Ese día
Yoss
En Axxón
128, Julio de 2003.
Para: Revista Axxon
Yoss (José Miguel Sánchez Gómez) ha
publicado en España una colección de cuentos llamada Se alquila un planeta (Ediciones Equipo Sirius, colección Tau-ciencia ficción) donde se
puede encontrar alguno de los cuentos publicados hace tiempo en Axxón.
Nacido en La Habana (1969). Licenciado en
Ciencias Biológicas de la Universidad de La Habana (1991). Comenzó a escribir a
los quince años, con su incorporación a los Talleres Literarios. Es miembro de
la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba) desde 1994.
Actualmente trabaja en varias novelas y libros de cuentos.
Ha obtenido los siguientes premios
literarios:
Premio de la revista Juventud
Técnica de cuentos cortos de ciencia ficción, 1988.
Premio “David” de ciencia ficción, 1988,
con el libro de cuentos Timshel.
Premio “Plaza” de ciencia ficción, 1990.
Premio de cuento de la revista Revolución y
Cultura, 1992, con Las avispas no saben
llorar.
Premio de cuento "Ernest
Hemingway", 1993.
Mención en el Premio UNEAC de novela
"Cirilo Villaverde", 1993, con La cáscara de los
perdedores.
Finalista en el Premio "Casa de las
Américas" de novela, 1994, con Jugando a rumiarse el tiempo.
Seleccionado en la segunda convocatoria del
concurso “Los Pinos Nuevos”, 1995, con el libro de cuentos W.
Mención en el Premio UNEAC de cuento
"Luis Felipe Rodríguez", 1995, con Reina es la noche.
Mención en el Premio de cuentos de la
revista La Gaceta de Cuba, 1996, con Huéspedes.
Premio único en el concurso «Luis Rogelio
Nogueras» de Literatura de ciencia-ficción, fantástica y policíaca, 1998, con Los pecios y
los náufragos.
Ha publicado:
Los delfines no son tiburones (cuento), La Gaceta de
Cuba, 1988.
Timshel, Ediciones UNION, 1990.
Las avispas no saben llorar (cuento), revista Revolución y
Cultura, 1992.
Rufus el suicida (cuento) en la antología Los últimos
serán los primeros, editorial Letras Cubanas, 1994; en
la antología Fábula de Ángeles, editorial Letras Cubanas,
1994; en la revista suiza Entwürþ & Zündschrift,
1995.
Balsatur S. A. (cuento) en la antología
italiana Alabbra nude, Feltrinelli, 1995; en Revista de la
Universidad de Antioquía (Colombia), 1995.
Reina es la noche (cuento) en la revista
italiana MAX, 1995; en la antología italiana La baia delle
gocce notturne, BESA, 1996.
Despertarte, sentirte, pensar (cuento) en la
antología italiana La baia delle gocce notturne, BESA, 1996.
Carne de cercanía (cuento) en La Gaceta de
Cuba, 1996; en la antología El cuerpo inmortal, editorial Letras Cubanas, 1997.
W (libro de cuentos), editorial Letras Cubanas,
1997.
El encanto de fin de siglo (noveleta a cuatro
manos con el escritor italiano Danilo Manera) en la antología Vedi Cuba e poi
muori, Feltrinelli, 1997.
Los meandros de la historia, en Axxón 51.
Trabajadora social, en Axxón 56.
La maza y el hacha, en Axxón 83.
Destrúyenos porque nos amas, en Axxón 94.
El tiempo de la fe, en Axxón 97.
El arma, en Axxón 106.
El performance de la muerte, en Axxón 110.
Las chimeneas, en Axxón 113.
Ese día...
Ese día Li Chan Huao, de 64 años, se graduó
de Arquitectura en la Universidad de Beijing; el Partido lo felicitó. Ese día
murieron 1526 niños de SIDA en África. Ese día fracasó otro experimento sobre
la antigravedad en los Laboratorios Bell; pero el vocero de la compañía declaró
que los objetivos teóricos se habían cumplido al 100%. Ese día el abogado
colombiano Jorge Domínguez no descubrió ninguna razón para no disparar el revólver
apoyado en su sien; pum. Ese día murieron 60 soldados pakistaníes y 70 hindúes
en una escaramuza en Cachemira; cada gobierno culpó al otro del incidente. Ese
día la búlgara de 16 años Irina Korometiéva probó la cocaína por primera vez en
un pub del Soho, Londres; cuarenta minutos después dejaba de ser virgen. Ese
día Snow, el mapache albino del zoo
de Los Angeles, murió de viejo; tenía 12 años. Ese día el diputado liberal
Shiro Mashimoto declaró su homosexualismo ante toda la Dieta Imperial japonesa.
