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Memorias de Antonio E. Gorostiaga

MEMORIAS, MIS ANDANZAS DURANTE LA GUERRA CON BOLIVIA (1932-1935)
Por: Tte. 1° de Infantería de Reserva
Antonio E. Gorostiaga
Edición del año 2002

Página 39: “…Así llegó el 14 de Junio de 1935, fecha indicada para el cese total del fuego. Hora fijada, las 12. Al medio día, la expectativa era grandiosa. Todos tratábamos de ubicarnos de la mejor forma posible. La cuestión era asegurar el cuerpo de una bala perdida cualquiera. No era el caso de exponer nuestra vida en gesto de estúpida valentía, porque sabíamos muy bien lo que iba a ocurrir a esa hora, 10 minutos antes, una fenomenal descarga de todas las armas.
            En efecto, 10 minutos antes de las 12, fue la despedida macabra. Tanto bolivianos como nosotros, nos alivianamos de nuestros proyectiles. Aquello fue un infierno, una verdadera despedida de fuego y sangre. La artillería y la infantería en general hicieron derroche de disparos.
            Salvo algunos imprudentes quienes pagaron el error con sus vidas, todos nos tiramos al suelo, refugiándonos en nuestras defensas individuales, pequeñas zanjas, semejando diminutas sepulturas, esperando impacientes la hora 12 que se hacía esperar hasta que llegó el minuto final.
            El festejo fue general. Todos de pie, sucios pero alegres, confundidos en fuertes abrazos. Oficiales y soldados, sin distinción alguna y con extraordinaria emoción del momento, que parecía increíble, se abrazaban con inmensa alegría, en medio de vítores y cantos patrióticos.
            La paz definitiva, después de tres largos años de lucha, no era para menos.
            Después, un silencio absoluto, hasta impresionante, se produjo en ambos frentes. No se escuchaba un solo disparo de fusil. Si esto hubiera ocurrido, se tendría que haber labrado acta, haciendo constar el motivo del disparo.
            Desde ese mismo instante comenzaron las entrevistas amistosas, fraternales, entre los beligerantes, como si nunca hubieran tenido una guerra injusta, pero lastimosamente necesaria.
            Los encuentros fraternales se sucedían entre los soldados, intercambiándose caramañolas, yataganes, billetes de dinero con mensajes modestos pero sinceros, y hasta prendas de vestir. Sin embargo, cosa curiosa, entre nosotros los oficiales y los bolivianos de la misma jerarquía, no pasaba nada, hasta que una mañana, bien temprano, del 20 de junio de 1935, tuvimos la visita de un soldado boliviano, con la invitación verbal para un encuentro de oficiales en el Campo de Nadie, ese mismo día, a las 10 aproximadamente y que si aceptábamos, vendría nuevamente él, el soldado, a conducirnos por lugares seguros, porque el campo de probables luchas estaba minado.
            Así fue, acudimos a la cita, guiados por el estafeta boliviano al lugar elegido, con cierto nerviosismo propio del acontecimiento que se aproximaba; sin embargo, pese a esa tensión nerviosa que nos invadía, durante todo el trayecto se efectuaron jocosos comentarios.
            Para el histórico encuentro, llevamos buenas dosis de la famosa caña “La deliciosa” de aquella época, obtenida con la colaboración de los camaradas, con el consiguiente esfuerzo de un poco de miel de abejas que algunos tenían para aumentar la potencia de nuestro rubio líquido. El Whisky era un artículo desconocido para nosotros. Nuestro grupo componían aproximadamente ocho oficiales, comandados por Teniente 1° Julio César Cristaldo.
            Mientras escribo estos comentarios, vuelvo a vivir aquella escena de gran significación histórica y fraternal.
            Llegamos al lugar elegido, un cerro cercano, y al cabo de pocos minutos se hizo presente un calificado grupo de oficiales bolivianos al mando del Teniente Ormachea, Comandante del II Batallón del Regimiento de Infantería N° 12 “Manchengo”, unidad de muy buena fama como combatiente.
            Luego del saludo protocolar, ambos grupos quedamos mudos durante unos segundos; tal vez dominados por la emoción del momento, hasta que el Tte. Ormachea rompió el silencio con estas palabras: “Hermanos paraguayos”, evidentemente estamos emocionados y no es para menos después de tres largos años de lucha, con tanta sangre derramada. Venga al abrazo sincero y afectuoso, con lágrimas en los ojos. Todos lloramos de inmensa emoción y así fue, aunque se crea lo contrario.
            Parecía increíble este encuentro entre beligerantes de hacía apenas pocos días. En ese momento de franca alegría, nuestros recuerdos se remontaban hacia nuestros seres queridos, con quienes pronto volveríamos a encontrarnos.
            Y comenzaron los brindis. Ellos con sus chichas y nosotros con nuestra caña, de potencia aumentada con la miel de abejas, servida en nuestros bien ponderados “jarros lata”.
            Los discursos improvisados surgían a cada momento. Fue un encuentro feliz que nunca olvidaré. Se intercambiaron mensajes brújulas, revólveres, relojes y billetes de dinero.
            En esa ocasión de la entrevista amistosa y de alto contenido fraternal de dos pueblos que lucharon tres largos años, el Tte. Ormachea, camarada boliviano y comandante del II Batallón de Regimiento de Infantería N° 12 “Manchengo”, me dedicó el siguiente mensaje, que lo tengo guardado como la mejor reliquia histórica de la Guerra del Chaco. El mensaje dice así:
“CAMPO DE NADIE, 20 DE JUNIO DE 1935
SEÑOR:
TENIENTE 1° ANTONIO E. GOROSTIAGA
PRESENTE

CUANDO OGULLOSOS DE HABER CUMPLIDO CON VUESTRO DEBER RETORNEIS AL CALIDO HOGAR ABANDONADO, NO OLVIDEIS LAS VICISITUDES PASADAS EN LA CAMPAÑA DEL CHACO; DECID A LAS PERSONAS AMADAS LO QUE HABEIS SUFRIDO; DECIDLES QUE NOSOTROS SOMOS VUESTROS HERMANOS Y QUE OS ESTIMAMOS; DECIDLES QUE EL ODIO MATA Y QUE EL AMOR CONSTRUYE. ENSEÑAD A VUESTROS HIJOS, NO EL ODIO RACIAL EN EL QUE FUIMOS EDUCADOS, SINO LA AMISTAD Y EL TRABAJO.
NOSOTROS LOS BOLIVIANOS OS PROMETEMOS HACERLO ASÍ.

                                                                                  TENIENTE ORMACHEA.

            Esta entrevista fue realizada en una zona cercana a Mandiyupecuá después de la retoma de este estratégico lugar…”


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