Atardecer. Una estela blanca subraya el sol
rojizo en el cielo sin nubes. La traza un punto ígneo que crece veloz,
convirtiéndose en un vehículo. La pequeña lanzadera de la Argonauta se posa en el desierto paisaje entre los altos árboles
metálicos de las torres eólicas, alzando el polvo en remolinos que al asentarse
opacan la espejeante obscuridad de los paneles solares.
Todavía humean los motores, pero ya Fiona
abre la escotilla de un tirón y, liberándose del casco, sacude sus greñas
irlandesas, de un rojo tan encendido como el de su escafandra, antes de saltar
afuera gritando:
–¡Ea, a salir...! Después de ocho meses de
respirar pedos reciclados y vivir bajo lámparas halógenas ¿no tienen ganas de
sentir otra vez el viento y de ver brillar de nuevo un sol como se debe? Aunque
sea este raquítico de Próxima...
–¿Serán correctas las coordenadas de
descenso? Este sitio está a kilómetros del centro de vuelos... de todo, en
realidad –rezonga Irina, la médico-bióloga rusa, aunque también preparándose
para salir–. ¿Una cuarentena? En dos años podría haber surgido algún nuevo
virus, y nosotros sin anticuerpos contra él...
–Moriríamos instantáneamente –se burla Tupac,
el ingeniero boliviano, liberando del arnés su propia escafandra verde–. Pero
nos lo habrían dicho... no, no tendremos un fin tan agradable. Cuando los del
Consejo oigan nuestro cuento de hadas, nos enviarán de vuelta al espacio...
pero sin nave.
–¿Por qué "cuento de hadas"? –dice
muy serio Bkila, el capitán congolés–. Un primer viaje de rutina; la Argonauta es una buena nave, la
impulsión por fisión ya ha sido archiprobada, por el agujero de gusano pasamos
sin incidentes. Sigma del Dragón sólo tiene un rutinario anillo de asteroides,
un normalísimo superjoviano y otro par de planetas ultraaburridos, el segundo
bastante terrestroide, por cierto...
–Con oxígeno libre... pero sólo algas
unicelulares. Sin tierra firme no podía haber mucho más –confirma Kitara, la
astronavegante japonesa–. ¿Qué tiene de particular? No es el primer
planeta-océano que se encuentra...
–Sí ¿qué tiene de particular?... si el Cosmos
está lleno de planetas como Sabana –agrega Tupac, y el nombre prohibido libera
avalanchas de recuerdos...
Girando promisoria alrededor de su sol como
una gema azul engastada en el vacío, como si aguardase a la Argonauta tras el agujero de gusano y los ocho meses de viaje interestelar:
Sigma del Dragón II. Descenso, nubes... mar inmenso. Pero no infinito; rodea un
continente. La lanzadera posándose en sus playas. Fiona respira la primera el
aire denso y cargado de ozono... a través de la mascarilla de filtración
biológica, por miedo a las esporas. Aventurándose tierra adentro, Tupac
encuentra vida. “¿Solo algas unicelulares?" La interminable pradera de
hierba magenta, a la vez extraña y familiar, como África vista con filtros del
color equivocado. Kitara propone nombrarlo Nueva África, también en honor de
Bkila. La modestia del capitán sugiere Sabana. Y hay más: infinitos rebaños de
pesados herbívoros con seis patas y trompa, que el boliviano bautiza sin mucha
imaginación "hexafantes". Pasan la vida devorando apaciblemente los
tallos púrpuras... y huyendo cuando en lontananza aparece la alta y como
contrahecha silueta de los carnívoros nativos, también hexápodos pero
notablemente parecidos a mantis religiosas gigantes, algo que Irina no puede
menos que señalar como "curiosa convergencia evolutiva". Y lo más
interesante: los otros predadores, lentos y de patas cortas, pero habilísimos
usando sus largos y flexibles cuellos para "pescar" y devorar a los
infelices hexafantes caídos en lo inesperado y maravilloso: los numerosísimos
lagos de nafta y asfalto que salpican aquí y allá la pradera...