Ese día el noruego Daag Svensen impuso un nuevo record Guinnes destapando 156 botellas de cerveza seguidas con los
dientes; la Colgate lo contrató como
testimonio publicitario. Ese día fue sentenciado a cadena perpetua el pedófilo
belga Jean Louise Lambert, de 54 años; las pruebas encontradas en Internet lo
condenaron. Ese día el cultivador de sorgo camerunés Mvamba Obongo miró a lo
alto y le preguntó a Dios por qué era tan pobre; Dios no le contestó. Ese día
el Parlamento Europeo continuó el debate sobre la legalización de la marihuana;
sin ningún acuerdo. Ese día Jeff Stryker, estrella porno gay, declaró que se
retiraba; fue decretada una jornada de luto en San Francisco, EUA. Ese día el
stunt-man alemán Rutger Ender cayó de su motocicleta mientras intentaba saltar
sobre el Gran Cañón del Colorado; sufrió fracturas menores. Ese día Morivangsin
Anaragaragh, de 6 años, aprendió su primera letra en Dakka, Bangla-Desh.
Ese día, en fin, no había pasado nada de
particular, hasta que, de repente...
Aparecieron...
Aparecieron ecos inidentificables en el
sonar del submarino nuclear ruso Minsk.
Aparecieron, moviéndose lentamente, quince paralelepípedos metálicos de seis
metros de altura en Les Champs Elisées de París. Aparecieron nubes malvas sobre
Ulan-Bator, Mongolia; llovieron ranas y peces vivos. Apareció el monstruo de
Loch Ness ante los espectadores que seguían una regata en el lago escocés;
tampoco esta vez lograron fotografiarlo. Aparecieron cinco descomunales
pirámides de cuarzo refulgente junto a las de Keops, Gizeh y Micerinos, y nadie
pudo tocarlas; las rodeaba un fuerte campo repulsor. Aparecieron unas formas
ojivales de kilómetros de largo en una foto del Cinturón de Asteroides tomada
por el telescopio espacial Hubble. Aparecieron millares de pequeños insectos
azules en la sala de los Echevarría, en Guayaquil, Ecuador; cuando Gloria, su
sirvienta indígena, trató de barrerlos, recibió una potente descarga eléctrica
a través de la escoba. Aparecieron dos billetes de un millón de dólares en la
bóveda de un respetable banco de Lausana, Suiza. Aparecieron de la nada diez
árboles sin hojas en torno al oasis sahariano de Sidi-Al-Fayum; medían casi
trescientos metros de altura. Aparecieron seis coroneles Ulrich Ohm idénticos
en el aeropuerto militar de Tempelhof, Alemania; todos jurando ser el real.
Aparecieron manchas rojas en la nieve alrededor de la estación rusa Mirni, en la Antártida; en cuestión de
minutos crecieron coloreando de escarlata todos los alrededores. Aparecieron
millones de palomas migratorias sobre los cielos de Wisconsin; se habían
extinguido más de cien años atrás. Aparecieron varios extraños vehículos sin
ruedas que flotaban a 15 centímetros del suelo en un parqueo de la calle Ginza,
en Tokio.
Aparecieron en tan poco tiempo tantas cosas
y seres, y tan extraños, que todos los seres humanos, por una vez, llegaron a
la misma conclusión: finalmente, habían aparecido...
Los extraterrestres...
Los extraterrestres que se posaron con su
nave en el Central Park de New York eran humanoides de piel verdeazulada; en un
perfecto inglés, dijeron venir de la Nebulosa de Andrómeda y que querían ver un
musical de Broodway. Los extraterrestres que iban en las inmensas naves
ojivales detectadas entre Marte y Júpiter siguieron de largo sin siquiera
acercarse a la Tierra. Los extraterrestres humanoides de grandes cabezas y
oblicuos ojos negros que entraron en la tienda de Simón Waleska en Iquitos,
Perú, pidieron una botella de Graujanga
bien fría en un horrible español, y como no tenía, Simón les dió Coca-Cola; ellos la escupieron con asco.
