- Texto original escrito en el idioma portugués por Jefferson Figueiredo para el portal Ilisp.
- Traducido al español por Dyefersson Richter para Cultus Sapientiae.
Aún hoy, Marx es considerado un personaje ilustre, de una forma u otra. Infame para liberales, gran profeta para socialistas, el pensador alemán ha sido uno de los hombres más influyentes del mundo (en especial porque algunos de sus seguidores han tenido el poder en decenas de países durante el último siglo, dividiendo el mundo con una batalla ideológica entre socialismo y capitalismo.Nuestra intención aquí es presentar algunas de sus teorías falseadas, con un pequeño resumen de cómo éstas se han mostrado equivocadas.
1 – La farsa de la “Lucha
de clases”
Seguimos viendo todavía hoy muchos creyentes de la ideología marxista sosteniendo variantes de la misma idea, presentando modificaciones creadas para dar vuelta a problemas de la teoría marxista, que con el tiempo se mostraban completamente equivocadas. Quizás el mejor ejemplo de ello sea la idea de “lucha de clases” entre proletarios y burgueses que, gradualmente, abre cancha para las más diversas luchas de grupos: raza, genero, credo, entre otras.
Se camba la idea, pero la esencia permanece la misma: la sociedad es dividida en grupos (castas) en que unos son dominantes (opresores) y otros subyugados (oprimidos). La idea es luchar por los intereses del segundo grupo para derrumbar así al primero.
El problema es que el capitalismo no es un sistema definido en castas rígidas, donde el gran culpable por el individuo que está en a base de la pirámide no ascender en la jerarquía sea el propio sistema. Mises explica que el capitalismo (de libre mercado), en realidad, permite que los individuos no solamente asciendan, como también desciendan en esta escala supuestamente arbitraria de clases. Y esta era hasta entonces una concepción inédita en la historia de la humanidad: el capitalismo ha sido el primer sistema económico adoptado en larga escala a permitir la movilidad social. Miembros de la base de la pirámide que obtienen éxito en suplir las demandas de la población, mejoran su situación económica. El efecto contrario puede suceder a los más ricos, como afirma Mises:
“Para los ricos que ya tengan posesión de sus riquezas, no existe cualquier razón especial para desear la preservación de un sistema de libre competencia, abierto a todos; particularmente, si es que no ganan ellos mismos sus fortunas, pero heredan, tienen más a temer que a esperar la competencia. De hecho, demuestran interés especial en el intervencionismo, que siempre posee la tendencia de preservar la existente división de las riquezas entre los que ya las poseen. En contrapartida estos mismos ricos no pueden esperar cualquier tratamiento especial del liberalismo, un sistema que no presta cualquier atención a reivindicaciones de tradiciones consagradas por el tiempo, propuestas por intereses investidos de riqueza establecida.”
El capitalismo de libre mercado es un sistema dinámico de ascensión y queda sociales. Es más: es un sistema que enriquece continuamente a la sociedad como un todo. El ciudadano más pobre del actual continente europeo vive con más confort que cualquier rey de la edad media.
La sociedad no solamente no es formada por castas, como tampoco es conflictiva entre sí. Lo que tenemos son individuos trabajando para suplir las demandas de otros individuos para que, a través de dichos intercambios, puedan mejorar sus propias condiciones.
2 – La farsa de la relación de “exploración” entre empleadores y trabajadores.
Buena parte de la teoría marxista está centrada en tratar las relaciones entre empleadores y trabajadores de siguiente manera: demostrar que existe una relación de exploración entre ambos. Este es posiblemente el principal pilar de las teorías de los pensadores socialistas, no apenas de Marx.
Para Marx, la exploración es fundamental para que el capitalista logre sostenerse. Sin explorar, se va a bancarrota. Más todavía, el hecho de que sea el dueño de los medios de producción le otorgará poder para explorar el proletario, dado que este último no posee elección: o trabaja en las condiciones arbitrarias del dueño de los medios de producción o muere de hambre. Si tuviese poder adquisitivo, los propios proletarios tendrías sus medios de producción garantizados y así, mejorarías sus condiciones, porque trabajarías para sí mismos.