Nadie ha venido a buscarlos. Roja, azul,
verde, amarilla, negra... guiándose por la brújula, bajo el rojizo sol, cinco
escafandras. Avanzan por la arena gris, trabajosamente, pero disfrutando
sentirla bajo sus pies. Siempre extraterrestre, pero ya no extraña: Próxima no
es Moscú ni Dakkar ni Dublín ni La Paz ni Tokio, pero es allí que se han
adiestrado, que de cinco nacionalismos e individualidades ha surgido ese
delicado todo armónico que es una tripulación. En cierta forma, han vuelto a
casa.
Al cabo de unos minutos, Fiona exclama:
–Mierda, de veras estamos lejos –y luego,
sin transición–. ¿De verdad creen que hacemos bien? Piensen, todo ese
petróleo... no harían falta esos feos parches ni esos horribles árboles de
hierro...
–¿Te parecen mejor las chimeneas y las nubes
de humo? –Tupac toma con vehemencia a la pelirroja por el hombro para señalarle
una sombra alada que surca el cielo–. Y también podrías decirle adiós a pájaros
como ése...
Irina ríe:
–¿Cuál pájaro? Es un ornitóptero de
pasajeros.
–Da igual pájaro, ornitóptero o planeador,
Doña Precisa –el ingeniero sudamericano resopla molesto, pero acaricia la
mejilla de la rusa mientras vuelve a dirigirse a Fiona–. Siempre serán mejor
hombres sudando su colesterol en los pedales que chorros de monóxido de carbono
ensuciando el aire...
–Eh, yo también voté por mantener el secreto
de Sabana –protesta Fiona.
–Entonces será mejor que no vuelvas a
mencionar ese nombre... –advierte Bkila–. Nadie debe saber cómo es en realidad
Sigma del Dragón. Somos la avanzada de la humanidad en el espacio, y eso
implica ciertas responsabilidades...
–Está claro, jefe... ni una palabra. Pero
cada vez que empiezas con ese tono de "somos los elegidos, tenemos una
misión" preferiría estar pedaleando dentro de ese ornitóptero –Fiona imita
el pomposo tono del congolés, y todos ríen, tocándose, besándose y abrazándose
casi como niños; aunque sólo casi: los roces son demasiado largos, los
contactos demasiado íntimos, los besos demasiado húmedos...
–Eh, gente –dice de pronto Kitara–.
Control... tenemos visita.
En lontananza, vehículos; son cuatro
triciclos biplazas, con amplias velas para aliviar los músculos de sus
conductores.... Y se acercan tan veloces que muy pronto sus caras contraídas
por el esfuerzo del pedaleo ya son reconocibles.
–Son los de la Bifrost –los identifica Irina–. Pero ¿por qué vienen solos? Y ¿por
qué nos hicieron posarnos aquí...?
–Ex-astronautas –suspira aliviado Tupac–,
entonces, podemos seguir en lo de antes… –y riendo, trata de abrazar a la
pelirroja al estilo pulpo.
–Deja, no seas pesado –rezonga Fiona,
apartándolo–. Estás más sudado que ellos. Pobres... pensar que todo sería tan
fácil, con un simple motor de dos tiempos...
–No vuelvas a empezar, irlandesa terca –susurra
Kitara, pellizcando uno de los pecosos brazos de la exploradora–. ¿O ya has
olvidado lo de Titán en el 2049?
Tupac se adelanta a la iracunda réplica de
la exploradora:
–Samurai... su padre iba en la George Washington. Y uno de mis tíos
murió en los motines de Caracas en el 2036. Todos conocemos la historia, y
sabemos lo que está en juego...
