. Pero si la libertad no consiste en poder decidir lo que uno quiere... ¿entonces qué es?
... Según parece, la libertad es el poder de no tomar una decisión cuando uno no desea tomarla. Es decir, ser libre es poder ser indeciso cuando a uno se le antoje, con razón o sin ella. Aunque esta tesis tiene algunas consecuencias interesantes: nuestra redefinición provisoria del concepto de libertad es que, cuando la opinión pública está polarizada, quienes zanjan la cuestión son los indecisos. Por ejemplo: nuestro destino político está en manos de los indecisos. Precisamente el segmento de la población que menos vocación tiene para decidir. Sin embargo, admitamos que la concepción de la libertad como capacidad de no tomar decisiones es parcial e incluso sofisticada, de hecho la libertad total es ilusoria. Sólo podemos aspirar a gozar de libertades limitadas, porque la pertenencia a cualquier círculo o sistema social nos impone obligaciones.
... Recordemos dos máximas morales pertinentes: una de ellas es "Tu libertad termina donde empieza la mía". O sea, tienes derechos, pero éstos no son irrestrictos, sino que están limitados por los derechos ajenos. Este principio condiciona la libertad, impidiendo que los derechos se conviertan en privilegios; el segundo principio también limita o condiciona la libertad. Reza así: "Todo derecho implica un deber". Por ejemplo, mi derecho a transitar por la calle acarrea el deber de no ensuciarla, para que otros puedan ejercer el mismo derecho. Y mi derecho a votar implica el deber de emitir un voto informado. El motivo es claro: mi voto puede influir en el resultado de las elecciones, que a su vez nos afectará a todos. El ejercicio de la libertad involucra el derecho a la indecisión, aunque, sin embargo, también nos impone el deber de tomar decisiones. Pero... ¿cómo se compaginan el derecho y la obligación?
Fin
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