Elegido para la evolución
Yoss
© by José Miguel Sánchez Gómez (Yoss). En Eridano 6, Especial Literatura Cubana,
2004.
José Miguel Sánchez Gómez (Yoss) nació en
La Habana en 1969. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
(UNEAC) y de la Asociación Hermanos Saíz. Ha sido Jurado en el concurso Dragón 1999 y obtuvo el Premio de la revista Juventud Técnica. Ha publicado sus cuentos en las revistas virtuales de CF i+Real de Cuba y Axxón, de Argentina.
Obtuvo el Premio David en 1988 con Timshel, en la modalidad de Ciencia-ficción. Tiene publicados los libros:
Timshel, 1989; W, 1998; Los siete
pecados nacionales, (Ed. Bessa, Italia), la antología
de fantasía Reino eterno, en 1999; la novela Los pecios y
los náufragos, publicada a principios del 2000; la
antología Pórtico XXI, en prensa, y la noveleta El encanto de
fin de siglo, (coescrita con el italiano Enilio
Manetti), el libro Se alquila un planeta,
publicado en España en el 2002, y la novela corta Polvo rojo, Mención del Premio UPC 2003 (Ediciones
B, 2004).
Amanecía.
Por la Gran
Selva del Mundo correteaban los antílopes, los tigres, los dinosaurios, los
unicornios, las serpientes –aquí lo de correteaban es una metáfora, que conste–,
los trípodes y demás fauna primigenia. Ominosos tonos de presagio teñían la
aurora de expectación sobre la espesura –eso sí es un imagen ¿eh?– y el
revoletear de las aves en lo alto estaba saturado de una rara cualidad de
espera. En la cúspide de su desnuda, arcillosa colina a orillas del mar, desde
la que se dominaba todo el inmenso bosque de abajo –suele ocurrir desde tales
elevaciones, según los geógrafos–, el Gran
Árbol del Mundo –que digan lo que digan los vikingos, no se llamaba
Yggdrasill, sino Chicho– sintió que por sus raíces trepaba la savia de una
decisión...
¡Lo notaron ¿verdad? ¿ah, no? ¿Todavía
todo el Mundo no se ha dado cuenta de que algo muy grande va a pasar aquí y
ahora?
...y agitó enérgicamente sus milenarias
ramas, mientras su profunda, vegetal voz de bajo resonaba a todo lo largo y
ancho de la floresta y de las aguas:
–ATENCIÓN A TODOS LOS ANIMALES DE LA
SELVA: ¡REUNIÓN URGENTÍSIMA! ¡QUEDA CONVOCADA LA TREGUA DE LA COLINA!
¿Ya habíamos dicho que el Gran Árbol no sólo hablaba sino que además pensaba y tenía cierto complejo
de Secretario General? ¿no? Pues allá va:
El Gran Árbol no solo hablaba sino que además... etc., etc., etc..
En fin, lo importante es que en menos de
lo que se dice difenildicloroetano –o DDT, para los que no gozan con los
trabalenguas– la fauna en pleno del lugar estaba congregada en la colina y
alrededores, con el entusiasmo espontáneo que el Gran Árbol les había orientado que debían mostrar en similares
ocasiones. Y sin golpearse, insultarse ni comerse unos a otros (porque
precisamente en eso consiste una tregua... aunque no lo hayan entendido
todavía la mitad de los diplomáticos que van a las reuniones de la ONU).
–QUERIDOS ANIMALES –comenzó cariñosamente
el Gran Árbol (aunque, no sé sabe
por qué, a algunos les molestó ese tratamiento)–, HA LLEGADO NUEVAMENTE LA
HORA DE RESPONDER AL LLAMADO DE LA EVOLUCIÓN DANDO EL PASO AL FRENTE –y un
montón de protozoos se fueron echando a todo flagelo... ya sabían cómo era
aquello; se descuidaba uno y acababa como todos esos primos lejanos...
complicado con una pila de células y adiós vacilón–, UNO DE NOSOTROS TENDRÁ
QUE ASUMIR SOBRE SUS HOMBROS LA PESADA CARGA DE LA INTELIGENCIA –y los gusanos,
peces y serpientes respiraron aliviados: ellos no tenían hombros– Y CONVERTIRSE
EN HOMBRE. QUEDA ABIERTA LA SESIÓN... Y ESCUCHO PROPUESTAS.
