Esta carta está dirigida a la
persona que la encuentre, porque alguien la encontrará, si la humanidad merece
algún intento de salvación.
Sé que mi muerte está cerca,
porque he descubierto secretos que deberían permanecer ocultos para siempre. Mi
afán de búsquedas imposibles me han llevado más allá de lo permitido a simples
mortales y presiento que pronto ellos vendrán a por mí. Un terror profundo e
ilimitado atormenta mi alma, pero no puedo hacer nada para evitarlo. No temo
por mi vida, porque ahora sé que nada ni nadie puede salvarme; sólo tengo miedo
de los tormentos que padeceré una vez muerto, porque creo que no dejarán que mi
alma descanse en paz. Libaran de ella hasta que desaparezca el último hálito de
inmortalidad.
La primera vez que entré en su despacho no
reconocí ninguno de los libros que ocupaban sus estanterías, porque pensaba que
eran libros ficticios que solo existían dentro de las mentes impías de
ocultistas ávidos de conocimiento; pero estaban allí. Cubiertos de polvo y
telarañas, ¡pero eran reales!. Todos ellos encuadernados en piel y con extraños
símbolos en sus lomos. Pude contemplarlos antes de que él entrara en su
despacho.
Eran libros
como el Libro de Eibon, el Texto de R´lyeh, los Cultes des Goules del conde d´Erlette, De Vermis Mysteriis de Ludvig Prinn, los Unaussprechlichen Kulten de Von Juntz y, sobre todo, el
abominable Necronomicon de Abdul
Alhazred. Todos ellos, que según muchos entendidos no
existían, estaban allí, observando sin ojos el impasible paso del tiempo, desde
mundos de palabras ocultas al conocimiento humano. Pero justo cuando mi mano se
dirigía hacía el Necronomicon, Julius
entró, después de despedir a un amigo con el que hablaba en la puerta.
Antes de
conocer su secreto, sólo sabía de él que era profesor de Filología en la
Universidad de Innsmouth. Julius
provenía de la Universidad de Miskatonic, en la
controvertida ciudad de Arkham, en la que pertenecía
a la Sociedad de Estudios Históricos, sociedad que comúnmente es considerada
casi una secta. La clase que imparte a los alumnos de primer año es Tratamiento
de Textos Antiguos, en el primer cuatrimestre y Estilística Mitológica en el
segundo. Además imparte un curso sobre Civilizaciones Perdidas al cual yo
pertenecía.
Sobre Julius ya corrían todo tipo de comentarios y cuchicheos;
que si pertenecía a sociedades secretas cuya misión era devolver la vida a
seres estelares como Cthulhu, Azathoth
u otros dioses primigenios, que debían regir el universo; que si huyó de Arkham debido a una especie de "caza de brujas"
que allí se produjo. Algunos dicen que le han visto realizando extraños cultos
ancestrales, espiándole a través de las ventanas de su hogar; y que le han
escuchado hablando en una especie de "gorgojeo" o
"chapoteo" –como algunos lo califican- con su novia Victoria, encerrados
en su despacho.
La verdad
es que yo no creí nada de lo que los demás decían, ya que en un primer momento
no noté nada anormal en él. Al menos hasta el día en el cual visité su despacho
para realizar la lectura de un trabajo. Ese fue el día que descubrí aquellos
extraños libros.
-¿Te interesan esos libros?-
preguntó, al verme con la mano extendida hacía el Necronomicon.
- No los conozco- disimulé -,
pero parecen muy antiguos.
- Y lo son, sus orígenes son
insondables.
Después me
invitó a sentarme a un lado de su mesa principal, justo enfrente de él, y fue
cuando noté algo fuera de lo normal: su cabeza era estrecha y rara, aunque su
abundante cabello –una melena rizada hasta los hombros- lo disimulaba; su nariz
era chata y aplastada; sus ojos parecían no parpadear. Pero lo más extraño fue
su piel –solo pude ver la de alrededor de su cuello- parecía áspera y costrosa,
y con unos repliegues a ambos lados del cuello, algo que me pareció muy
extraño, como inhumano. De su cuello colgaba un extraño amuleto con unos
extraños grabados hechos con unos caracteres que no había visto en mi vida,
pero semejantes a los grabados de la meseta de Leng.
