En Axxón
26, noviembre de 1991.
Conferencia dada el Martes 24 de septiembre de 1991 a las 20 horas en el Centro Cultural Sudaca en el transcurso de la ConSur I, Primer Convención de CF del Cono Sur, que contó con la presencia de escritores ilustres como André Carneiro, que nos honró con su visita como uno de los representantes de Brasil.
La Ciencia
Ficción es simplemente un género
literario. Como la novela psicológica, el "noveau roman", etc.. No
vamos a intentar aquí definir el género, tarea didáctica muy imperfecta y
relativa que ya fue hecha centenas de veces. Preferimos decir, sin miedo de
contestaciones, que la ficción científica puede ser de buena calidad o mala
calidad. Observación obvia y evidente que define la literatura mundial de todos
los tipos y de todas las épocas. También nosotros, autores y lectores de CF, no
precisamos tener recelo del hecho de que sólo un insignificante porcentaje de
publicaciones de CF en todo el mundo es de buena calidad, lo que ocurre también
con toda la literatura y en todos sus géneros. ¿Y por qué estamos repitiendo
estas cosas primarias e indiscutibles? La razón viene también de un hecho
incontestable. El género literario CF viene sufriendo desde el inicio serios preconceptos
por parte de los críticos y estudiosos en general. Ya intentamos identificar en
artículos y conferencias las raíces de ese preconcepto. No tenemos tiempo ahora
de penetrar mejor en ese curioso aspecto de los rótulos, cómo las comunidades
eligen ciertas palabras llave, como DROGA, COMUNISMO, NEUROSIS,
transformándolas en recipientes donde se esconde todo lo que no se aprecia,
porque tienen miedo, o no se quieren analizar...
El "Admirable Mundo Nuevo" (Un mundo feliz) de Huxley y
"1984" de Orwell, sin el rótulo de CF, son tranquilamente apreciados
por los profesores de literatura. "Crimen y Castigo" de Dostoievski y
algunas novelas de Simenon no se incluyen como "novela policial" porque son buenos, así como el vino y el
whisky escocés no son considerados como "droga" aunque
científicamente lo sean.
Sería interesante citar también el fenómeno
de la historieta moderna, que adquiere una sofisticación estética, una temática
original y hasta hermética, como he visto en la exposición, que sólo alcanzan
las universidades escondida en las carpetas de algunos alumnos. El género
literario CF, nombre impropio que, infelizmente, no se conseguiría cambiar, reúne
en torno de su mundo características especiales que otros géneros no tienen. El
fenómeno de "fanzines", por ejemplo, esas corajudas y a veces
excelentes revistas hechas sin ambición de lucro y certeza de prejuicios,
alcanza una dimensión y una influencia que no vemos que tenga paralelo en otros
tipos de literatura. Algunos autores norteamericanos ya afirmaron la gran
influencia que sufrieron por parte de esas revistas y de los "fans",
lectores exigentes y participantes, que se comunican con sus autores preferidos
mucho más que los admiradores de otros géneros literarios. Es perturbador
verificar cómo las elites de la inteligencia aún se regulan por el pensamiento
de los últimos siglos. Alvin Toffler clasificó ese desajuste como "el
choque del futuro", la incapacidad de absorber las continuas novedades
ideológicas y técnicas que la humanidad está creando cada vez más rápidamente.
El viejísimo modelo de la Tierra como centro del Universo y el ser humano como
rey de la creación, bien comprensible antes de Galileo, aún es,
inconscientemente, la base del pensamiento humano. Si ese hecho es comprensible
entre las mayorías incultas, se torna una paradoja cuando se trata de
intelectuales, escribiendo sus trabajos en computador pero incapaces de
percibir que una realidad virtual del futuro ya aconteció hoy, y sólo la CF ha
tenido la sensibilidad de incorporarla en el arte literaria.
He leído innumerables veces que la CF es un
fenómeno típicamente norteamericano y en segundo lugar, inglés. Entretanto,
cuando se habla de arte en general, la estadística no debe dar la palabra
final. Las artes plásticas japonesas fueron despreciadas durante siglos, y
también los primitivos africanos con sus esculturas, que sólo fueron
redescubiertas y valorizadas por Picasso. Las listas de los mejores autores de
CF sólo traen nombres de norteamericanos e ingleses. Y en el mundo oriental, en
la Amé rica Latina, ¿no se escribe CF? Sí, aunque mucho menos que en los
Estados Unidos. Pero nadie tenga dudas de que, en arte, lo que vale es la
calidad y no la cantidad. Si destaco el absurdo de los críticos de la
literatura que sólo excepcionalmente comentan un trabajo de CF, también es
necesario notar que muchos de nuestros compañeros que analizan la CF se olvidan
de colocar autores sudamericanos en aquellas listas de "los más
importantes". No se olviden de que soy brasilero y que describo una
realidad brasilera. No sé sinceramente (y me gustaría saber) si esas
injusticias también ocurren en otros países latinos.
