Nota preliminar: Puedes leer la obra "En la sangre" accediendo al siguiente enlace.
Delivered
at the 1995 meeting of the Latin American Studies Association, The Sheraton
Washington, September 28-30, 1995.
No part of this work may be reproduced in any form without the permission of the author.
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| Eugenio Cambaceres |
Desde su aparición a fines del siglo XIX, la obra de Eugenio Cambaceres
ha sido adscripta al naturalismo literario. Ya en las polémicas literarias
desatadas por Sin rumbo en 1885 se califica a esta novela de "naturalista"
(Blasi 32). Esa calificación se mantiene hasta la actualidad y gran parte de la
crítica que se ha focalizado En la sangre lo ha hecho desde esta
perspectiva.
Ahora bien, ¿sobre qué presupuestos podemos clasificar a una obra como
naturalista? Baguley (15-16) habla de tres aproximaciones posibles: la primera
relaciona al naturalismo con su contexto filosófico (una visión materialista y
mecanicista que asimila al hombre con las leyes deterministas de la
naturaleza). La segunda tendencia insiste en que el naturalismo es un método;
según las palabras de Zola, un mútodo científico consistente en trasladar los
mecanismos de investigación de la ciencia a la literatura. Finalmente, la
tercera postura hace hincapié en postulados miméticos: el discurso novelístico
debe ser real, contar la vida tal como es. Por lo tanto, esta tendencia
considera al naturalismo como un arte del cual las convenciones, el género, los
códigos poéticos y las formas deben ser "purgadas", vale decir una
literatura que pretende despojarse de todas las construcciones poéticas.
Teniendo en cuenta estas tres tendencias, resulta claro que En la
sangre fue catalogada como novela naturalista ciñéndose casi exclusivamente
a la primera postura. Cambaceres mismo señala que piensa "como los sectarios
de la escuela realista que la exhibición sencilla de las lacras que corrompen
el organismo social es el reactivo más enérgico que contra ellas puede
emplearse" ("Dos palabras" 79). Por otro lado, los críticos han
marcado la evidencia con que Cambaceres se ciñe a los postulados deterministas.
Apter Cragnolino concluye al referirse a En la sangre con la afirmación
de que "la herencia biológica vence la bondad del medio" (54). En
este trabajo me propongo demostrar que Cambaceres se aparta del concepto determinista
del naturalismo y que sus planteos narrativos revelan conflictos de transmisión
del poder a través del sexo y de la sangre, aspecto que enfocaré siguiendo los
planteos de Foucault en su Historia de la sexualidad.
Retornando a las tres diferentes aproximaciones al naturalismo, si hay
en Cambaceres una comunicación con los postulados filosóficos, no ocurre lo
mismo con respecto al método y a la poética. Ya se ha señalado con detenimiento
la poca caracterización de los personajes en la novela, fundamentalmente de
Genaro, y la marcada predisposición con que éste es descripto, como señala
Fishburn (74): nada más alejado de lo que debería ser la imparcialidad y
minuciosidad de un "lenguaje científico".
Lo mismo ocurre con respecto a los postulados poéticos del naturalismo.
Es cierto que se cumple en la novela uno de los requisitos fundamentales de la
narración naturalista: Apter Cragnolino señala la presencia de un
"narrador informado, que se supone en comunicación con un lector que es
tan inteligente como él, y analiza un mundo subyugado por las leyes del
determinismo.En ese mundo, los personajes que son objeto de su observación
actúan sin tener conciencia clara de las consecuencias de los actos que
realizan, ya que carecen de la lucidez que es propia de quien cuenta la
historia" (48).
Sin embargo, la voz del narrador informado en la novela en cuestión
está en contraposición constante con la voz del personaje.
Onega indica que "Cambaceres pone en el personaje lo que le sirve
para impugnarlo, le mete palabras y gestos convenientes para afirmarse en su
propia ideología" (74); el narrador posee una omnisciencia que no sólo le
permite conocer todo sino también emitir juicios que precondicionan y
descalifican los parlamentos del personaje. Por ejemplo, cuando Genaro es
rechazado en el Club del Progreso, su diatriba contra la clase dominante es
descalificada de antemano: "fue el despecho de la envidia, la rabia de la
impotencia, un bajo estallido de odios, lo que brotó de su labio" (156-7).
