Traducción de Marcial Souto en Cuentos
fantásticos y de ciencia ficción en América Latina, selección de Elvio E.
Gandolfo, B.B.U. 171, Centro Editor de América Latina, 1981.
André Carneiro no sólo ha dado a conocer
numerosos relatos (recopilados en volúmenes como Diario de la nave perdida)
que lo han convertido en uno de los autores más sólidos de la ciencia ficción
brasilera, sino que se ha dedicado también a la actividad de la difusión del
género. En ese sentido, ha publicado un volumen que constituye una buena
introducción al tema y ha colaborado en publicaciones extranjeras con artículos
sobre la ciencia ficción latinoamericana. En 1980 dio a conocer una novela: Piscina libre, que
imagina una posible organización social del impulso sexual.
Trasplante del
cerebro se destaca dentro de su obra como un texto
marcadamente experimental, que evita lo descriptivo para transmitir de modo
directo las consecuencias posibles de la operación del título.
En
el cuadro luminoso estaban señalados el día y el año, 20 de agosto de 2425. El
profesor dio un salto, tiró del calcetín, apretó el botón de gravedad y
descendió lentamente, casi en un paso de danza.
-Sí,
eso es, pueden grabar. La revolución del sexo, siglo veinte. La revolución de
la gravedad, comienzos del siglo veintiuno. Y, la más importante de todas, la
Revolución del Cerebro, comienzos del siglo veintitrés.
Una
de las alumnas, en el fondo del aula, apretó un botón, dio un impulso y fue
planeando por encima de sus colegas hasta poner una mano en el hombro del
profesor. Su cuerpo fue descendiendo lentamente, mientras tocaba la frente del
profesor con la punta de la lengua rosada. El profesor dijo que "sí"
con la cabeza y la alumna fue al baño totalmente transparente que había al
lado. Naturalmente toda la clase se puso de pie para observarla.
Cuando
recomenzó la lección el profesor todavía tenía un brillo de saliva en la
frente.
-El
primer trasplante de cabeza humana se realizó a comienzos del siglo veintiuno.
Hasta para la medicina de aquella época era un trasplante muy fácil. Al
principio la médula no se ligaba a la cabeza nueva. Resultado: el cuerpo
permanecía inmóvil y sin ningún valor. Cuando consiguieron unir la médula,
comenzaron a surgir absurdos como este.
Al
lado del profesor apareció la proyección de un hermoso cuerpo de joven con
cabeza de vieja.
Alguien
hizo algo allá en el fondo. El profesor apuntó con un dedo, y comenzó a irradiar
una luz anaranjada que fue a dar a la punta de un seno de una joven de cabellos
verdes. Todos se pusieron en puntillas, y cada uno olió la axila del compañero.
La clase se volvió a interrumpir porque el profesor entró en el baño. Los
altoparlantes de la sala ampliaron cien veces el sonido de la orina. El
profesor era virtuoso. Regulaba el chorro por los puntos sensibles del inodoro,
y el resultado era una verdadera sinfonía. Las últimas gotas fueron
magistrales.
-En
esa época -continuó, después de guardar el miembro en el estuche de fibra
colorida- la ciencia se preocupaba por los veinticuatro nervios craneanos y los
sesenta y seis nervios espinales. Cuando, cincuenta años después, comenzaron a
trasplantar el cerebro mismo, tenían que correr para ligar los veinticuatro
nervios mientras bombeaban sangre hacia la cabeza descarnada. Junto al profesor
apareció un monstruo de cabeza abierta, en tres dimensiones. Un alumno lanzó un
grito y dos jovencitas se hicieron un masaje sexo a sexo que las dejó sin fuerzas
durante un buen rato. El profesor sonreía. Todas las interrupciones estaban ya
programadas, para que el aula no perdiese interés.
Luego,
un alumno que estaba en el último año de la escuela de música, fue al baño. Su
exhibición los dejó a todos pálidos de emoción. Al profesor no le gustó mucho
porque esa parte no estaba prevista.
-El
principal problema de los trasplantes cerebrales es el de la donación. En la
época del trasplante de cabezas era difícil encontrar quién donase un cuerpo
nuevo para una cabeza receptora. Cuando empezaron a trasplantar el cerebro, de
cabeza a cabeza, el problema era el mismo. Al cuerpo entero se lo consideraba
donante, y al pequeño cerebro, receptor. Por increíble que parezca, se
descubrió que una mujer con cuerpo de hombre actuaba de un modo más eficiente y
perfecto que los hombres con cuerpo de mujer.