Por todo eso es inevitable que los autores
sudamericanos sueñen con el mercado norteamericano, no sólo por causa del
prestigio, sino por la posibilidad de ganar dólares; verde esperanza que ningún
escritor idealista desprecia.
De mi experiencia personal, publicando
trabajos en Estados Unidos, Europa, Japón, etcétera, puedo adelantar que no es
suficiente tener, por ejemplo, un cuento editado en la más importante antología
norteamericana de CF para que el camino se abra. Frederik Pohl, autor y editor
conocido, nos declaró textualmente que los lectores estadounidenses sólo están
interesados en CF norteamericana. La afirmativa parece dogmática y exagerada,
pero traduce una verdad. Yo creo que, básicamente, no son los lectores
norteamericanos los que nos dejan de lado, sino principalmente los editores. No
olvidemos que el mercado norteamericano de literatura es aquel que ofrece más
posibilidad de lucro y posibilita el sueño de que un trabajo sea vendido para
el cine, lo que significa acabar definitivamente rico. No olvidar también que
exactamente por eso llegan interesados de todo el mundo, ansiosos de poder ser
traducidos y publicados en los Estados Unidos. Ustedes, que hablan español, son
más felices que nosotros, brasileros. En la Universidad de Arizona, donde di
algunas clases, por cada 200 alumnos de habla hispana había apenas 20 o 30 de
habla portuguesa. En Miami, recientemente, encontré un afiche publicitario
sorprendente en una calle, que decía: "Usted también puede aprender
inglés".
La "venganza de Moctezuma" no es
más aquella de la anécdota, que consistía en intoxicar con agua a los turistas
norteamericanos, sino dominarlos por la lengua, poco a poco...
Cuando destaqué que la comunidad de lectores
y "fans" de la CF constituían un grupo entusiasta y participativo, no
me referí a un aspecto negativo. Todas las exclusividades y fanatismos llevan a
una visión unilateral e imperfecta de
los hechos. Aquellos que "coleccionan" CF libro a libro de cada
serie, sin dar mucha importancia al contenido, e ignorando las obras primas de
otros géneros, no contribuyen al desarrollo de la CF de una manera eficiente,
ni amplían su propia visión cultural. No debemos hacer del género de CF un
ghetto donde los patrones de juicio queden en nuestras propias paredes. No
precisamos fronteras artificiales cuando estamos haciendo literatura. Los que
están por dentro de la CF y también los que están por fuera a veces no se concientizan
de que la literatura tradicional tiene una limitación en el tiempo y en el
espacio, y sus enredos solamente se sitúan en la Tierra, del pasado hasta hoy
en día.
La CF es mucho más amplia y revolucionaria,
porque ella puede avanzar en el espacio y para el futuro, cada vez más próximo,
por la progresión geométrica del desarrollo de la ciencia.
Uno de los más evidentes motivos de la CF de
asustar a algunos lectores es el hecho inevitable de que ella exige cultura, o,
por lo menos, un caudal de informaciones sobre el mundo moderno que el analista de Shakespeare, Cervantes,
Dostoievski, etcétera, no precisa. Falsos intelectuales aún contemplan el cielo
y admiran luces distantes y casi dudan de que el hombre ya pisó la Luna, y sólo
conocen a Miranda como personaje de Shakespeare, aunque ya haya sido
fotografiada nítidamente como satélite de Urano. Esos anticuados se quedan
nerviosos con las posibilidades de la realidad virtual de los computadores y
les gustaría, tal vez, volver antes de Galileo y Copérnico para recuperar los
títulos de reyes del Universo.
Si ellos son limitados nosotros debemos ser
amplios, eclécticos y, por qué no, cósmicos. Pero esa amplitud debe incluir una
solidaridad cultural entre los pueblos de América Latina. Si la lengua española
ha invadido el sur de los Estados Unidos, mi lengua portuguesa es tan
desconocida en el mundo como la lengua tupí-guaraní de nuestros indios, que yo
y todos los llamados brasileros civilizados también desconocemos.