Este intento de desacreditar a su personaje lleva a Cambaceres a perder
de vista la "voluntad de realidad" del naturalismo, y la narración
incluye una serie de eventos que resultan inverosímiles de acuerdo a los
parámetros socio-económicos de la época y a las características de los
inmigrantes italianos. ¿Qué padre ciegamente dedicado al trabajo hubiera
permitido que su hijo anduviera relacionado con los bajos fondos de la
delincuencia, en vez de tenerlo trabajando a su lado? Lo mismo respecto a la
educación de Genaro: como demuestran Germani y Cornblit, es cierto que los
inmigrantes realizaron progresos muy importantes en sus posiciones sociales y
económicas, pero a costa de gran sacrificio, y siguieron prácticamente
excluídos de las posiciones de poder económico, que permanecieron en manos de
la élite (Germani 309). Además esos mismos inmigrantes fueron muy remisos a
participar en el proceso político de su nuevo país e incluso a nacionalizarse
como argentinos (Cornblit 233).
Es al considerar estos hechos que empezamos a percibir la transgresión
de Cambaceres a los postulados naturalistas convencionales. Ya Jitrik, Onega y
Rusich señalaron cómo el naturalismo de los autores del 80 tenía como propósito
"mantener el status quo y los privilegios de su clase y no la transformación
de la sociedad en una sociedad más justa y humana" (Rusich 49) como lo
postulaba Zola.
Sin embargo, esta transgresión de Cambaceres va aún más lejos, porque
no sólo no responde a la ideología socialista de Zola (a la que por otro lado
Cambaceres, como representante de la oligarquía argentina, nunca adscribió)
sino que deja de lado los postulados mecanicistas y de herencia a los que
adscribe en su mismo discurso literario.
Cuando Genaro expresa: "¿por qué había sido arrojado al mundo
marcado de antemano por el dedo de la fatalidad, condenado a ser menos que los
demás, nacido de un ente despreciable, de un napolitano degradado y ruin?"
(62) está dando por sentado que toda su desgracia proviene directamente de su
padre y de que "el oportunismo y la falta de escrúpulos se heredan"
(Bastos 55). Sin embargo, si observamos con detenimiento las figuras de Genaro
y de su padre, podemos darnos cuenta de que la presunta herencia no es tal.
El padre, que ni siquiera tiene nombre, sino que es nombrado por su
"profesión" de tachero, aparece descripto en una forma totalmente
negativa y sus rasgos intensificados son su avaricia, su falta de sensibilidad
e inteligencia y su dedicación obsesiva al trabajo. ¿Cuáles de estos rasgos se
repiten en Genaro? La avaricia aparece reemplazada por una voracidad por tener
dinero para gastarlo a manos llenas y en vez de un espíritu trabajador, nos
encontramos con un espíritu indolente, incapaz de persistencia y de esfuerzo
productivo. Mientras el padre consigue una pequeña fortuna a partir de la nada,
Genaro dilapida dos fortunas, la de su padre y la de su suegro.
En ese sentido, el tipo de actitud de Genaro hacia la vida se parece
más a la de otro personaje de Cambaceres, el Andrés de Sin rumbo, que a
la de su padre. A lo que Genaro aspira es a un progreso social totalmente
diferente del pretendido por su padre: mientras que el tachero se eleva de la
nada a poseer una fortuna sobre la base del ahorro, el trabajo y el sacrificio,
el hijo prefiere la vía rápida de la corrupción y el engaño. ¿Para qué? Para
intentar parecerse a la clase alta de la cual Andrés es un típico
representante.
Como señala Uhlí , en la formación de la personalidad de Genaro es más
importante la determinación social que la determinación genética (234). Salessi
también contribuye a esta postura al observar cómo Genaro ha recibido una
educación "nacional", tendiente a apartar al hijo de inmigrante de su
familia (256). Vemos así que los males que porta Genaro no provienen de una
carga hereditaria, sino del contexto social y más específicamente de la
imitación de la clase que lo desdeña.
Como expresa Onega (71), se manifiesta aquí el proceso por el cual el
rechazado termina por identificarse con el agresor y adopta así la imagen
degradada de s‰ mismo que le transmiten los otros. El problema de Genaro no
está en la imagen de sí mismo que ha heredado sino en la imagen de sí mismo que
ha adquirido en contacto con los poderosos.
Conviene aquí plantearse quiénes son estos poderosos a los que
representa la voz narratorial. Hacia fines del siglo XIX, Argentina estaba
dirigida por una oligarquía terrateniente, formada principalmente por
estancieros que habían acumulado grandes extensiones de campo en las luchas
contra el indio y en sucesivos avatares políticos. A esta clase pertenece el
suegro de Genaro, "poseedor de una de esas fortunas de viejo cuño,
donación de algún virrey o algún abuelo, confiscada por Rosas, y decuplada de
valor después de la caída del tirano" (126). Esta oligarquía proveniente
de "gauchos brutos, baguales, criados con la pata en el suelo, bastardos
de india con olor a potro y de gallego con olor a mugre" (157), segßn la
diatriba de Genaro, pretendió convertirse en una aristocracia, o sea "un
grupo que lidera a la nación por derecho propio y 'natural' basado en la pretendida
excelencia espiritual de sus miembros" (Apter Cragnolino 47).