Aquí encontramos dos
grandes equivocaciones. Se ignora en primer lugar que la competitividad entre
distintas empresas le obliga al empresario a pelear por los mejores
funcionarios – ocurre fundamentalmente para aumentar su propia eficacia,
mejorar la calidad de su servicio y por ende, mejor responder las demandas de
la sociedad. -
Esta pelea sugiere ofrecer las mejores condiciones de trabajo posibles para determinado empleado, obligando a la competencia a aumentar sus sueldos y mejorar sus beneficios. De esta manera y en contra de lo que dice la teoría marxista, beneficia a los trabajadores como un todo. Basta con que analicemos fríamente la historia: los sueldos continuamente tienden en aumentar, nunca bajar, especialmente cuando hablamos de países con una economía más libre. Durante este medio siglo, el rendimiento real per-capita solamente ha caído en seis países (Afganistán, Haití, Congo, Liberia, Sierra Leona y Somalia). En los demás, crecieron. Los ricos fueron más ricos, pero los pobres obtuvieron mejores condiciones a la misma par. Los pobres del mundo en desenvolvimiento han aumentado su consumo dos veces más rápido de que el mundo como un todo entre los años de 1.980 – 2.000. Aun considerando que la población mundial haya duplicado en estas últimas cinco décadas, incluso el porcentaje de personas que viven en absoluta pobreza disminuyó más de la mitad – para menos de 10%, por primera vez en la historia de la humanidad.- Así, aunque el trabajador no tuviese elección a no ser trabajar en los empleos estipulados, la competencia inherente entre las empresas obligaría a empresarios a que valoraran las condiciones del trabajador.
En lo demás, ¿Quién dijo que al trabajador le gustaría estar en la condición de empresario? Debemos considerar algunas atribuciones: preocupación con las ganancias, con los sueldos, con la ardua burocracia estatal, con los cálculos impositivos, con la variación natural de los precios de insumos, elegir las mejores inversiones, saber aprovechar las oportunidades comerciales, ponerse firme ante caídas de demanda en situaciones inflacionarias, cumplir las regulaciones más irracionales posibles, atender al mercado de la forma más competitiva y todavía tener que laburar en algún proceso productivo de la empresa – sobre todo en pequeñas y medianas empresas.- Estas son algunas atribuciones cotidianas de un empresario. Es un hecho que muchos, proporcionalmente a su crecimiento, comienzan a delegar sus funciones, empleando personas para sus atribuciones primarias. Aun así no hay como delegar a terceros la parte más importante de todas: la de asumir riesgos. Si la empresa entra en declive, quien está en pérdida es el empresario. Quizás él pueda optar por recortar su personal para atenuar los costos – lo que es terrible para el empleado liquidado -, pero aun así, el empleado recibirá su liquidación laboral correspondiente y buscará otro empleo.
Mientras tanto, La ocupación del empleado es cumplir con su puesto. Normalmente implica que su única preocupación sea una función específica y por ello, recibir su correspondiente sueldo, independiente de la ganancia o perjuicio del empresario. Es cierto y cabe resaltar, algunos empleos demandan varias funciones y por encima habiendo personal que posee condiciones precarias de trabajo, pero considerando los hechos, estas son condiciones en seguido proceso de mejorías, especialmente y se reitera: en países con la economía más libre.
Esta pelea sugiere ofrecer las mejores condiciones de trabajo posibles para determinado empleado, obligando a la competencia a aumentar sus sueldos y mejorar sus beneficios. De esta manera y en contra de lo que dice la teoría marxista, beneficia a los trabajadores como un todo. Basta con que analicemos fríamente la historia: los sueldos continuamente tienden en aumentar, nunca bajar, especialmente cuando hablamos de países con una economía más libre. Durante este medio siglo, el rendimiento real per-capita solamente ha caído en seis países (Afganistán, Haití, Congo, Liberia, Sierra Leona y Somalia). En los demás, crecieron. Los ricos fueron más ricos, pero los pobres obtuvieron mejores condiciones a la misma par. Los pobres del mundo en desenvolvimiento han aumentado su consumo dos veces más rápido de que el mundo como un todo entre los años de 1.980 – 2.000. Aun considerando que la población mundial haya duplicado en estas últimas cinco décadas, incluso el porcentaje de personas que viven en absoluta pobreza disminuyó más de la mitad – para menos de 10%, por primera vez en la historia de la humanidad.- Así, aunque el trabajador no tuviese elección a no ser trabajar en los empleos estipulados, la competencia inherente entre las empresas obligaría a empresarios a que valoraran las condiciones del trabajador.