2028: Los yacimientos de petróleo del Mar
del Norte se agotan. Wall Street: precio del crudo, 147 euros el barril. En
Reunión Extraordinaria del Consejo de Seguridad, la ONU declara ilegal a la
OPEP. Reabren viejas centrales atómicas.
2031: Fuerzas de una coalición panarábiga
atacan Israel. A paridad tecnológica de armamentos, las tropas hebreas
retroceden ante la superioridad numérica de los atacantes. Tel Aviv contraataca
con ojivas nucleares tácticas. Objetivos: Egipto, Sudán, Irak, Irán, Arabia
Saudita, Siria y Jordania. Millones de kilómetros cuadrados convertidos en
desierto radiactivo; miles de pozos petrolíferos arden. Precio del crudo: 386
euros el barril.
2034: Nigeria: últimos barriles de petróleo
extraídos de un yacimiento africano. Compañías aéreas en bancarrota. Lufthansa
y Delta Airlines, vuelos regulares con dirigibles. Ola de frío en Europa: miles
de muertos por falta de calefacción. El petróleo, patrón monetario
internacional. Precio: 648 euros el barril.
2036: EUA: La Comisión de Medio ambiente
vuelve a cerrar numerosas centrales atómicas. Pese a los experimentos Tokamak,
la fusión nuclear controlada es aún una utopía. Venezuela: En el golpe de
estado que derroca al presidente vitalicio Hugo Chávez son destruidos el 90% de
los campos petrolíferos del país sudamericano. Precio del crudo: 1670 euros el
barril.
2038: La ONU declara "emergencia
energética mundial". Las centrales "limpias " (hidroeléctricas,
mareomotrices, eólicas, solares, de biogás), que representan solo el 12% de la
producción mundial de electricidad, son declaradas "patrimonio de la
humanidad". China deja de exportar petróleo. Los EE. UU. declaran ilegal
el uso y/o posesión de motores de combustión interna para los particulares.
Pánico en Detroit. Aumentan los precios del carbón; se reabren varias minas de
hulla en el Reino Unido.
2041: Rusia, único exportador mundial de
petróleo, es admitida en la Unión Europea en calidad de miembro con pleno
derecho. Comienza la explotación de yacimientos de crudo "pobres" en
Siberia. Motines en Tokio. Washington declara la ley marcial. Guerra civil en
China; Pekín invade Mongolia.
2042: Parten rumbo a Titán cuatro
expediciones espaciales privadas: en la década anterior, sondas no tripuladas
descubrieron allí grandes reservas de hidrocarburos. Es la primera y auténtica
gran aventura cósmica de la humanidad. La NASA y la Agencia Aeroespacial
Europea se unen para constituir el Consejo del Cosmos. Primer decreto:
proscripción de toda misión espacial privada.
2043: Las naves Amsterdam, de la Royal Dutch Shell; y John Bull, del Bank of London se desvían del rumbo correcto. La misión
holandesa consigue regresar sin mayores contratiempos. El vehículo inglés,
agotado su combustible, desaparece de modo inexplicable en el espacio con toda
su tripulación.
2044: Los vehículos George
Washington, de la Exxon y Sheif-Al-Islam, de la familia real saudita, alcanzan la órbita de Titán. Buenas
noticias. Aunque congeladas, las reservas de hidrocarburos son del orden de los
trillones de toneladas.
2045: Cargadas con millones de barriles de
crudo, ambas naves regresan a la Tierra cuando son impactadas por sendos
misiles con carga atómica. Las explosiones son visibles en todo el lado
nocturno del planeta. Reivindica el hecho Suomi Kalevala, un inédito grupo
extremista finlandés. Duelo mundial. Devaluación del euro y el dólar. Abortados
intentos de secesión armada en los estados norteamericanos de Texas y Nuevo
México. Precio del barril: 20.345 euros.
