Miedo
Yoss
En revista bimestral digital La isla en peso.
José Miguel Sánchez Gómez (Yoss) (Ciudad de
La Habana) es uno de los más importantes autores de la ciencia ficción cubana.
Tiene publicados los libros Timshel (1989); W (1998); Los siete pecados nacionales (Ed. Bessa, Italia); la antología de fantasía Reino eterno (1999); la novela Los pecios y los náufragos
(2000), entre otros.
Noche de jueves, rockoteca, Karl Marx...
sudor y guitarras grabadas resbalando sobre cuerpos adolescentes en la
penumbra. Smoke on
the Water, eterno Deep
Purple. Tatuajes y manillas, collares y largas
cabelleras en espiral de baila y sale, y entra y baila. Nirvana se
disuelve en Lithium. Headbangers acercándose al baffle,
pseudoadictos. Adictos reales vagando con ojos ajenos. Jagged Little Pill alternativo de la Morrisette. Lolitas en lycras insultándote la pupila con su ¿ingenua?
procacidad. I wanna a rock, Twisted Sisters montándote en la time
machine... esos sí eran tiempos, no solo cabecear como los metralleros.
Eres hijo del heavy metal, de los 80, a
caballo entre el hard-glam de los 70 y el death-trash-grunge de los noventa.
Fin de la nostalgia, Chaos A. D. de Sepultura. Trasplante de
piojos en erupción de melenas frenéticas. Tú no. Eres joven para ser un
clásico, viejo para metrallero-frikipalo-alternativo. Love in the Elevator,
Aerosmith forever con Steve Tyler, bocaza que canta a dúo con él mismo.
Grupo cabeceando, te sumas. Ritmo, cabeza ondulante, tropiezas con alguien,
normal, seguir el bajo...
–Tú, tú mismo –en tu cara el dedo negro
(tenía que ser, piensas, aunque no seas racista)–. Estás sentenciado a
muerte...
Nunca lo has visto. Voz gangosa, ojos de
cannabis. Las trenzas rastafari y el T-shirt del Unforgiven de Metallica
no disimulan la guapería. Músculos abultados bajo los tatús borrosos. ¿Para qué
se los hacen si en la piel obscura no se ven?
Un letrero verde-cohete en tu cerebro: SI TE
DEJAS METER VELOCIDAD ERES MARICÓN. Otro rojo-miedo ¿Y SI TIENE NAVAJA? Gana el
rojo.
–Oye, brother, no hay cráneo –sonrisa
apagafuegos, mano conciliadora en su hombro– olvida esa talla fulísima...
–Te la tengo jurada –la lengua se le enreda,
y sigue tratando de sacarte el ojo con el índice–. Por lo que le hiciste a
Pichi...
¿Pichi? ¿Quién coño es ese? Miedo. Pero tú
no le has hecho nada a nadie, tú oyes rock en tu casa y en los conciertos,
nunca descargaste en el 1830 ni en Canasí... Bronca gratis a la vista.
–Bubo, deja eso, no es él. Ese chamaco no se
mete con nadie –un socio con cara patibularia evita sopapos y te mira con ojos
de excusa–. Está fundido, no le hagas caso. Mejor aléjate.
Alivio. Asientes. No quieres líos. Sin
perder de vista al belicoso, seguir bailando. Lejos. Miedo a un segundo
encuentro. 14 años rubios en short de mezclilla te sonríen sin importarle su
novio. Cara de tarúpida en almíbar, pero a esas nalgas se les puede hacer un
tiempo. Él tiene cara de lo mismo, pero al cuadrado y sin almíbar. Está flaco
como una lombriz a dieta.
Bailar. Cramberries te convierte en Zombie.
Te amarillaste. La Lolita te putea, al clarinete. El Bubo sigue buscando pleito
cerca de un baffle. Jump con Van Halen. ¿Por qué carajo te
tuviste que ir tú si el del lío era él? We Are Not Gonna Take It de los Motley Crue. Bailar. El tarúpido amargo se lleva prudente a su Loliputiense.
Total, no ibas a hacer nada, eres un gallina. Sweet home Alabama,
nostalgia de los Lynnyr Synnk al estilo country.
Bailar, bailar. Ese Bubo es de los
antisociales que como en la guapería afrocubana hay mucha competencia se meten
a rockeros para hacerse los duros. Debiste partirle la cara. ¿Fito Páez y El
amor después del amor... está llegando la postmodernidad? Pendejo. Cogerle
miedo a ese mulato empacado y enyerbado. Imbécil. Lo último de los muñequitos,
ahora ponen Carlos Varela.
Bailar. Podrías exprimirte el sudor. A
refrescar.
Afuera estrellas, y los que vienen a hacer
vida social y no a bailar. Envidia... grupos, se defienden unos a otros, nadie
se mete con ellos, y tú solo. Y te dejas meter velocidad por el primer negro
sonado. Te alejas con pena. Si se echaron el play... La costa de 12, viento
ideal para secar el sudor.
Letrero rojo: HICISTE BIEN, MEJOR NO
ENREDARSE GRATIS EN UNA BRONCA.
Letrero verde: MARICÓN, RATA MIEDOSA,
GALLINA...
Una sombra se recorta contra las luces de la
calle. Trenzas y T-shirt del Unforgiven. EL BUBO.
Tiemblas, de pronto hace frío, no puedes
moverte... Viene
directo a ti. A CUMPLIR LA SENTENCIA.
Mete la mano en el pantalón. VA A SACAR LA
NAVAJA.
Tintinea algo metálico. MIEDO, PÁNICO,
TERROR... ESTO NO PUEDE ESTARTE PASANDO A TI.
Tu mano busca algo duro. Duro, áspero y
pesado. Pedrusco. DALE.
El seboruco desparramando trenzas y sangre
sobre el diente de perro. OTRA VEZ PARA QUE NO SE LEVANTE.
Miedo, miedo... otra pedrada. ASÍ SE HACE.
Un chorro te salpica los zapatos. Orine.
Ninguna navaja, se estaba meando. El ruido era la hebilla del cinto. Cualquiera
se confunde, va y no... Pero le diste. Eres un duro y le diste. Tremendo macho
y le diste. No tuviste miedo y le diste. Contigo nadie se meterá más porque le
diste. Puedes regresar a la rockoteca, bailar con la Lolita dulcitarúpida y el
novio lombriz no hará nada porque le diste. Paso de triunfador, adrenalina
haciendo temblar tus piernas.
Return in
victory to the Rockoteca. Cuando entras, el de cara patibularia y otros
dos salen. Ni te miran. Cuchichean.
–El Bubo estaba mal, va y se descuarejingó
en la costa.
–Se tomó media botella él solo. Se estaba
orinando.
–Ese mulato es mi hermano, y si hubo alguna
talla fula con él, rajo al que sea...
Y se van, y tus piernas se doblan, y nadie
se da cuenta, pareces simplemente cansado. Pero quisieras no haber venido
nunca, o por lo menos haberle dado más pedradas... Miedo a que te haya visto, a
que diga algo, a que haya sido peor el remedio que la enfermedad. El miedo,
como una enfermedad que cuando agarra no vuelve a soltar.
14 de agosto de 1997
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.