En lo demás, ¿Quién dijo que al trabajador le gustaría estar en la condición de empresario? Debemos considerar algunas atribuciones: preocupación con las ganancias, con los sueldos, con la ardua burocracia estatal, con los cálculos impositivos, con la variación natural de los precios de insumos, elegir las mejores inversiones, saber aprovechar las oportunidades comerciales, ponerse firme ante caídas de demanda en situaciones inflacionarias, cumplir las regulaciones más irracionales posibles, atender al mercado de la forma más competitiva y todavía tener que laburar en algún proceso productivo de la empresa – sobre todo en pequeñas y medianas empresas.- Estas son algunas atribuciones cotidianas de un empresario. Es un hecho que muchos, proporcionalmente a su crecimiento, comienzan a delegar sus funciones, empleando personas para sus atribuciones primarias. Aun así no hay como delegar a terceros la parte más importante de todas: la de asumir riesgos. Si la empresa entra en declive, quien está en pérdida es el empresario. Quizás él pueda optar por recortar su personal para atenuar los costos – lo que es terrible para el empleado liquidado -, pero aun así, el empleado recibirá su liquidación laboral correspondiente y buscará otro empleo.
Mientras tanto, La ocupación del empleado es cumplir con su puesto. Normalmente implica que su única preocupación sea una función específica y por ello, recibir su correspondiente sueldo, independiente de la ganancia o perjuicio del empresario. Es cierto y cabe resaltar, algunos empleos demandan varias funciones y por encima habiendo personal que posee condiciones precarias de trabajo, pero considerando los hechos, estas son condiciones en seguido proceso de mejorías, especialmente y se reitera: en países con la economía más libre.
3 - La
farsa de la ley de hierro de los sueldos
En su manifiesto comunista, Marx defiende – y utiliza como base en su obra magna – la vieja ley de hierro de los sueldos, anterior al mismo Marx, donde los sueldos están siempre en el rango mínimo necesario para que el proletario sobreviva y garantice la existencia de su prole. Para Marx, aumentar el sueldo solo permitiría que los proletarios tuviesen más hijos, una vez que así podrían sostenerlos. Este exceso de proletarios generaría un aumento de sus filas, haciendo con que los sueldos viniesen abajo. En su visión apocalíptica, desde el instante en que caen los sueldos, más hijos mueren de hambre, menos proletarios estarán disponibles y solo la caída de la oferta permitiría nuevamente que los sueldos subiesen, haciendo con que oscilen siempre en el sentido de mantenerse en el menor rango posible para garantizar el sostén de sus hijos, sin que esto cause una gran variación del número de proletarios.
En su manifiesto comunista, Marx defiende – y utiliza como base en su obra magna – la vieja ley de hierro de los sueldos, anterior al mismo Marx, donde los sueldos están siempre en el rango mínimo necesario para que el proletario sobreviva y garantice la existencia de su prole. Para Marx, aumentar el sueldo solo permitiría que los proletarios tuviesen más hijos, una vez que así podrían sostenerlos. Este exceso de proletarios generaría un aumento de sus filas, haciendo con que los sueldos viniesen abajo. En su visión apocalíptica, desde el instante en que caen los sueldos, más hijos mueren de hambre, menos proletarios estarán disponibles y solo la caída de la oferta permitiría nuevamente que los sueldos subiesen, haciendo con que oscilen siempre en el sentido de mantenerse en el menor rango posible para garantizar el sostén de sus hijos, sin que esto cause una gran variación del número de proletarios.
Mises ya
había percibido que no solamente esta premisa es falsa, como contradictoria con
la principal defensa de Marx: la de que la tendencia de la exploración es
siempre empeorar la situación del trabajador hacia un nivel insustentable,
donde éste no tendría otra alternativa sino utilizar de la fuerza bruta para
tomar para sí lo que es suyo por derecho. Esto es terriblemente falso porque
trata a los trabajadores como seres no humanos, como afirma Eugen von
Böhm-Bawerk:
Los seres vivos no humanos tienen la necesidad de reproducirse hasta los límites impuestos por los recursos disponibles de medios de subsistencia. Nada, sino la cantidad de alimentos posibles de obtenerse, controla la multiplicación ilimitada de elefantes o roedores, de insectos y gérmenes. Su número se mantiene al nivel de los alimentos disponibles. Pero esta ley biológica no se aplica al hombre. El hombre también aspira a otros fines más allá de aquellos relacionados a sus necesidades biológicas y fisiológicas. La ley de hierro presumía que el trabajador – el hombre común – no es mejor que un conejo: no busca otra satisfacción más que la de comer y reproducirse, no sabe aplicar sus ganancias sino en la persecución de estas satisfacciones animales. Es obvio que esta es la cosa más absurda que ya se haya imaginada. Lo que caracteriza al hombre en cuanto a ser hombre y lo coloca más arriba del nivel de los animales es que aspira también hacia objetivos específicamente humanos que podemos llamar “fines más altos”. El hombre no es, como los demás seres vivos, provocado tan solamente por el apetito de su vientre y de sus glándulas sexuales. También el trabajador remunerado es un hombre, así que, es una persona moral e intelectual. Si gana más de lo estipulado por mínimo que sería esencial, lo gasta en la satisfacción de sus intereses específicamente humanos, intenta hacer más civilizada su vida y la de sus dependientes.