-Profesor,
no entendí -dijo un niño levantando la mano.
El
profesor agarró el pequeño aparato del pupitre, fue junto al niño y le pegó la
punta del tubo en la frente.
Una
pareja, tomada de la mano, aprovechó el intervalo para entrar en el baño. El
profesor desconectó los altoparlantes. Al menos por ese día no quería más
competidores.
Sobre
la mesa descendió una cabeza enorme. El profesor hizo un corte entre los pelos
con un bisturí, y con mucha habilidad fue abriendo todo hasta llegar al
cerebro. Clavó algo allí dentro, y pisó un pedal. El estrado se llenó de gente.
Había un nuevo bebé haciendo caca, un hombre desnudo en posición de yoga, dos
jovencitas cortándose mutuamente los pelos del sexo, y un padre sentado, con un
libro antiguo, de papel, en la mano. El profesor le dio una patada a la
criatura, que rodó de lado como si fuese una muñeca de trapo.
-Vean:
esto que tenemos aquí son pensamientos, simples pensamientos; carecen de
existencia real.
Fue
junto al padre y lo abofeteó. El padre cayó al suelo con aire de desagrado,
pero no reaccionó.
El
profesor dio un salto de lado y le sonrió a todo el mundo. Un alumno levantó la
mano.
-No,
nada de pipí musical.
El
alumno miró alrededor, pero nadie lo apoyó. Fue al baño en silencio. Nadie lo
oyó. El profesor continuaba sonriendo.
-Hacía
ya siglos y siglos y siglos que se sabía que el cerebro funciona con
electricidad, con simple electricidad... -Los alumnos se reían a carcajadas-.
Vean -continuó el profesor-: ustedes graban ahí -apuntó con un dedo hacia los
grabadores de pulsera- del mismo modo que grabamos aquí -dijo, señalando la
cabeza con un dedo.
El
padre continuaba en el suelo, respirando con dificultad. Las jovencitas se
habían rapado completamente, y el hombre desnudo saltaba con el bebé.
-Vean,
vean -dijo el profesor. Agarró un pequeño bastón, se rascó con él entre los
propios cabellos y se acercó al cerebro abierto, en la cabeza que había encima
de la mesa. Hubo una confusión total. El bebé se transformó en un cachorrito de
dos piernas, el padre comenzó a mirar de un modo sospechoso al yoga desnudo, y
las jovencitas de sexo rapado cacareaban con esfuerzo-. Vean: una simple
descarga de electricidad estática que actúa sobre las dendritas y los ramos de
neuritas, y que acciona simplemente a ochenta mil sinapsis, todo con apenas
diez milivoltios...
Usando
el bastón, el profesor se rascó entre los pelos del sexo con satisfacción
evidente. De la punta del bastón salían chispas. Parecía que se iba a masturbar
pero, de pronto, acercó el bastón al cerebro abierto. El padre, que estaba
acariciando al yoga, desapareció. Las jovencitas todavía dieron unos saltos,
como si se quisieran agarrar del aire. El bebé se convirtió en una pequeña humareda
azul que fue subiendo hasta el techo. El profesor agarró la cabeza por los
pelos sucios de sangre y la tiró por el orificio para residuos que había en la
pared.
-La
mente, la inteligencia, el pensamiento, no son otra cosa que electricidad,
debidamente grabados en el cerebro. Les voy a explicar... Substancias químicas
con diferentes ionizaciones, especialmente iones de cloro, sodio y potasio, se
fijan en la membrana de la punta sináptica de la célula y abren el camino que
permite la entrada de un impulso...
A
esa altura los alumnos se subían a los pupitres, se reían, se masturbaban en
cadenas de besos ingrávidos, desde los tobillos hasta la raíz del pelo, desde
el techo hasta el baño transparente donde más de cinco hacían pipí al mismo
tiempo. Se reían y gritaban: "Llega, llega, lo sabemos, no importa.” El
profesor estaba tan entusiasmado que parecía no oír.
-Noventa
millones -decía- se llaman células gliales, transportan materiales sanguíneos a
las células nerviosas...
Uno
de los alumnos, que estaba desnudo, de extraños senos y de miembro masculino,
se acercó por detrás, agarró el bastón que el profesor había dejado en la mesa
y lo apoyó con suavidad en la parte posterior de la cabeza del profesor. El
profesor dejó de hablar inmediatamente, y puso cara de inteligente como si
fuera a tomar una decisión. Cuando recomenzó a hablar ya todos los alumnos
estaban sentados en orden, prestando mucha atención.