–¿Y qué es el hombre? –preguntó alguien.
–EL HOMBRE ES UNA CRIATURA SOCIAL Y DOTADA
DE LIBRE ALBEDRÍO –sentenció el árbol, y las hormigas se autopropusieron,
encantadas. Más sociales que ellas, difícil. Pero inmediatamente las abejas,
comejenes y avispas hicieron otro tanto, envidiosas de sus primas.
Claro que las cuatro especies de insectos
sociales fueron rechazadas cuando alguien recordó que con una humanidad así, un
simple pisotón podría cambiar toda la historia. Además, eso de hombres con
aguijón, sonaba demasiado... venenoso.
El burro alzó una pata pero le dijeron
acto seguido que no fuera burro... y que además, pensara en la pobre mujer. Y
al caballo, lo mismo.
Al toro le dijeron que... vaya, con
aquello en la cabeza... la moral del hombre ¿entendía? Y lo mismo valía para
ciervos y alces.
A la jirafa la rechazaron porque no
convenía un hombre que viera las cosas demasiado desde arriba.
Al elefante, por andar siempre metiendo la
nariz en todo. A la serpiente, por arrastrada. Al conejo, por conejo.
El puerco espín insistió en su candidatura
por largo rato, hasta que lo convencieron que eso de la evolución podría ser un
asunto espinoso... pero no tanto.
Al cangrejo lo plancharon porque la
evolución no podía ir hacia atrás. Y al canguro porque tampoco sería correcto
que fuera a saltos. Además, esa bolsa... ¿y si el canguro era negro, a ver?
¿Conque bolsa negra?
A la tortuga porque con ella el asunto
sería demasiado lento, y al guepardo porque con él sería demasiado rápido.
Al cóndor porque se pasaba la vida en las
nubes.
Cuando otro pájaro quiso defenderlo, los
rechazaron a todos, y el Gran Árbol
dijo categóricamente:
–EL HOMBRE, CUANDO ES HOMBRE, ES HOMBRE,
PORQUE SI NO, NO ES HOMBRE.
En cualquier caso, pájaro no.
Al ornitorrinco, por razones parecidas:
alguien tan poco definido que no sabía ni él mismo qué cosa era, mal podría ser
hombre.
El perro defendió largo rato su propuesta,
pero al final quedó claro que nadie podía ser su propio mejor amigo.
Al unicornio le dijeron que su propuesta
era demasiado fantástica. Lo mismo que a los dragones, solo que en su caso era
todavía peor, porque además, eran la candela...
Cuando alguien reflexionó que el hombre
debería ser la más grande de las criaturas los dinosaurios levantaron la cola,
pero el Gran Árbol meneó sus ramas,
los llamó idiotas y les dijo que lo mejor que hacían era ir corriendo a
extinguirse. Y ellos le hicieron caso...
Un comité de peces protestó que por qué la
evolución no podría ser en el mar, pero los mandaron a callar... y desde
entonces están en eso.
El león analizó los pros y los contra y
decidió que si él ya era el Rey de la
Selva y además iba a ser hombre, alguien podría decir que quería ocupar dos
plazas, y ni se propuso.
El leopardo, siempre pensando cómo írsele
adelante al león, sí que se propuso. Pero cuando el Gran Árbol le explicó lo de No
matarás, se quedó pensando, alegó la dieta que le había recomendado el
médico, que tenía alguna que otra mancha en el expediente y dijo que ya
enviaría al gato, su abogado a discutir el tema.
