Título original: First Ray in Buddhism
El término Buddha se usa en dos
sentidos. Uno significa cualquiera de las siete clases de Logos: dícese que
cualquier Logos es Buddha. El otro es el Logos de un Rayo en particular; a
saber, el Rayo de Gautama o Gotama, el Segundo Rayo.
Las ideas vinculadas Con el
Primer Rayo se han deslizado aparentemente en el budismo chino desde la época
de Gautama.
En el Primer Rayo hay dos
elementos: 1) el elemento permanente del Primer Rayo, y 2) la Divina Presencia
inmanente, que es el Christós. Según la terminología budista, estos dos Rayos
se llaman, respectivamente, Amitabha y Avalokiteshwara. A Amitabha se lo
desclibe como un Buddha muy importante que vive en el Paraíso Occidental. La palabra
significa «luz ilimitada». A Amitabha se lo ubica en el Paraíso Occidental,
según la tradición de que el último gran Adepto de ese Rayo vivió en Shamballa,
estableciéndose allí «La Hermandad».
A A valokiteshwara se lo
considera hijo de Amitabha, pero en realidad no lo es, porque cuando el
Christós salió del Logos del Primer Rayo, surgió aparentemente de esta fuente
de luz, y por esta razón se lo llama el hijo de Amitabha.
Parece que el Buddha fue
interrogado por sus discípulos acerca de Avalokiteshwara. Su respuesta dará
algunas ideas sobre la naturaleza de éste. La energía es proteica, asumiendo
toda clase de formas y realizando por el momento el trabajo de cualquier otra
Logia. (1)
A Kwan Yin se la puede llamar la
forma femenina de Kwan Shi Yin. Este resumen muestra las ideas que los chinos
tienen sobre el tema.
Aunque cada hombre pertenece a un
particular Rayo propio, sólo los dos primeros Rayos dieron origen a religiones
universales. En el caso de los otros cinco Rayos, sólo el Rayo particular de un
hombre concierne a éste. Sin embargo, en el caso de estos dos, cada Adepto
tendrá que estar bajo la influencia de todos los otros Rayos. Hay otros dos
modos en los que estos dos Rayos satisfacen las necesidades espirituales de la
humanidad. El Buddha es el maestro externo, el maestro por excelencia, y se
supone que, a través de él la sabiduría llega al neófito o incluso al Adepto.
Pero en el caso del Christós, su manifestación es luz interna, no símbolos
externos. El último gran Adepto de ese Rayo, cuando se dirige hacia el nirvana,
deja al Rayo detrás de sí, hasta que aparezca su sucesor.
Esta energía misteriosa impregna
todo este planeta bajo la apariencia de la «queda vocecita». Está
potencialmente en el Corazón de cada hombre: no es uno de los siete principios
ni existe allí siempre. En cierta etapa del progreso espiritual, esa vocecita
empieza a resonar en su Corazón, según la descripción de La Luz en el Sendero,
Ella da las directivas supremas, que cada hombre debe recibir, abre la senda de
ulterior progreso, señala el camino y desaparece. No se relaciona para nada con
la muchacha del Idilio del Loto Blanco.
Está en el Corazón de cada
hombre, y sin embargo no está. Sólo hace su aparición en cierta etapa.
Por ello, es difícil que un solo
Adepto pueda prescindir del Christós. El Adepto deberá entrar en contacto con
este ser misterioso, antes de convertirse en un Chohan. El Christós está en
todas partes y en ninguna. No se lo puede ubicar en plano alguno. Parece
hallarse en todos los planos. Cuando encarna, empieza a sonar como aquella voz,
permanece en el hombre y establece por el momento una relación con sus
principios.
Entonces se dice que el Christós
ha encarnado.
Esta misteriosa presencia es
inexplicable. El Adepto más elevado no puede verla. Parece ser omnisciente y
omnipresente.
Su cometido parece ser ayudar a
tantos seres humanos como pueda, y todos los grandes Iniciados la han
considerado como Dios. No es Parabrahmam. Es la presencia inmanente del Primer
Rayo del Logos, la misteriosa energía siempre presente en él, y aquí queda: el
último gran Adepto que llegó al nirvana la deja aquí como un sustituto de sí.