Infelizmente estamos siendo víctimas, en Brasil,
de una influencia norteamericana muy preocupante. Los indicadores externos de
esa influencia son muy expresivos. Todas las camisetas con ilustraciones y
frases vendidas en Brasil traen expresiones en inglés. Es triste o irónico
encontrar niños subnutridos, sucios moradores de nuestras villas miseria,
vistiendo camisetas de la "University of California" como si fuesen
ex alumnos. Yo he escrito protestando contra la invasión que la lengua inglesa
ha hecho en nuestro país. Ya no se escribe más "Playa de
Estacionamiento" sino "Parking". No tenemos más "Exposición
de productos" sino "Show-Room". Nuestros
"Shopping-centers" usan la lengua inglesa en un porcentaje que
alcanza un noventa por ciento. Nuestros diarios destacan y comentan la
literatura extranjera en más del ochenta por ciento de su espacio. El mayor
diario brasilero en circulación, la "Folha de Sao Paulo", tiene un
suplemento dedicado a los adolescentes con el título de "Teen"
(teenagers). Recientemente dedicó uno de sus suplementos a la CF brasilera.
Pero los mayores espacios fueron dados a autores norteamericanos. Y ustedes
preguntarán: ¿cuál es el espacio dado al resto de la literatura latina? La
respuesta es triste. Si nuestra propia literatura nacional ocupa un espacio muy
pequeño, la de ustedes es prácticamente ignorada. Ese fenómeno de la separación
entre el mundo de habla española y el brasilero es muy extraño. Tuve una amiga
en la Universidad de Arizona que daba clases de literatura sudamericana.
Descubrí, espantado, que la literatura brasilera no estaba incluida en el
programa. Pero también hallé que yo era un completo ignorante de aquello que
había de bueno en el arte literaria de los países de lengua española. No sé
decir aún por cuáles razones sociológicas existe esa injusta separación, y
quién de nosotros es más culpable. Sé que en Brasil los mejores autores
argentinos nos llegan por vía europea, principalmente francesa. Hace un año, en
la ciudad de Sao Paulo, se construyó un gran centro cultural llamado
"Memorial de América Latina". Algunas manifestaciones artísticas de
los países vecinos han sido patrocinadas por el gobierno brasilero, pero aún es
una realización muy modesta.
Cualquier "fan" brasilero de la CF
puede citar rápidamente buenos autores americanos del norte, pero tendrían dificultad
de citar sólo uno latinoamericano.
Hace poco tiempo Scott Card, conocido autor
norteamericano de CF que vivió algunos años en Brasil, afirmó en un artículo
que los autores brasileros de CF tenían
que crear su público brasilero sin pensar en los Estados Unidos. En otras
palabras, lo mismo que dice Frederik Pohl; lo que significa más o menos que,
aunque nosotros, latinos, podamos escribir novelas geniales, ellos no están
dispuestos a cedernos su rico terreno. Y nosotros, ¿qué estamos haciendo a cambio?
Nada, o casi nada.
Como las artes en América Latina dan siempre
muy poco dinero, ese raciocinio de mercado comprador y vendedor queda muy
distante en la mente idealista de los escritores. Todos nosotros queremos ser
autores de obras maestras, lo que es excelente, pero poco nos importa si
nuestra obra es vendida o no, lo que nos obliga a tener otras profesiones para
poder continuar como escritores.
Yo creo que es la primera vez que autores y
editores brasileros participan de un Congreso de CF internacional en la
Argentina. Que la magnífica cordialidad con que ustedes están hospedándonos sea
un punto de partida no sólo para nuestro conocimiento personal, sino para crear
un intercambio mayor entre nosotros. Mi padre era español y si yo tuviese que
escoger otra lengua para influenciar a mi lengua brasilera preferiría la
española y no la inglesa.
Tenemos el gran privilegio de entender
fácilmente el español. En este mundo moderno de fantásticas transformaciones,
Europa aboliendo la cortina de hierro y brevemente unida en el Mercado Común
Europeo nos debe servir de ejemplo para una mayor unión que nos beneficie a
todos.
Vamos a instituir, aunque sea
simbólicamente, en esta reunión de escritores y fans de CF, un Mercado Común de
Literatura de CF en América Latina.
Si los otros, aquellos que no saben lo que
es la CF, protestan, exactamente porque no la conocen, podemos responder que la
Literatura Tradicional, quiera o no, va a caer en brazos de la CF, porque en
poco tiempo será imposible escapar de ese escenario cibernético donde vivimos y
donde creamos nuestro arte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.