Los extraterrestres arbóreos surgidos en torno a Sidi-Al-Fayum no reaccionaron
ni a los gritos ni a los disparos de los beduinos, pero en cuestión de minutos
absorbieron toda el agua del oasis; y florecieron. Los extraterrestres que se
materializaron en el desierto de Gobi eran reptiles bípedos y sin lengua que
sólo se comunicaban por señas, pero los pastores mongoles les ofrecieron
igualmente el kumis de la hospitalidad; les encantó. Los extraterrestres que
subieron riendo a los vehículos flotantes del parqueo de Ginza habrían pasado
por niños humanos, de no ser por sus grandes orejas de murciélagos; jugaron a
perseguirse durante horas... atravesando de vez en cuando alguna pared. Los
extraterrestres titánicos y piramidales en Egipto no hicieron nada ni dejaron
que nadie se acercase. Los extraterrestres rojos de la Antártida resultaron ser
bacterias coloniales inteligentes y se distribuyeron sobre la nieve formando
letras, palabras y oraciones, todo escrito en sánscrito, que ninguno de los presentes
podía leer; aunque por el mapa estelar que dibujaron, un geógrafo supuso que
eran de Próxima del Centauro. Los extraterrestres que se habían mimetizado como
el coronel Ulrich Ohm empezaron a cambiar de forma cada vez más rápidamente;
ante los ojos del verdadero y atónito Ulrich Ohm y de sus camaradas militares
aparecieron rápida y sucesivamente 5 Madonnas, 2 Hitlers y 3 Mussolinis, 4
Mahatma Gandhi y un Umberto Eco y al fin, de nuevo, otros 5 Ulrich Ohm. Los
extraterrestres bajitos y con aspecto de enanos negros enfurruñados que
aparecieron en las cabinas transparentes de Amsterdaam fueron recibidos con
gritos de horror por las señoritas
que allí se exhibían ligeras de ropa hasta que una misteriosa niebla azul opacó
las vidrieras; segundos más tarde ya sólo se escuchaban intensos gemidos de
placer. Los dos extraterrestres con aspecto de billetes de un millón de dólares
se comieron todo el efectivo de las bóvedas del pequeño y respetable banco
suizo; su apariencia cambió entonces a la de billetes de 100 millones de
dólares. Los extraterrestres que surgieron desde las alcantarillas bajo la
inmensa Avenida Libertador de Buenos Aires recordaban a mantis religiosas
gigantes con escafandras; eran tantas, tantísimas, que cuando comenzaron a
desfilar por la ancha alameda, ni el ejército ni la policía argentinos se
atrevieron a hacer nada... ni siquiera cuando empezaron a morir a miles en
plena calle. Los extraterrestres acuáticos que rodeaban al submarino nuclear
ruso Minsk no se molestaron siquiera
en intentar comunicarse con sus tripulantes; pero atrajeron a todas las
ballenas y delfines en millas a la redonda para sostener un animado coloquio.
Extraterrestres de todos los tipos, tamaños
y procedencias parecían haber invadido la Tierra a la vez, y la humanidad
contuvo el aliento, esperando. Pero, salvo algunas molestias menores, todos
parecían interesados en una sola cosa: Mirar.
Vieron...
Vieron la pornografía y las tarjetas de
crédito electrónicas. Vieron el río Ganges frente a la ciudad santa de Benarés
y la Plaza de España en Roma. Vieron a Michael Jackson y la tumba del Soldado
Desconocido en Arlington. Vieron la guerra y los deportes de contacto. Vieron
Machu Pichu y las cataratas de Victoria en el río Zambeze. Vieron a Serguéi
Bubka y a Tom Clancy. Vieron las camisas de poliéster y los autos familiares
4x4. Vieron el desierto de Kalahari y el lago Tanganika. Vieron la pesca
submarina, los divorcios y los hospitales psiquiátricos. Vieron el cráter
humeante del Vesubio y la isla de Ascensión. Vieron las armas de fuego y la
comida precongelada. Vieron el SIDA y los sostenes Wonderbra. Vieron un sermón del padre Constantino en el monte Athos
y un recital de Britney Spears en Moscú. Vieron los monopatines y el barbecho
trienal. Vieron una exposición retrospectiva de Picasso y a Kristo envolviendo
en polietileno la Opera de Sidney. Vieron los dragones de Comodo y los huesos
del último dodo de las Islas Mauricio. Vieron el paracaidismo acrobático y los
suicidios masivos. Vieron el Mäelstrom frente a la costa escandinava de Lofoden
y la Gruta del Mamut en los Estados Unidos de América. Vieron a los Rolling Stones tocando en vivo y a la
momia de Elvis Presley. Vieron el nacimiento de dos gemelos de oso panda
gigante en el zoo de Shangai y el fracaso del primer trasplante de cerebelo
humano. Vieron la televisión por cable y las bicicletas. Vieron a Saddam
Hussein y a Pamela Anderson. Vieron las islas Feroe y la Estación Espacial
Internacional. Vieron las plataformas petroleras oceánicas y las discotecas.