La de cómo el gato traicionó a su cliente
y se quedó a vivir siempre al lado del hombre, ya es otra historia.
A la rana ni la tomaron en cuenta, por
bocona. Y el cocodrilo se quedó callado.
Al oso hormiguero, por lengüilargo. Al
piojo, por parásito y andar siempre con los pies en la cabeza.
Al murciélago tampoco, porque un hombre no
debía mirar al mundo cabeza abajo. Al topo, porque lo de la profundidad estaba
bien, pero no tanto... y eso de no ver la luz, peor todavía.
A los delfines, porque eran demasiado inteligentes
para ser hombres. Al avestruz, por canilludo y por estar siempre metiendo la
cabeza en un hueco (la cabeza equivocada, se entiende...).
Ni a la araña, por su tendencia a andar
enredándolo todo. Ni al cerdo, por elementales razones de higiene (aunque el
tema fue muy discutido y hubo quien no quedó conforme... por ejemplo, la
mofeta...).
Al ciempiés, porque alguien preguntó qué
pasaría cuando se levantara con el pie izquierdo... de todos los pares de
patas.
Y cuando ya se acercaba el crepúsculo, y
la colina y sus alrededores estaban casi vacíos, solo quedó el mono rascándose
las pulgas. Entonces Chicho –o sea, el Gran
Árbol, pero como ya lo vamos conociendo mejor...– lo miró. Encogiéndose de
tronco, pensó que con semejante opción, casi mejor se convertía él mismo en
hombre... solo que algo le decía que, por muy vegetariano que fuese, el hombre
no sería jamás vegetal. Ya con ser un animal era bastante...
Y recordando aquello de Mono ve, mono
hace, suspiró y llamó al simio:
–TU, LA MÁS RIDÍCULA DE LAS CRIATURAS,
ACÉRCATE. SI NO QUEDA OTRA OPCIÓN, ENTONCES ERES TÚ EL ELEGIDO.
Y mientras el mono se concentraba en pelar
un plátano y después comerse la cáscara, Chicho le dio un mínimo técnico del
asunto: la vida social, el lenguaje, la cuenta de la luz y cómo tratar a la
mujer –que nadie pregunte cómo el árbol lo sabía ¿OK?–. Para despedirse de su
discípulo con estas palabras:
–SOBRE TODO DEBES OBSERVAR A LA
NATURALEZA, QUE SERA TU GRAN MAESTRA. OBSÉRVALA, HIJO... HASTA QUE DESCUBRAS
COMO CAMBIARLA. SÓLO ENTONCES SABRÁS QUE YA HAS EMPEZADO A SER HOMBRE.
Esa misma noche, como para celebrar el
nombramiento del simio como Futuro Hombre,
sobre la Gran Selva del Mundo
resonaron los truenos y destellaron los relámpagos (normal... lo raro hubiera
sido que lo hubiesen hecho debajo).
Y dicen algunos animales (pero a mí no me
crean) que cuando uno de los rayos incendió un matorral de la playa, fue el
mono el que tomó una de sus ramas llameantes y corrió con ella a lo largo de la
costa... justo hasta el Gran Árbol.
Dicen también que los gritos de Chicho
ardiendo se escucharon durante tres días y tres noches, y que tan potente era
el fuego de sus antiquísimas, resecas ramas, que ni el torrencial aguacero de
la tormenta pudo apagarlo.
Lo cierto es que, al amanecer del tercer
día, del sabio Gran Árbol solo
quedaban cenizas... y que cuando los animales vieron aquella figura mucho menos
velluda y más erecta –tal vez porque el fuego le había chamuscado un poco los
pelos... y otra cosa– se enteraron de que aquello de la evolución y ser hombre
iba en serio de verdad.
Pero, claro, entonces ya era demasiado
tarde...
Aunque, ¿quién sabe? Quizás para la
próxima evolución...
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