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Enrique Amorin - Tiempo pa pensar

Nota preliminar: Está escrito al estilo gaucho y por eso los errores ortográficos son propositales por representar la forma de hablar de mencionada cultura. Me encanta este estilo a lo "Don Segundo Sombra". - D.H.R.


Aura que estoy en gayola tengo tiempo pa pen­sar. Cuando se está ajuera no se piensa. La vida le muerde los garrones a uno y hay que rebus­cárselas. ¡Como pa pensar! La barriga no da tiempo pa otra cosa ni dan ganas de dejar la copa de lau pa ponerse a decir esto y lo de más allá, sin que nadie lo quiera escuchar. Aura que estoy entre rejas me da gusto oírme. La maquinita de la cabeza funciona que da gusto. Así, cualquiera es inteligente, digo yo, cualquiera piensa. Ajuera no te dan tiempo ni pa ser bueno. Te ladran to­dos, bajo la mesa, si comés; del otro lau de la pieza, si pagaste la cama; si estás recostau a una mina, también te ladran .. No sé quién, pero te ladran. A los desgraciaus como yo, los sigue un ladrido. Está escrito. Por eso aura me pongo a pensar en el viento que me trajo hasta la cafúa.
Da gusto tener amigos que no son como uno. El médico, ejemplo, no es como uno. Es médico. Dice que va a ver un herido y no lo para ni el más pintan de todos los de uniforme. Naides. Mi amigo, el dotor, digo yo, y no hay sujeto en EI Pa­lomar que arrugue la cara del lau que sea. Saben que mi amigo el médico me dijo: -Me afanaron la biyetera con cien mango. ¿Te das cuenta, Pecoso?
A uno le da gusto que gente como el dotor ta­mién hable con nosotros de puros compañeros que son. Porque si a mí me da la gana yo hablo como él; sí, digo las palabras como él las dice. Pero no me da la gana de hablar como un dotor. ¿Por qué vamo a dar el brazo a torcer? Yo sé frasear como esa gente, pero si !o hago me veo como dejándome torcer el brazo.
Yo hablo como es mi deber. Pero no deja de ser lindo oír al dotorcito que baja del andamio y la chamuya como uno. ¿Quién pierde? ¿El o yo? Pierde él, porque a lo mejor se le pega la manera de hablar mía y mete las de caminar con su cara mita. Yo no me le ablandé nunca. Siempre en mi puesto. El desensilló pa decirnos que le habían afanado cien lustrosos, frente a la casa Aguiberti, ese que dice que liquida. No bien lo dijo, de pura gana que le tenemo al que opera en esa puerta. Ligero, mi mejor amigo, levantó la cara como pa que yo le mandase un directo a la mandíbula. "Sí, le dije, largá la mascada. Te doy permiso. Dende quién le caloteó los cien".
Ligero es duro de pelar. Pa que se anime a mandarse una cortada la piensa mucho, la piensa. Es ligero pa otras cosas. No pa entender la mirada que uno le manda. Volví a moverlo. Le dije: "Li­gero, decile al dotor quién le afanó los cien. Un hombre así como el dotor no merece ese trato. Si me apurás mucho mucho, lo afanaron porque no nos cobra. Porque saben que no nos cobra. Supo­nelo. Hablá, Ligero, no andés con vueltas". Y lige­ro largó la mascada. Dijo que Perico None, el que gana siempre que sale un none a la cabeza, Perico, había desnudau al dotor. Ligero le tenía simpatía al dotor. Le curó una, hace tiempo Por eso le dijo "Si se apura, hasta le puede sacar noventa, porque ese tarda mucho en darle curso a la re­donda. No tiene vicio. Se ejercita a pena. Es un machete de la madona. Hay que agarrado con el toco entero, ¿comprendés? Le cuesta desembu­char, le cuesta. Pa darle el gusto al dotor hay que proceder sobre el pucho. None tendrá que com­prender... Tenemo el dato, y basta". ¡Mire que tocarle al de Aguiberti! Las cosas que pasan -¿no?- en una suidá cada vez más yena de gringos. Porque si se tratase, mis amigos, del que cachamenta en la Pasiva, ni yo ni el Ligero nos metíamo a avivarnos, ni sacábamo la cara por el dotor. Como anda mucho gringo por la Pasiva la competencia está repartida. En artes, había ayí un inglesito que pal calote era algo sensacional. Porque, ¡qué quieren ustedes! donde la chamuyan gringos y toman un negro los barbitas, no hay mu­cha lana pa esquilar. Son secos de nacimiento. Pero tocarle al de Aguiberti, eso sí que es grande. Cuando el dotor lo cantó, le dimos el dato. Y ahí no más, el galeno se desplazó en el colachata hasta la comi, donde lo atendieron a pura reveren­cia. Le vieron el coche con chapa de matasanos, y les entró miedo. ¡A lo mejor de la 14! No bien dio el dato con pelo y señal, el comisario se tragó la risa. Porque sabía que iba a mandar a Rober­tito, el de traje marrón, pa rebuscarse. Hacía tiempo que no tenía un dato tan bueno. ¡Ni en Las Piedras! Le dijo, lo estoy oyendo: "Escuchá bien lo que te dice el dotor. . . Sabe que la plata la tiene el de Aguiberti. No te equivoqués. . . Andá rápido y traés a ese abusador".
El abusador era Perico None. ¡Si lo sabían to­dos! Pero era un rebusque para Robertito. Por ha­bérselo dicho el dotor, aura me toca a mí pasar por fayuto.
Ligero le dijo a Robertito: "Si None ha mandau otro golpe, no te olvidés que tiene que formar". ¿No es pa tumbarse de risa que necesitemo de los cachaus, de los desplumaus pa descubrir fayutes? Robertito entró en el cuarto y le dijo a
None: "Largá la mascada, hermano, porque la plata esa que te refalaste estaba marcada..." "¡Qué va a estar marcada, pavote", le contestó Perico None desde la cama, sin tan siquiera darse vuelta: "Te doy lo que me sobra, pero no vas a repetir que estaba marcada, porque me resisto y se arma la podrida!. . .". Claro, a naides le gusta pegar un golpe y que se le escape por un biyetito marcado. El None siguió hablando: "¿No me voy a dar cuen­ta, belinún, si está marcado? Lo cambié en Las Piedras, pavote!". Resultado: None pudo dormir la siesta tranquilo pagando la cama más cara de su vida. ¡Noventa y un peso! Se había jugado tres a ganador y un placé, más un gastito pa sentar la panza. Lo que le quedó se lo llevaron la patrona y Robertito. Yo le dije al dotor: "¡Lo han cachau, dotor. Yo sé que lo han cachau!". Pero el galeno, en vez de darse cuenta de lo que pasaba, me com­prometió. ¿Ven que no se puede ayudar a cierta gente, por más que hablen como uno? ¡No se puede, no hay caso! Es otra gente. Me vendió sin quererlo, pero me vendió.
Aprendé, Pecoso, me estuve diciendo.

Aura tengo tiempo pa pensar. Cuando se está ajuera, uno no piensa.

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