4 – La farsa del aumento
de desempleo gracias a la mecanización
Marx sostenía que las maquinas iban a substituir a los trabajadores, empeorando así sus condiciones, tirándolos al desempleo y por ende, liquidando sus ganancias. Pero felizmente la historia demuestra que esto no es cierto. Miremos alrededor: la evolución tecnológica en relación al tiempo del viejo barbudo es incuestionable. Aun así, desde 1.800, la población mundial ha crecido seis veces, mientras que la expectativa de vida mejoró más que dos veces y el rendimiento real ha aumentado más de nueve veces.
Por más que las maquinas ejecuten trabajos que demandarían a docenas de operarios en su lugar, las demandas son infinitas y los trabajadores del presente se posicionan en otros servicios con demandas que, hasta entonces, ni siquiera eran consideradas. El propio mercado de la informática es un buen ejemplo. Hoy día, programadores pueden trabajar en un software para permitir que computadoras, controladores, robots y las más variadas máquinas puedan desempeñar múltiples tareas que hasta entonces eran elaboradas por un gran número de personas – estas, por su vez, pueden ahora convertirse en vendedores, gerentes, cocineros u optar por otras tantas profesiones que se han reinventado con el tiempo, brindando diversidad y dinamismo para la economía global.
Marx sostenía que las maquinas iban a substituir a los trabajadores, empeorando así sus condiciones, tirándolos al desempleo y por ende, liquidando sus ganancias. Pero felizmente la historia demuestra que esto no es cierto. Miremos alrededor: la evolución tecnológica en relación al tiempo del viejo barbudo es incuestionable. Aun así, desde 1.800, la población mundial ha crecido seis veces, mientras que la expectativa de vida mejoró más que dos veces y el rendimiento real ha aumentado más de nueve veces.
Por más que las maquinas ejecuten trabajos que demandarían a docenas de operarios en su lugar, las demandas son infinitas y los trabajadores del presente se posicionan en otros servicios con demandas que, hasta entonces, ni siquiera eran consideradas. El propio mercado de la informática es un buen ejemplo. Hoy día, programadores pueden trabajar en un software para permitir que computadoras, controladores, robots y las más variadas máquinas puedan desempeñar múltiples tareas que hasta entonces eran elaboradas por un gran número de personas – estas, por su vez, pueden ahora convertirse en vendedores, gerentes, cocineros u optar por otras tantas profesiones que se han reinventado con el tiempo, brindando diversidad y dinamismo para la economía global.
Las maquinas no solamente
no han empeorado las condiciones del trabajador, sino que las han mejorado,
potenciando su productividad y realizando labores que antiguamente eran mal
remunerados – mismo siendo básicos para la industria y cadena productiva –
beneficiando a los trabajadores con trabajos más sofisticados – y por ende,
mejor remunerados.
5 – La farsa de la plusvalía
Uno de los principios de
la teoría de la plusvalía es la de que el trabajador tiene derecho sobre el
100% del valor producido por su trabajo sobre determinado producto. Parece muy
justo: trabajas y recibes exactamente aquello que el producto producido vale.
El problema es que, para
Marx, la ropa elaborada manualmente posee la totalidad de su valor producido
por quien la cosió. El material de nada vale si no existir un trabajo en el
realizado. Luego, si todo valor producido para aquella mercadería proviene del
trabajo, ¿cómo el empresario ganaría con el producto vendido si todo el dinero
de la venta, en tesis, es del trabajador? Para Marx, esto solamente sería posible si el
dueño del medio de producción se apropiara de parte de este valor – la plusvalía
– y entregase al trabajador menos de lo que el ha producido en forma de
trabajo, constituyendo así la exploración del trabajador en el modo de
producción capitalista.
