7 DE SEPTIEMBRE DE
1940
¿Qué pasó
aquel 7 de septiembre de 1940? Según el capitán de fragata Víctor Urbieta
Rojas, director general de Aeronáutica, el día 7 de septiembre, a las 10 hs. 45
min., el presidente Estigarribia acompañado de su señora esposa y el edecán
militar mayor Raúl Fernández Decamilli, llegaron en automóvil a la base local
con propósito de viajar en avión a San Bernardino, como habitualmente lo
hacían.
“Indiqué a
S.E. que esperara 40 minutos más a fin de que fueran transportados (el general
y señora) en un avión cómodo utilizado por ellos habitualmente, que ya había
salido de Concepción a las 10:45 rumbo a Asunción, según despacho telegráfico
recibido, la máquina que era el Breda 44 (bimotor).
“En vista de
que S.E. insistiera en viajar en cualquiera de los que se encontraban en
condiciones (de los aviones), llamé al jefe de Talleres y dispuse que el avión
Potez 7, recientemente refaccionado, y que se encontraba a disposición de la Comisión
de Límites, fuera alistado para el vuelo a San Bernardino, en vista de lo cual
la máquina fue sacada del hangar y desmontado el equipo aero-fotográfico que
tenía instalado.
Fuimos hacia
el hangar. Piloteado el Potez 7 por el mayor P.A.M. don Carmelo Peralta, parten
en vuelo el Presidente y su señora. El decolaje se produjo a las 11 hs. 45
min.”.
Transcurrida
una hora y media y debido a que el avión no regresaba a su base, cuenta el
capitán Urbieta Rojas, “pedí al señor jefe de Policía que solicitara informe de
la llegada a San Bernardino, pues, la Dirección General de Aeronáutica no podía
hacerlo directamente debido a que, en cumplimiento de una orden de la
Superioridad, la central telefónica tenía instrucciones de no conceder
comunicaciones suburbanas a dicha repartición”. El jefe de Policía comunicó que
el avión no había llegado a destino.
Primeras
reacciones
Inmediatamente,
el director de Aeronáutica dispuso la salida de todos los aviones disponibles
en busca del Potez 7, pero el resultado fue infructuoso, hasta que por medio de
un despacho telegráfico del comisario de Altos se pudo conocer el lugar del
accidente.
Obtenido el
dato y “aprovechando el espontáneo ofrecimiento de los pilotos del Correo
Militar Brasilero, se procedió a enviar el avión de estos, llevando a bordo
como observador al Cap. P.A.M. don Enrique Déntice, el cual, a su regreso,
informó del estado catastrófico en que se encontraba el avión accidentado, y
que sin duda sus tripulantes debían de haber fallecido todos”.
El grupo de
investigadores se trasladó a “Aguaí-y” (Altos) y, luego de las inspecciones,
llegaron a las siguientes conclusiones sobre las causas que provocaron la
catástrofe:
“1. Rotura
de la punta eje cigüeñal provocada por una sopladura, es decir, un defecto
constitutivo del material debido a la absorción del oxígeno del aire durante el
proceso de la preparación del hierro para la fabricación del acero; pero dada
la coloración irregular de esta zona donde las moléculas no forman un todo
compacto, parece más bien ser debida a la concentración del carbono que no se
ha quemado durante el tratamiento técnico (Temple). Esta anomalía constitutiva
del material disminuye notablemente el coeficiente de enervadura y al mismo
tiempo la sección, y, por consiguiente, el límite plástico del material”.
“Esta
anomalía constitutiva del material contribuye a su fatiga o tiricia, que con el
transcurrir del tiempo de exceso de trabajo produce su cristalización con la
consiguiente rotura.
“2°. Al
producirse la rotura de la punta eje cigüeñal por las causas anteriormente
citadas, la hélice que debería proyectarse hacia delante por inercia y de
costado debido a la gran fuerza centrífuga que tiende a sacarla del centro
hacia la periferia, según la tangente del círculo descrito en el punto donde se
encontrara al instante de la rotura, fue desviada hacia atrás, al parecer
debido al obstáculo ofrecido por la tubería de circulación del aceite en el
interior del cigüeñal.
“En esta
circunstancia, la hélice tocó el panel superior de la célula derecha a la
altura de la undécima nervadura de conformación, rompiendo la unidad de
transmisión delantera, triturando el borde de ataque, las nervaduras falsas de
nariz y desgarrando la cubierta de tela, partículas de la cual se desprendieron
del avión en vuelo cayendo a grandes distancias del lugar donde se encuentran
los restos de la máquina.
“3°. Con la
rotura de la unidad de transmisión delantera del panel superior de la célula
derecha, queda anulada la acción de los cables de vuelo delantero, por lo
tanto, la superficie sustentadora comprendida entre la bahía se levanta hacia
arriba por efecto de las presiones dinámicas que actúan en el intrado y debido
a la resistencia que ofrece en su velocidad aerodinámica con respecto del aire,
se dobla a la altura de la mitad de la cuerda, obligando al avión a efectuar un
violento movimiento de escora y cabeceo que crea una situación difícil.
El avión –es
decir, lo que quedaba de él– se encontró en un pequeño cañadón, a escasos
metros de un montículo. Por informes de los vecinos de dicho lugar (Aguaí-y)
Aparicio Arias Marín, Silverio Arias, Pedro Saldívar, Rogelio Jara, Saturnino
Duarte, Victorio Duarte y otros, el avión navegaba de sudoeste a noreste, a una
altura más o menos 250 metros en medio de una densa bruma seca, cuando de
pronto se escuchó una brusca acelerada del motor, seguida de un ruido producido
de un golpe, instante que se vio que la hélice se desprendió del avión, como
así mismo otros objetos que resultaron ser pedazos de telas de maderas
compensados y costillas del plano superior, en este momento vieron precipitarse
el avión casi verticalmente y girando hacia la derecha (barrena)”.
Una vez
conocido el ingrato suceso, a las 16 de aquel 7 de septiembre, llegaron al
lugar el juez de paz de Altos, señor Calderini, su secretario, E. Pérez Kunzle,
el doctor barón Alfred Coppens, el comisario Emiliano Valdovinos.
El juez
ordenó la inspección de los cadáveres y se constató que el general Estigarribia
tenía el pecho completamente abierto y rotura en la pierna izquierda. El
cadáver de doña Julia, vestida con traje de montar, con múltiples fracturas del
cráneo, del tórax y de las extremidades, y el del piloto Peralta, con varias
fracturas del cráneo y el vientre completamente abierto con los intestinos
fuera de su lugar.
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