2046: El presidente norteamericano acusa
públicamente al ente petrolífero ruso de ser el verdadero autor del artero
ataque...y declara la guerra a Moscú. La nave inglesa John Bull, perdida tres años antes, reaparece en la órbita de Marte. Primer
reporte sobre los agujeros de gusano. Noticias sobre la fusión fría... falsas.
2047: Rusia ocupada por tropas de la OTAN.
Durante el conflicto bélico se pierden cientos de pozos de crudo, algunos
incendiados por los invasores, la mayoría por las tropas rusas en retirada.
2048: Los radares y sistemas de alerta de la
OTAN y EE UU registran el despegue de cientos de misiles desde silos ocultos en
Siberia, el Pamir y los Urales... pero ninguna reentrada atmosférica...
2049: Sin necesidad de telescopio, la
humanidad asiste al triste y extraordinario espectáculo de la explosión de
Titán... con las reservas de combustible en las que había cifrado todas sus
esperanzas. En la Tierra, el brillo rojizo de la agonía del lejano satélite
ardiente se confunde con el resplandor de los incendios y motines de la ola de
pánico mundial ante un futuro sin combustible...
–...Se tomaron muestras de los sedimentos
del fondo y se colectaron ejemplares de las cinco especies de algas
verdeazules... –bajo el sol crepuscular, Irina informa serena: con voz átona,
erguida casi en "firmes", mirando al frente sin vacilar.
Algo que no logra hacer Fiona: nerviosa, sus
ojos saltan de uno a otro ex-tripulante de la Bifrost en un nistagmo incontrolable. Sus compañeros fingen no
advertirlo, pero pasan los segundos y la situación se vuelve tan incómoda que
hasta la imperturbable Irina comienza a tartamudear... y queda callada en mitad
de una frase.
El incómodo silencio dura varios segundos,
hasta que el noruego Torstein, tan alto y corpulento que seria amenazador de no
ser tan dulce, dice suavemente:
–Ningún astronauta sabe mentir... no nos
entrenan para eso. Ya saben que lo sabemos... Basta de teatro. ¿Cómo lo
llamaron ustedes? ¿Hierba, Pradera, Esperanza... u Oro Negro?
Los de la Argonauta no se atreven a alzar la vista ni a decir palabra. Es de
nuevo Fiona, la más atrevida, quien susurra, casi con alivio:
–Sa... Sabana...
–Sabana –repite la hindú Amdala Rushdan, y
se sienta tranquilamente, invitando a todos a imitarla–. Curioso... también
nosotros queríamos bautizarlo así, aunque preferimos Torstein... –tierna,
acaricia la mejilla del escandinavo–. Su abuelo fue perforador en una
plataforma petrolera en el Mar del Norte ¿lo sabían?
–No... pues antes de Sabana, nosotros
pensamos ponerle Nueva África –comenta Tupac, recobrado su buen humor–. Algunos
capitanes son más modestos que otros... –todos se sientan sobre la arena gris,
aunque todavía tensos.
En lontananza, el rojizo sol se pone,
perezoso, llenando de reflejos los paneles solares.
–¿Capitán? –sonríe melancólico el corpulento
rubio–. Pues, no exactamente...
El ingeniero de la Argonauta no lo escucha:
–Entonces, ustedes ¿ya sabían... del
planeta... del petróleo? –hay asombro e incredulidad en sus facciones indias,
que parecen de bronce en la luz carmesí del poniente–. ¿Cómo... cuándo... por
qué?
–Desde el 2069, todos van a Sigma del Dragón
como primer viaje –explica Joáo, el menudo brasileño–. Por supuesto, nadie lo
comenta luego; es la última prueba.
–¡Dieciocho años negándole todo ese petróleo
a la humanidad! ¿Pero qué se creen... dioses? –hay furia en la voz de Bkila–.
¿Qué clase de prueba puede ser ésa?
–De responsabilidad social –explica Torstein–.