Esta idea parece lógica
si aceptas que el valor producido es fruto solamente del trabajo. El problema
es que tal afirmación es falsa…
Y es ahí que surge Böhm-Bawerk. El primer punto que el cita es que los socialistas – y esta no es una crítica solo para Marx – ignoran la influencia del tiempo en el valor de las cosas. En muchos casos, el sueldo es pago a los trabajadores antes que el producto por ellos producido sea siquiera vendido. Existe, por tanto, una inversión para el futuro.
Y es ahí que surge Böhm-Bawerk. El primer punto que el cita es que los socialistas – y esta no es una crítica solo para Marx – ignoran la influencia del tiempo en el valor de las cosas. En muchos casos, el sueldo es pago a los trabajadores antes que el producto por ellos producido sea siquiera vendido. Existe, por tanto, una inversión para el futuro.
Los trabajadores en
general, prefieren recibir su dinero hoy, no mañana – principalmente cuando
este mañana significa un largo plazo – esto es conocido como preferencia
temporal. Como resultado, el dinero en el futuro vale menos que la misma
cantidad en el presente. Tal hecho significa que los trabajadores reciben antes
del producto ser comercializado, la cantidad de dinero recibido debe ser menor
que el precio de venta en el futuro, para que ambos valores sean equivalentes
en dos tiempos distintos, mismo queriendo considerar que el valor integro
producido en el producto pertenezca al trabajador.
Este fenómeno de interés que Marx decía ser una manifestación de plusvalía.
Este fenómeno de interés que Marx decía ser una manifestación de plusvalía.
Aun así, el fenómeno de interés
es real, haciendo caso omiso a la premisa de que si el trabajador tiene derecho
al 100%, su salario debería ser igual al precio cobrado por el producto en el
futuro. Si esto sucediese en la práctica, el trabajador estaría ganando más de
lo que debería – e irónicamente explorando al dueño del medio de producción,
que estaría invirtiendo dinero en el presente para recibir exactamente la misma
cantidad en el futuro, perdiendo así parte del valor invertido.
Otro punto importante es
que, si Marx dice haber encontrado “el tiempo de trabajo socialmente necesario”
para producir una mercadería como único factor determinante común a todas las
mercaderías en el valor final de intercambio, Böhm-Bawerk ha encontrado
excepciones que burlan lo que Marx llama
de “ley del valor”:
1. 1. Bienes raros
no respetan esta ley, Sus valores no se encuentran proporcionales al tiempo
medio de trabajo. Esto incluye cuadros y otras obras de arte – ejemplos que equivocadamente
llevan las personas a creer que estas
son “pequeñas excepciones”. La regla va mucho más allá: terrenos, bienes
patentados, derechos autorales, secretos industriales y demás ejemplos nos
muestran que tan común son estas clases de productos. Tierras son raras por
naturaleza. Existe una cantidad grandísima de bienes que lo son, frutos de
patentes, derechos autorales y secretos industriales.
Quizás no quepa aquí discutir si tales artificios son correctos o no, el hecho es que siendo raros son valorados y componen una gran parte de la gama de productos que posee el mercado. Es, por ende, una “excepción” bastante común.
Quizás no quepa aquí discutir si tales artificios son correctos o no, el hecho es que siendo raros son valorados y componen una gran parte de la gama de productos que posee el mercado. Es, por ende, una “excepción” bastante común.
2. 2. Producción
por trabajo cualificado. Esta es una excepción tan obvia que ni siquiera Marx
se atrevió a negar. Al contrario, ha intentado encajarla en su teoría,
afirmando que la mano de obra calificada genera un efecto multiplicador en la
proporción, o sea una hora de trabajo calificado vale por dos horas de trabajo
común. Si una ferrovía supone cobrar su tarifa proporcionalmente a la extensión
del viaje del pasajero – cobrando en un punto particularmente dispendioso, cada
kilómetro computado como si fueran dos – ¿será
posible confirmar que el único principio para la tarifación sea la extensión
del trayecto o cuál tipo de trayecto el pasajero ha tomado? – La clase de trabajador
cambiar en proporciones, ¿no sería un segundo principio de determinación de
valor, por tanto, una excepción? Excepción
de las grandes… Dado que la gran mayoría de lo que tenemos hoy en bienes y
servicios son frutos de la mano de obra calificada.
3. 3. Bienes
producidos por mano de obra extraordinariamente mal pagada. Extendiendo el
punto anterior, pero en el sentido inverso, Algunos trabajos manuales como
coser, recolectar, montar, entre otros. Son poco valorados y por ello, se paga
poco.
