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Martín Blasco - El esqueleto de la tierra

Ilustrado por Mariana Baizán

Lo que voy a contar no es una historia así no más. Se trata de un gran
secreto que unos amigos y yo venimos guardando desde hace tiempo. A aquellos que duden de estar preparados para lo que voy a relatar, les advierto que
sería mejor que dejaran de leer. Pero los que son valientes y se sienten preparados para lo extraordinario, presten mucha atención porque esta historia
cambiará sus vidas. Es hora de que el mundo sepa la verdad.
Todo comenzó una tarde en que me encontraba en casa tomando
la merienda. Mi papá y mi mamá estaban trabajando y mi hermana estaba
escuchando música a todo lo que da en su cuarto. De repente, oigo fuertes
golpes en la puerta. Supe inmediatamente quién era: Rubinetti. Rubinetti
es mi vecino y mejor amigo, se llama Edgardo pero todo el mundo lo llama
por el apellido, Rubinetti. Le abrí y no me encontré al Rubinetti de todos los
días, con sus rulos revueltos y su cara de estar espiando algo. No, éste era un
Rubinetti distinto, más pálido y ojeroso, muy nervioso y mirando hacia todos
lados.

Texto © 2005 Martín Blasco. Dibujo © 2005 Mariana Baizán. Permitida la reproducción no comercial, parauso personal y/o fines educativos. Prohibida la reproducción para otros fines sin consentimiento escrito de losautores. Prohibida la venta. Publicado y distribuido en forma gratuita por Imaginaria y EducaRed:http://www.educared.org.ar/imaginaria/biblioteca