-A
comienzos del siglo veintitrés se empezaron a hacer los verdaderos trasplantes
cerebrales, sin necesidad de las groserías quirúrgicas típicas de los siglos
anteriores. Lo que ya se sabía desde hacía mucho tiempo se probó
definitivamente. El cerebro, mediante la electricidad se limita a grabar los
estímulos desde la formación del feto. Todos esos impulsos pueden ser
desgrabados o transportados a otro cuerpo. Hecho eso, el individuo pasa a tener
un cuerpo nuevo, y pueden también, a través del tiempo, habitar varios cuerpos.
Bueno, todos ustedes saben perfectamente lo que le pasa al cerebro de un hombre
que recibe un cuerpo de mujer. Saben también lo que pasa con el cerebro de
mujer que recibe un cuerpo de hombre. -El profesor hizo una pausa, bajó la luz
de la sala, y siguió con voz dramática-. Cosas maravillosas, sensaciones
maravillosas. Yo, por ejemplo, era mujer, una mujer muy bonita. Bueno, todavía
lo soy. -Volvió despacio el rostro, mostró el perfil, meneó un poco las
caderas-. Ser mujer con cuerpo de hombre es divino. -Se pasó la mano por el
miembro con delicadeza. Todos hicieron lo mismo, como mandaba la buena
educación. Nadie se atrevió a ir al baño, para no interrumpir ese momento. El
profesor abrió los brazos, como si los estuviese abrazando a todos-. Vamos a
contamos unos a otros nuestras impresiones. Ven aquí, no, tú no, quiero ese de
pecho ancho.
El
jovencito de pecho grande se levantó y empezó a hablar en otro idioma. Tenía
una voz delicada y musical. Era mitad hombre y mitad mujer, sobrino de su
propio padre por la parte masculina, y la parte femenina le venía de la prima
de su madre, que se despedazara todo el cuerpo al dar un salto de mil metros de
altura sin control de gravedad. Mientras él (o ella) hablaba, los alumnos
hacían una corriente, tocándose todos alguna parte del cuerpo. El profesor
danzaba en silencio, y parecía muy feliz.
Del
otro lado de la pared media docena de personas observaban atentamente todo lo
que pasaba en la sala de clase a través de visores que atravesaban la pared.
Más
atrás había un hombre acostado en una poltrona especial, rodeada de aparatos
complicados. Uno de los observadores era una mujer muy bonita. Parecía que todo
aquello era una novedad para ella. Se apartó del visor y fue hacia el hombre
más viejo, que parecía un líder.
-Es
increíble, es increíble -exclamó. El hombre más viejo, complaciente, tocó unos
botones y esbozó una leve sonrisa. Estaba ya esperando la pregunta. La joven
continuó-: ¿Entonces todo eso que estamos viendo, y oyendo, sale de veras de la
cabeza de ese hombre?
La
muchacha señaló al hombre acostado, rodeado de aparatos. El líder la miró y le
tocó una mano.
-Sí,
todo eso son pensamientos, creaciones de ese hombre.
La
muchacha fue hasta el visor, espió y volvió a preguntar:
-Pero
¿qué es la realidad? Si todo eso que se ve y se puede tocar del otro lado de la
pared no es más que pensamiento...
El
líder sonrió con dulzura, tiró él delantal, abrió los brazos, hizo unas
flexiones, como un atleta que se prepara para un ejercicio. Mientras hacía eso,
hablaba.
-Mire:
músculos, venas, movimientos, sonidos que usted oye e interpreta. Vamos,
pégueme aquí, en el brazo. -La joven le pegó levemente en los músculos
contraídos del brazo-. Preste atención; usted está viendo, está oyendo, está
sintiendo... eso es la realidad.
Todos
hicieron un círculo alrededor del líder, prestando mucha atención. Había seis
personas en la sala, además del hombre acostado en la poltrona especial llena
de aparatos. El líder hacía ahora movimientos muy extraños, mientras la
muchacha comenzaba a tirar la ropa.
En
la pared, exactamente detrás del líder, había unos círculos brillantes. Del otro
lado de esa pared, por unos visores perfectos, unas personas observaban lo que
hacían el líder y la muchacha. Junto a ellos tenían a alguien sentado en un
complicado sillón, rodeado de aparatos por todos lados...