SILVESTRE
... Tengo más de cuarenta años y mí nombre es Silvestre. Casi un año antes, de que Foly naciera, yo ya ocupaba su cuna. Fui su primer amigo. Desde entonces, hemos cambiado innumerables veces de habitación, y dormido en muchísimas camas. Y aún hoy, seguimos compartiendo el mismo lecho. Jamás nos hemos separado. Salvo cuando él tiene novia. Entonces, sinceramente, prefiero que duerma fuera de casa. Así, yo no acabo en el suelo por falta de espacio. Ni aplastado accidentalmente, durante algún arrebato de pasión. Que por mi experiencia, suelen ser el preludio de un interminable revolcón.
... Recuerdo aquellos tiempos, en los que él lloraba y llamaba a su madre, para que me buscara debajo de la cama, por qué yo, me había caído al suelo y él no podía dormir, si no me tenía a su lado. Los demás, ingenuamente, pensarían que se sentía más protegido estando conmigo. Pero lógicamente, era él quien me protegía. Aunque secretamente, te confieso mí convencimiento, de que gracias a mí, por protegerme, él superó sus propios miedos infantiles. Y posiblemente por eso, ahora es más solidario, con todos los seres indefensos. Yo evidentemente, solo seré su inseparable osito de peluche. Pero me siento orgulloso. Por qué conseguí hacer de él, un "protector" cariñoso, cuando para los demás teóricamente, era un niño miedoso y aparentemente "protegido". Así que: ¡Benditos sean, mis incontables rotos y costuras!
... Hay tantas anécdotas que podría contarte, que no sabría por donde empezar. No he tenido una vida precisamente relajada. Cuando él era niño, sufrí muy malos tratos por parte de sus hermanos. Únicamente, por qué sabían, que yo era lo que él más quería y que el daño que me hacían, irremediablemente, se volvía contra mi compañero de cama. Dicen, que hay amores que matan. Pues a mí, habitualmente, me decapitaban, me lanzaban a los patios de los vecinos y hasta me clavaban lápices, concienzudamente afilados. Por eso, aunque solo veas en mí, a un pedazo de trapo viejo, sucio y roído, lleno de puntos de costura y con los ojos arañados, yo seguiré sonriendo, con mí cabeza recosida. Por qué después de todo, siempre podré pensar: ¡Que me quiten lo bailado!
Capitulo 2º
CHAVELITO
... Mí nombre es Chavelito. Durante bastante tiempo, fui el inseparable copiloto de Foly. Hasta que un buen día decidió, dejarme definitivamente en su casa. Ya que las insolaciones a las que estuve expuesto, tras permanecer durante años en su coche, me estaban dejando totalmente descolorido. Yo no recuerdo haber dormido nunca en su cama, pero siempre me ha tenido cerca. Fui un regalo de Isabel. Según él, uno de los más grandes amores de su vida. Ella, antes de regalarme, me perfumó de tal manera, que después de todos estos años, él dice, que aún le sigo oliendo a ella. Supongo que por ese motivo, solo se limita, a sacudirme el polvo de vez en cuando, y nunca me ha metido en la lavadora.
... Me pregunto si ella sabrá, a la insoportable cantidad de lágrimas y besos, a los que me condenó, al dejarme con él para consolarlo, después de que ella se marchara. Entonces solo yo, estuve a su lado. Ha pasado más de una década, pero sé perfectamente, que aún la sigue queriendo: Hace tan solo unos minutos, al pasar junto a mí, me besó en la frente y como siempre, olfateó mi barriga cerrando sus ojos. Al abrirlos, se los observé un poquito aguados.
... Ahora mismo, estoy frente a él. Alrededor de nosotros, hay casi una docena más de peluches. Cada uno de ellos, con su historia personal. Y aunque me guste creer, que yo soy especial, sé perfectamente, que todos nosotros formamos parte, de la secreta familia de sus nostálgicos recuerdos y vivencias.
... Así que, jamás te dejes engañar, cuando nos veas en esas estanterías de peluches de las grandes jugueterías. Aunque representemos a un mismo animal, ó personaje de los "dibujos animados", no somos ninguno completamente igual. Fíjate bien en nuestros ojos. En las expresiones de nuestras caras inmóviles. Veras como todos, somos un poco distintos. Algo más tristes, o quizás, más alegres. Por qué todos nosotros, nacimos con destinos diferentes, que cambiarán nuestro olor y marcarán inevitablemente, nuestros cuerpecillos acolchados. Los más afortunados, viviremos con una familia y tal vez con suerte, hasta dormiremos en tu cama. Pero también, muchos acabaremos en la basura, ó siendo el juguete más fugaz, que pasará por la boca de tu perro. Por eso, mí único deseo, es que enseñes a los niños, a tratar bien a mis compañeros de las estanterías. El mundo en el que actualmente vives, necesita urgentemente más "protectores".
Fin