Esta dualidad conflictiva entre burguesía y aristocracia da una
relevancia especial a dos elementos de poder en las novelas de Cambaceres: el
sexo y el dinero. Respecto al sexo, hay visiones totalmente diferentes en Sin
rumboy En la sangre ; por un lado, el sexo como
posibilidad de placer le pertenece sólo a la clase alta: Andrés, en Sin
rumbo , tiene una vida sexual muy activamente detallada por el
narrador, mientras que respecto a Genaro, no conocemos prácticamente nada de su
vida sexual.
Esto se corresponde con lo que Foucault señala respecto a la
valorización del sexo como propio de las clases dominantes, como una
"trasposición . . . de los procedimientos utilizados por la nobleza para
señalar y mantener su distinción de casta" (151). De acuerdo a esto, las
clases bajas no tendrían "derecho" al sexo. Sin embargo, hay en el
juego entre sexo y sangre en la obra de Cambaceres la misma ambigüedad que hay
entre aristocracia y burguesía en la clase a la cual el autor pertenece.
La "aristocracia" del 80 cree en la transmisión del poder a
través de la sangre, por las ascendencias y los juegos de alianzas (Foucault
151). Genaro, al violar a Máxima y acceder al poder de esa clase --al que paradójicamente
puede acceder porque es un poder burgués, el del dinero-- instaura una
transmisión del poder a través del sexo y no ya de la sangre.
La irrupción de Genaro implica la entrada a lo que Foucault llama
" una sociedad del 'sexo' o, mejor, de 'sexualidad': los mecanismos del
poder se dirigen al cuerpo, a la vida, a lo que la hace proliferar, a lo que
refuerza la especie, su vigor, su capacidad de dominar o su aptitud para ser
utilizada" (178-79).
Aunque Cambaceres y toda su clase lo denigre, Genaro representa esa
capacidad de adaptarse --"la astucia felina de su raza" (71)-- para
llegar al triunfo, condición que Andrés, el personaje de la novela anterior, ha
perdido.
No solamente son dos formas de transmisión del poder las que están en
juego, sino que la forma de mantenimiento de ese poder es dual. Desde el punto
de vista de la "aristocracia criolla", se trata de un poder netamente
burgués basado en la acumulación de capital y la posesión del dinero pero
combinado con la modalidad de la nobleza de la descendencia a través de
relaciones sanguíneas (la idea de la "pureza" de sangre y del valor
de la ascendencia netamente criolla). Pero mientras Andrés sigue una política
económica pasiva --su fortuna se basa en la multiplicación natural de los
animales--, Genaro representa la audacia, la inversión, el dinero puesto en
circulación y movimiento: su conquista de Máxima combina las dos cosas, sexo y
dinero. Si lo que decide el casamiento es la violación de M¸xima, Genaro puede
llegar a esa violación gracias a la inversión monetaria que realiza para dar la
impresión de ser una persona rica.
Podrá decirse que Genaro pierde todo, pero ¿qué puede ser esto sino la
venganza de un narrador asustado ante el poder que es capaz de demostrar este
advenedizo? Y en los finales de las dos novelas se trasunta el pesimismo de ese
narrador: mientras Sin rumbo termina con Andrés muerto por su
mano y sin descendencia, En la sangre termina con Genaro que
ha encontrado otro recurso para sobrevivir, la violencia, y es capaz aún de formular
el desafío: "te he de matar, un día de estos, si te descuidás!"
(290).
¿Por qué "si te descuidás"? Porque Cambaceres parece tener el
propósito de impedir que otros cometan el error del padre de Máxima, quien se
reconoce "un gran culpable" (216) por la violación de su hija al no
haberle cerrado a Genaro las puertas de acceso a su casa, y por ende a su
clase. Sin embargo, es posible concluir a través de los finales de las obras
cuán poco creía Cambaceres en la posibilidad de salvación de su clase.
La aristocracia y el valor de la sangre han
fracasado en los dos niveles sociales. En la clase alta, porque el sexo ha
vencido a la sangre en cuanto forma de transmisión del poder; en la clase baja,
porque la supuesta transmisión hereditaria de las taras no es tal: Genaro no es
igual a su padre sino que es igual a la clase alta que quiere imitar. La
metáfora final de Genaro pegándole a Máxima al grito de "te he de
matar" expresa más que claramente el miedo de una clase (la de Cambaceres,
no la de Genaro) que se siente desplazada y amenazada por elementos foráneos
que se están introduciendo en su cuerpo antes percibido como homogéneo.
Obras citadas
Apter
Cragnolino, Aída. "Ortodoxia naturalista, inmigración y racismo en En la
sangre de Eugenio Cambaceres". Cuadernos Americanos 3.14
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