Recuerda Titán. Piensa lo que esa misma humanidad haría aún hoy con todo ese
petróleo. ¿Tenemos el derecho a negárselo a sus hijos... sólo porque sus padres
no sabrían compartirlo en paz?
–¿Por qué también ustedes decidieron
ocultarlo? –pregunta Joáo, tranquilo.
–¡Porque ... –empieza a decir Bkila, casi
furioso–. ¡Porque pensamos que... –se calma, de repente, casi asombrado– ...que
todavía la humanidad no estaba preparada para dar un buen uso a tan grandes
reservas de combustible...
–Ah –sólo dice Joáo, tan cómicamente que
todos ríen y la tensión empieza a relajarse.
Como por arte de magia, una cantimplora
aparece y pasa de mano en mano.
–Si no hubiera sido por la John Bull... los hombres descubrimos los
agujeros de gusano y cómo burlar la relatividad antes de estar realmente
preparados –se lamenta después de un largo trago el chino Den Hsiao, hasta el
momento silencioso–. Lao Tse decía que sólo hay algo peor que no tener lo que
se desea...
–...y es tenerlo cuando aún no se está
preparado. Sí, conozco la cita –asiente Kitara, también bebiendo–. Entonces
¿pasamos la prueba?
Torstein asiente, sonriente.
–Pero, tal vez... subestimamos la madurez
social y ética de los seres humanos –se preocupa Irina, de pronto–. Tal vez,
dándoles la noticia de la manera adecuada...
Amdala le responde con otra pregunta, llena
de ironía:
–¿Ahora tú? ¿Cuál crees que sería la manera
adecuada de decirle a tu madre que ser astronauta significa compartir no sólo
tu trabajo sino tu cama y toda tu vida con dos hombres...?
–...Y dos mujeres –agrega Tupac, malicioso–.
Y todos de otros países... incluyendo un negro, una asiática y un indio, qué
horror.
–No entiendo qué tienen que ver en esto mi madre
y mi vida privada –replica la rusa, muy seria, pero enrojeciendo hasta la misma
raíz de su rubio y corto cabello.
–No te avergüences –ríe la hindú–. Imagínate
si mis padres supiesen que yo, hija de brahmanes, aún hoy comparto mi vida con
tres extranjeros sin casta... –Joáo, Torstein y Den Hsiao sonríen–. Una
tripulación es para siempre. Aunque tampoco es su culpa si no pueden pasar por
encima de sus prejuicios sexuales y raciales...
–Quizás sólo afrontando el espacio se pueda
entender que una tripulación debe ser una sinergia perfecta –reflexiona Kitara
en alta voz–. Como los cinco dedos de una mano unidos en un puño: intimidad
total, confianza total, sin secretos personales ni moralismos estúpidos...
–Una frontera nueva necesita gente nueva, y
una moralidad y unas reglas también nuevas –aprueba Joáo–. Mírennos... mírense.
Ya no somos hindúes, noruegos, bolivianos, japoneses ni chinos... sino
astronautas. Y aunque ya no pueda aceptarnos ni entendernos, la Tierra nos
necesita... y nosotros tenemos la obligación no sólo de comprenderla... sino de
protegerla de su propia ambición e inmadurez.
–El mito de la nueva raza y los superiores
místicos, en versión cósmica: dioses –Kitara, escéptica, pregunta–: Pero si
Sabana... Sigma del Dragón, es la última prueba de las tripulaciones ¿qué pasa
con quienes... no aprueban? ¿Han sido muchos?
Den Hsiao mira a sus tres compañeros, como
buscando aprobación, y al fin responde, suspirando:
–No, no muchos. El adiestramiento de las
tripulaciones en Próxima ha colmado todas las expectativas: obra el milagro de
convertir a hombres y mujeres de razas y culturas distintas en equipos
sólidos... en el 99% de los casos.
–Suenas como Bkila en sus momentos más
solemnes –se burla Tupac, pero aún insiste, siempre irónico–: ¿Y el otro 1%?