Ese Adepto permanecerá en el nirvana hasta que aparezca el siguiente Adepto.
Entonces, su asiento de la misericordia ascenderá al trono. He aquí la Trinidad
cristiana en su totalidad. Eso es lo que recibió el nombre de Christós.
La expresión «Espíritu Santo»,
usada en las disertaciones del Bhagavad Gita, puede emplearse en dos sentidos.
En uno es un miembro de la Trinidad del «Christós»; en el otro, es la «madre» y
«esposa» del «Christós». Es la Sophia gnóstica. Es más o menos común a todos los
Rayos, pero el Primer Rayo tiene un Espíritu Santo propio: la Luz del Logos del
Primer Rayo. Esa luz es la emanación de los dos principios del Logos combinados,
o sea, nuestro Espíritu Santo. Este Espíritu Santo importa muy poco a la gente
en general, porque sólo un hombre del Primer Rayo tiene que ver con él. El
Espíritu Santo cristiano es uno de los elementos que entran en
Ava-lokiteshwara. Es uno solo, pero divisible, y puede expresarse en variedades
infinitas de manifestaciones, porque ya está en el corazón de cada hombre,
cualquiera que sea su Rayo. Sólo puede poseerlo un hombre de ese Rayo en
particular, mas todo hombre puede reclamar su asistencia, y todo hombre está
obligado a aceptar su ayuda antes de pasar la última Iniciación. Por esa razón,
el budismo y el Primer Rayo dieron origen a credos universales. Los otros cinco
Rayos, aunque por supuesto son importantes, no originaron religiones universales,
porque no son aplicables a todas las personas.
Siempre que el Buddha ve progreso
y cultura espirituales, obligadamente esparce allí su influencia.
Se trata de una voz infalible,
que debe ser obedecida. Llega una sola vez, da sus directivas y nos dice el
significado del Rayo, señala el sendero que conduce hacia el Logos y después se
aleja. No vendrá antes de que estemos preparados para ella.
Cuando algunos la oyen, piensan
que sólo es algún sonido astral. Algunos piensan que este turiyanandam es
cierto sonido astral. Los Upanishads dicen que es la voz que oirá quien muera
en Benarés. Es el canto de la vida, y sólo llega cuando nos hallamos en un
estado como de letargo. Entonces, empieza a zumbar hasta que despertamos. Véase
el Prashna Upanishad, respecto del «Canto de Vida».
La Señal de la Cruz proviene de
cosas peculiares vinculadas Con Adonai.
El sacrificio: Cristo aprovechó
la propensión de los judíos a efectuar sacrificios, dándole cierto giro: al
sacrificio al tornó más o menos idéntico al traspaso de sangre que tiene lugar
en la Iniciación final. Tal es el significado de esta última: el misterioso que
sucederá cuando él se una con la contraparte permanente de su Rayo en el
nirvana. La sangre de Cristo es la vida espiritual que fluye de Cristo: es su daiviprakriti.
Pero en el caso del Primer Rayo
hay dos elementos que, juntos, forman una cosa completa: cuando uno está
separado, la vida corriente no fluye de lo que allí queda. Sólo cuando se unen,
aparece el influjo general de la vida corriente que procede de él, y ése es «el
árbol de la vida».
En algún sentido muy peculiar,
Krishna es el Cristo real.
El Cristo es simplemente una
imagen débil, por así decirlo, de Krishna, un mero reflejo. Krishna habla en el
Bhagavad Gita desde el punto de vista de esta Voz Misteriosa. De ahí la
importancia de ese libro, que contiene más enseñanzas reales de Cristo que
cualquier otro texto de la actualidad. Sin embargo, cualquier hombre puede
obtener en sí mismo la enseñanza de Cristo, procedente de aquella «queda vocecita».
Notas
1) Véase Catena
of Buddhist Scriptures from the Chinese, de Samuel Beal, pág. 386, línea 8:
"fearlessness" (intrepidez), no es vocablo conecto.
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