Vi el otro día la faz pintada de la Esfinge.
Ella había pintado su rostro para así flirtear al Tiempo.
Y él no ha perdonado a ninguna otra faz pintada en el mundo
entero salvo la suya.
Dalila era más joven que ella, y Dalila es polvo.
El tiempo no ha amado nada salvo esta faz pintada y sin
valor.
No me importa que sea fea, ni que se haya pintado el
rostro, con tal que ella sola sonsaque al tiempo su secreto.
El tiempo reposa como un necio a sus pies cuando habría de
estar abatiendo ciudades.
El tiempo jamás se harta de su tonta sonrisa.
Hay templos repartidos en torno a ella que él ha olvidado
saquear.
Yo vi a un viejo pasar, y el tiempo jamás lo tocó.
¡El Tiempo, quien ha cargado con los siete portales de
Tebas!
Ella ha tratado de atarlo con cuerdas de arena eterna,
tenía la esperanza de oprimirlo con las Pirámides.
El yace allí en la arena con sus absurdos cabellos
esparcidos sobre las patas delanteras de ella.
Si ella descubre alguna vez su secreto le arran-caremos los
ojos, para que así no encuentre más nuestras cosas bellas —hay preciosos
portales en Florencia con los cuales temo que cargará.
Hemos intentado sujetarlo con canción y con costumbres de
antiguo, mas tan sólo le retuvieron por un pequeño intervalo, y él nos ha
siempre abatido y se ha mofado de nosotros.
Cuando esté ciego él bailará para nosotros y nos dará
diversión.
el gran y torpe Tiempo tropezará y danzará, él que gustaba
de dar muerte a niños pequeños, y no puede ya dañar ni siquiera a las
margaritas.
Entonces se reirán nuestros niños de aqueñ que aniquiló a
los toros alados de Babilonia, y eliminó grandes cantidades de los dioses y
hadas —cuando se le hayan podado sus horas y sus años.
Lo encerraremos en la Pirámide de Keops, en la gran cámara
donde el sarcófago se encuentra. Desde allí le guiaremos afuera cuando
celebremos nuestros banquetes. Él madurará nuestro maíz para nosotros y nos
hará labores domésticas.
Besaremos vuestra faz pintada, oh Esfinge, si tricionais a
nosostros al Tiempo.
Y sin embargo temo que en su angustia final pueda él
aferrar al mundo y a la luna, y lentamente derribar sobre sí la Mansión del
Hombre.
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