¿Los envían de vuelta a La Tierra?
Es ahora un cabizbajo Torstein quien
responde:
–¿Y poner en peligro secretos como el de
Sigma del Dragón? Traté de explicarlo antes... lo de "capitán" no es
del todo exacto... –su voz tiembla, sus ojos están húmedos, no puede continuar.
–Fue difícil para él... lo es cada vez que
tiene que recordarlo –lo excusa Amdala, y continúa, mientras el conmovido
escandinavo se levanta y se aleja del corro–. Nuestra Bifrost fue la primera
nave en alcanzar Sigma del Dragón, en el 2069. Las grandes reservas
petrolíferas de su segundo planeta fueron una sorpresa... y un dilema.
Ingeborg... nuestra capitana, decidió dar parte.
–Era una buena capitana... tenía instinto,
sabía tomar la decisión correcta en los momentos más peligrosos –recuerda Den
Hsiao, nostálgico.
–Pero cumplir las reglas era para ella casi
como respirar –rememora Amdala.
–Y no le gustaba reconocer cuando se
equivocaba... –Joáo baja la cabeza.
–Discutimos... fuertemente... –dice
entrecortadamente Torstein, volviendo al corro–. Y tras la discusión... no
confiaba en nadie... Yo tuve... que hacerlo.
–Oficialmente, la capitana Ingeborg murió
asfixiada por un fallo en su escafandra –declara Amdala, abrazando al
desconsolado noruego–. Era su hermana.
–Fue duro, renunciar para siempre al Cosmos.
Una mano mutilada ya no puede formar un buen puño –suspira Den Hsiao–. A duras
penas logramos regresar... la Bifrost fue diseñada para cinco tripulantes. Pero
valió la pena... creo.
–Una hermosa historia –Fiona aplaude
cínicamente–. Conmovedora... e instructiva –la irlandesa se pone en pie, con
los brazos en jarras, retadora–. Y ¿cuál es la moraleja? ¿Que si no seguimos el
sacrificado ejemplo de ustedes, Torstein, el ogro malo, también se encargará de
nosotros... con dolor de su alma, eso sí? ¿Fue para eso que nos hicieron
descender tan lejos de la ciudad? ¿Para evitar testigos?
–Pues no –dice Joáo poniéndose de pie junto
con los otros tres ex-astronautas; Fiona retrocede, Tupac y Bkila se ponen en
pie de un salto, en guardia... pero los de la Bifrost solo parecen interesados
en volver a sus triciclos–. Sólo queríamos contarles la historia. Y ahora...
hasta luego –y da media vuelta.
Los del Consejo alzan las velas y comienzan
a pedalear, sin mirar atrás.
–Pero... –comienza a decir Fiona, al verlos
alejarse–. ¿Se van? ¡La discusión no ha terminado! –hace ademán de echar a
correr tras los triciclos, que ya cobran velocidad a los últimos rayos del
rojizo sol Próxima.
Pero Bkila la retiene por el brazo:
–Déjalos. Será mejor que sigamos caminando...
la ciudad todavía está lejos, y ya obscurece.
–Pero... entonces –no entiende aún la
exploradora–. Quiere decir que... si quisiéramos, ahora podríamos decirle a
cualquiera de Sabana y todo su petróleo...
–Sí –Bkila la mira a los ojos–. Si
quisiéramos, podríamos... pero no podemos. Hay cosas más importantes que todo
el petróleo el mundo. ¿Entiendes?
–Ah –pronuncia lenta Fiona, al fin tranquila–.
Responsabilidad social, ¿no?
El capitán asiente. Próxima Centauri se ha
ocultado ya. En la penumbra en aumento, la tripulación de la Argonauta reemprende en silencio la
marcha hacia el lejano centro de vuelos. Por entre los paneles solares y bajo
las torres eólicas.
Caminando.
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