—Julián... no sabés lo que encontré... —dijo.
—¿Esa medalla que me dijiste que ganaste jugando al fútbol pero que
resulta que nunca la encontrás?
—No, no... la medalla todavía no la encontré... pero creo que encontré algo importante...
—¿Qué?
—Un hueso...
—¿Un hueso? ¿Y?
—Un hueso de esqueleto...
—¿Un hueso de esqueleto?
—Un hueso de esqueleto de dinosaurio...
—¿Un hueso de esqueleto de dinosaurio?
—Sí...
La verdad, Rubinetti a veces es medio raro. Es mi amigo y yo lo quiero,
pero eso no quita que tenga cosas raras, como esa medalla que nunca encuentra, su colección de bichos bolitas o lo de cambiarse las medias cada dos horas
pero usar siempre la misma remera. Así que, como Rubinetti es raro, mucho
no me extrañó que hubiera encontrado un hueso de esqueleto de dinosaurio.
—¿Y dónde lo encontraste?
—En la plaza...
—¿En la plaza?
—Sí, debajo del tobogán...
Sí, Rubinetti es raro. Pero era un lindo día y no había nada en la tele,
así que nos fuimos a la plaza. Antes de llegar pasamos por la casa de Wilson,
otro amigo y vecino, que es uruguayo. Se llama Wilson Bianchi. Según él,
Wilson es un nombre común en Uruguay, pero por lo que sé, allá hablan el
mismo idioma que nosotros, así que tan común no debe ser. Llegamos a la
plaza y fuimos derecho al tobogán. Y allí estaba el hueso misterioso: saliendo
de la tierra, apenas visible y de color blanco. Parecía un largo dedo. Rubinetti
nos contó que había dado con el hueso por casualidad, mientras perseguía a
un pobre bicho bolita para su colección. Por suerte, el bicho logró escapar. Si no, hubiese compartido el triste destino de otros que Rubinetti guarda en un
frasco vacío de mayonesa con un poco de tierra. Inmediatamente me acerqué
para poder ver bien el hueso. Lo tomé con mis manos y noté la primera cualidad
extraña: era blando y se doblaba con facilidad, cosa que ningún hueso hace.
—Esto no es un hueso- dije.
—¿Por qué no? —me respondió enojado Rubinetti.
—Es muy blando, casi elástico.
—Sí, lo noté. Para mí se trata de un tipo de hueso desconocido, el
esqueleto de un animal nunca antes encontrado que tenía la capacidad de
ser muy flexible. Quizás ahora los científicos puedan usar este esqueleto para
crear nuevas tecnologías y emplearlas para hacer naves espaciales...
Era un buen punto. Además, con sus ojos desorbitados y sus manos
moviéndose de un lado a otro, Rubinetti podía ser muy convincente cuando
quería. Y había nombrado las naves espaciales porque sabe bien cuánto me
interesa ese tema. A mí me gusta todo lo que tenga que ver con el espacio,
mientras que a Rubinetti le interesan más los dinosaurios. Así que, si se trataba
de un “hueso de esqueleto de dinosaurio útil para el desarrollo de naves espaciales”, los dos estábamos contentos. El que se aburría un poco era Wilson:
a él le gustan más los vampiros, los zombies y todo tipo de monstruos, Pero
Rubinetti supo cómo engancharlo a él también.
—Además, imagínense cómo sería un dinosaurio con esqueleto de
goma... sería una especie de monstruo.... quizás también un vampiro.
A partir de ahí, Wilson se interesó y los tres dedicamos toda nuestra
atención al tema. La segunda cualidad extraordinaria de este hueso era que,
por más fuerza que hiciéramos, no podíamos sacarlo de la tierra, estaba como
clavado. Empezamos a cavar alrededor y comprobamos que era mucho más
largo de lo que creíamos. A Wilson se le ocurrió que si el hueso era de dinosaurio, tenía que haber más en otras partes, porque los dinosaurios son muy
grandes. Inmediatamente nos pusimos a cavar en distintos sitios de la plaza.
Tal como Wilson supuso, había huesos elásticos en varios lugares.
—Viendo las distancias que hay de un hueso a otro —dijo—, ¡debemos haber descubierto el dinosaurio más grande de todos los tiempos!
—Elemental, Watson- afirmó Rubinetti.
—Wilson, mi nombre es Wilson.
Contentos por el descubrimiento, dimos la tarea por terminada y nos
fuimos a nuestras casas, con la idea de continuar al día siguiente. Pero esa
misma tarde, Rubinetti atacaba nuevamente mi puerta.
—Tenés que venir conmigo.
Sin dudarlo lo seguí. Caminamos unas cuantas cuadras hasta dar con
una plaza que está mucho más lejos que la nuestra. Sin perder tiempo, me
mostró un nuevo e inquietante descubrimiento: también allí había encontrado huesos del gigantesco dinosaurio. Al igual que los anteriores, éstos estaban clavados en la tierra y no había manera de sacarlos. Lo más asombroso
era que las dos plazas están a casi diez cuadras de distancia una de la otra. El
misterio crecía a cada paso que dábamos: ¿Cuánto medía este dinosaurio?
¿Cómo se sostenía en pie un bicho tan grande con un esqueleto tan blando?
Superados por el misterio, decidimos hacer lo que todo el mundo hace
en las películas: recurrir a la policía. Fuimos a buscar al agente que está siempre parado en la esquina de la casa de Rubinetti, que se llama Pancho, aunque
hay que decirle “oficial Pancho” porque si no se ofende. Nos costó un poco
convencerlo, pero cuando escuchó que había un hueso de por medio, quiso
ver qué sucedía. Pensó que podía tratarse de un cadáver y nosotros no dijimos
nada de dinosaurios ni naves espaciales para no desilusionarlo. Sin embargo
cuando llegamos a la plaza y el oficial Pancho vio el hueso con sus propios
ojos, descartó el tema rápidamente.
—¡Pero qué hueso ni hueso! Esto es la raíz de un arbusto que crece en
esta zona. ¡Por favor!
Y luego de decirnos que no lo volviéramos a molestar, se fue muy enojado. Al principio nos quedamos congelados, no podíamos creer que no fuera
un hueso de esqueleto de dinosaurio. Lo de la raíz explicaba que fuera blando
y estuviese clavado a la tierra, pero luego empezamos a sospechar que el oficial
Pancho había descartado el tema muy rápidamente, como si no quisiera que
siguiéramos investigando. Quizás habíamos descubierto algo que la policía y
el gobierno querían que quedara oculto. Entonces, la idea llegó a mi cabeza como un rayo fulminante, y me di cuenta de lo que en realidad habíamos
descubierto.
—Es mentira que esto sea una raíz —dije conmocionado—. Esto es
un hueso... pero no de dinosaurio, eso es una tontería. Este hueso pertenece
al esqueleto del animal más grande de todos los animales ¡Este es un hueso del
esqueleto de la Tierra!
—¡¿Qué?!
—¿No te das cuenta, Rubinetti? Por eso hay huesos de éstos por todos
lados. Porque pertenecen al esqueleto de la Tierra. Hace muchos años que se
sabe que la Tierra es redonda, y ahora sabemos por qué: ¡es una cabeza! Y tiene
huesos porque es como un gran animal, un gran ser vivo. El pasto vendría a
ser como el pelo, las montañas serían como granos...
—¿Y nosotros qué seríamos entonces?
Cuando Rubinetti me hizo esta pregunta, otra idea demoledora golpeó
en mi mente. Si la Tierra era como una cabeza y el pasto era pelo, entonces
nosotros éramos.... ¡piojos!
—¡Piojos! ¡Los seres humanos somos sólo piojos! ¿Te das cuenta
Rubinetti? Quizás por eso no hay vida en Marte, porque Marte antes tenía
piojos (es decir hombres) y logró sacárselos. Quizás en este momento la Tierra
está preguntándole a Marte cómo hizo para sacarse a los hombres de encima.
La verdad es una carga difícil de llevar. Desde ese día Rubinetti, Wilson
y yo formamos una sociedad secreta a la que llamamos: Sociedad Secreta Pro
Piojos, S.S.P.P. Guardamos con valor nuestro gran descubrimiento, llevando
sobre nuestros hombros la pesada verdad. Hoy, por primera vez, doy a conocer esta historia que sólo creerán aquellos que estén preparados, los demás
pensarán que es un cuento. Una vez, alguien estuvo a punto de descubrir
nuestro secreto. Fue mi mamá, que mientras ordenaba mi cuarto descubrió
mi carpeta de la S.S.P.P. Pensé que era el fin, y me estaba preparando para
consolarla, cuando se dio vuelta y, revolviendo mi pelo, dijo:
—¡Qué lindo! ¡Vos siempre serás mi piojito!
Hice lo único que se puede hacer en un caso así: intenté sonreír y darle
la razón. Pobre, no está preparada para la verdad.

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