4. 4. Mismo los
productos respetando una proporción fiel de trabajo para su valor, esta
valoración oscila en relación a la oferta y demanda. Marx afirma que la ley de
la oferta y demanda funciona como un fenómeno oscilatorio en relación al valor
real determinado objetivamente por el tiempo de trabajo y que, al final, todo
debe obedecer a su ley de valor. No obstante, se debe observar que estas
oscilaciones de valor de intercambio son reales y esto evidencia de que existen
más factores que cambian estos valores. Es lo mismo que si un físico observase
la oscilación de un cuerpo en caída libre para, después que éste tocase suelo,
, afirmar que todo no había pasado de oscilaciones efímeras, que lo que vale
realmente es la gravedad, el único componente de fuerza que actúa sobre el
cuerpo. La gravedad tira hacia abajo y solamente hacia abajo. Si un cuerpo,
supuestamente en caída libre, cambia su trayectoria de manera absolutamente
adversa durante la caída, definitivamente existen otras fuerzas actuando sobre él,
mismo siendo desconocidas.
5. 5. Marx decía
que, teniendo dos productos que contengan la misma cantidad de trabajo medio
utilizado, aquel que tuvo mayor cantidad de trabajo previo sería el más valioso.
Pero, cuando notamos que llevamos menos de 15 minutos de trabajo para sembrar
un Lapacho – que produce una excelente madera – no tendremos como utilizar esta
premisa para explicar porque, dadas dos mesas con el mismo proceso productivo,
la de lapacho ser más valiosa, mismo teniendo costado menos trabajo previo que la de una mesa de otra madera.
De esta manera, tenemos una plenitud de bienes que burlan completamente la
ley de valor, que supone la obediencia hacia la regla de que el valor es
proporcional al trabajo realizado. Es interesante notar que Marx llamaba de
transgresión de la ley de valor el hecho de alguna mercadería no respetar esta
ley. Y – dado que ley, en la ciencia, describe una realidad exhaustivamente verificada
con inúmeras pruebas – podemos concluir que, según Marx, somos todos
infractores de la realidad, dada la frecuencia con que esta ley es
transgredida.
Conclusión
Existen muchos otros
equívocos en la lógica de Karl Marx. Diversas críticas han sido realizadas a
sus teorías y metodologías. Paul Johnson llega a demostrar con evidencias históricas
que Marx ha utilizado datos falsos para defender su tesis cuanto a la condición
de los trabajadores. Y aun supuestamente jugar en favor de la mejoría de
condiciones de los trabajadores, Marx parecía no tener idea de lo que realmente
mejoraría esta situación ni que estaba en proceso con el capitalismo. Por
mejores que fuesen sus intenciones, como el propio Marx ha acostumbrado a
decir: “El camino para el infierno está pavimentado con buenas intenciones”. El
marxismo, de hecho, lleva el trabajador a la ruina. Como lo dijo el alemán Hans
Sennholz:
“Desde el punto de vista de las consecuencias económicas y sociales, la teoría marxista provoca la desgracia. La legislación laboral que sobreviene con su adopción no solamente reduce la productividad del trabajo y salario, pero también trae descontentamiento y conflictos sociales. Tanto las legislaciones de sueldo mínimo, como otros intentos de subir al salario por encima de los niveles determinados por el mercado, están generando desempleo y depresión, lo que por su vez, fomenta un colectivismo radical. El seguro social compulsorio torna a sus receptores tutelados por el Estado, destruyendo su autoconfianza, su responsabilidad individual y su independencia. Las tasas de confisco que inciden sobre el capital y la ganancia de nuestros empresarios y capitalistas – impuestas en beneficio de lo que ganan menos – perjudican el crecimiento económico y causan una estagnación. Propician el desperdicio y la ineficacia, disminuyen los salarios, causa mayor rigidez económica y crean las clases sociales. Por fin, los sindicatos de trabajadores no apenas reducen la eficiencia del trabajo, a través de una multiplicidad de medidas que causan desajustes y desempleo, pero también actúan como eficaces propagadores de la ideología socialista. Todas estas políticas y medidas, juntas, están provocando el control económico general y la omnipotencia del gobierno.”
En síntesis: Si usted, estimado lector, está realmente preocupado en luchar por los mecanismos que mejoran las condiciones de vida del trabajador, opte y defienda al libre mercado.

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