Vieron un videogame de Batman vs. Joker
y otro de Cristo vs. Satán. Vieron
escenas de canibalismo en Uganda y en un palacio de la avenida Unter Der Liden
de Berlín. Vieron las minas de carbón de Pennsylvania y a una artista de circo
finlandesa cuyo acto era fumar con la vagina. Vieron el campo de concentración
de Auschwitz y las Torres Petronas de Kuala Lumpur. Vieron un debate entre el
candidato presidencial republicano y el demócrata en Philadelphia, y las
elecciones en Islandia. Vieron una ejecución por inyección letal en la prisión
de Shwshanl. Cincinatti, EUA, y la autocastración ritual de un fakir brahmán en
Calcuta.
Vieron tantas cosas que prácticamente se
podría decir que vieron toda la Tierra. Y, cuando la humanidad esperaba lo peor
(como, por ejemplo, ser juzgada, hallada culpable y exterminada) simplemente...
Se fueron.
Se fueron las bacterias rojas inteligentes y
los reptiles bípedos y las inmensas pirámides. Se fueron y la canción de todas
las ballenas del Océano Pacífico cambió. Se fueron y una sirvienta de Guayaquil
se negó a barrer de nuevo, mientras varias decenas de señoritas en Amsterdamn suspiraban nostálgicas. Se fueron y
surgieron mil cultos, sectas e iglesias que hablaban del Dios Cósmico y el
Sagrado Aterrizaje, y otros mil desaparecieron sin ruido. Se fueron y sobre un
redondel de césped aplastado en el Central Park de Manhattan quedaron dos
entradas para Cats y 200 millones de
dólares menos en un banco suizo. Se fueron y en la ONU, la NASA, La Agencia
Aeroespacial Europea y el Pentágono se desató un frenesí de reuniones secretas.
Se fueron dejando centenares de miles de cadáveres insectoides en la Avenida
Libertador, que los basureros argentinos se negaron a limpiar, un charquito de Coca-Cola junto a la tienda de Simón
Waleska en Iquitos, y un oasis seco en el Sahara. Se fueron y las series
televisivas estilo X-files se
volvieron epidemia. Se fueron y algunos quedaron tan impactados por su visita
que no quisieron creer que se habían ido, y otros empezaron a desconfiar de
todos sus vecinos y hasta de sí mismos. Se fueron y hubo olas de matrimonios,
los índices de natalidad se dispararon hasta las nubes y se volvió a hablar de
explosión demográfica. Se fueron y en la pintura y la música hubo una explosión
de vanguardismo bajo el rótulo genérico de Postvisitación.
Se fueron y el Parlamento español prohibió las peleas de perros por crueles e
inhumanas, y en el Yemen islámico aprobaron la pena de muerte por beber
alcohol. Se fueron y el millonario Rufus Wallace anunció sus planes de
construir una flota espacial privada para salir al Cosmos a buscarlos. Se
fueron y tres días más tarde un tifón desvastó las Filipinas. Se fueron y unos
suspiraron aliviados mientras otros lloraban decepcionados. Se fueron y el Monstruo de Florencia mató otra vez. Se
fueron y la mayor parte de la gente se encogió de hombros y trató de seguir
viviendo como antes... y algunos hasta lo consiguieron. Se fueron y dejaron a
los científicos especulando sobre la razón de su marcha: unos decían que se
habían asustado de la humanidad, otros que habían tenido pena; para los
terceros había sido asco, para los cuartos, simple envidia...
Todos discuten, todos hipotetizan... Cada
ser humano parece tener su propia teoría, y mil pruebas para apoyarla. Pero
todos se hacen la misma pregunta:
¿Regresarán?
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