Cuando
acabe la actividad salí del despacho, donde parecía reinar una atmósfera
lóbrega y asfixiante, como un templo largamente olvidado por el hombre.
Este primer
contacto me alarmó y me dispuse a intentar vigilarle más de cerca, tanto dentro
como fuera de clase.
Su novia
Victoria formaba parte de la clase, por lo que también intenté buscar actitudes
extrañas en ella. Era una muchacha joven que también provenía de Arkham. La relación amorosa entre Julius
y ella comenzó allí, según tengo entendido. En su cara no se apreciaban los
rasgos "inhumanos" de su amante: ni cabeza estrecha, ni nariz
aplastada, ni piel costrosa, al menos a simple vista. Aunque si podía observar
una especie de arrugas continuadas a ambos lados del cuello. En clase ella era
un alumno más, pero fuera de ella, siempre iba con Julius
o a su despacho a verle.
Una de esas
veces la seguí, y no me equivocaba, ella se encaminó hacía su despacho, sin
detenerse en ningún sitio. Entró en el edificio D-2, donde estaban los
despachos de los profesores, subió a la primera planta y giró por el pasillo de
la derecha y al final de éste volvió a girar a la derecha y allí se paró, en el
despacho D2-136. Al entrar pude escuchar que echaban
el pestillo, evitando posibles interrupciones. Era mi oportunidad para
espiarles: acerque la cabeza todo lo que pude a su puerta, pero no escuché
nada, solo una especie de silbido, seguido por un ruido similar a un grifo
goteando, aunque no tan repetitivo, más bien parecía como un lenguaje anfibio,
pero con claras estructuras gramaticales que podían ser captadas perfectamente.
En ese momento no creí que fuera realmente un lenguaje, y lo asocié a un
compact disc musical o una forma curiosa de llenar
vasos con líquido o un extraño pasar de hojas; claramente, no tenía
conocimientos para asociarlo a una raza ajena a nuestro planeta.
Entonces
pensé que debía encontrar alguno de aquellos libros malditos y adquirir
conocimientos; para mí sólo eran mitos y leyendas.
Gracias a
mi tío, que era un gran aficionado a temas ocultistas y crónicas de otros
mundos, pude adquirir el libro Unaussprechlichen Kulten de Von Junzt,
llamado también el Libro Negro, en su edición cuidadosamente censurada por la Golden Goblin Press
de Nueva York en 1909. Mi tío poseía este libro gracias a mi abuelo –su padre-
que se lo dio como herencia al ver que su hijo poseía sus mismas aficiones
ocultistas.
El libro
era un compendio de mitos –pobre ignorante- que según Von
Junzt se dieron en el planeta poco después de la
aparición del hombre y hasta nuestros días. El autor habla de una raza
engendrada a partir de la mezcla de humanos con seres procedentes de otras
regiones interplanetarias. Sus cultos requerían sacrificios humanos en honor a
los dioses Primordiales como Cthulhu, Yog-Sothoth o Nyarlathotep,
entre otros, y su meta era liberarlos de su letargo y devolverlos al lugar que
merecen, el trono sobre el que controlarán y dominarán todo el universo, como
hicieron en un principio.
El libro
provocaba en mí sentimientos de repulsa y odio hacia aquellos cultos, aunque
reconozco que también ejercían cierta atracción, debido a su misticismo y aura
de misterio. Pese a esto, si todo era remotamente cierto, las abominaciones que
atormentarían a la raza humana en un futuro serían terribles y no quedaría
esperanza posible de supervivencia, mas que para sus terribles y ocultos
seguidores.
En las
semanas siguientes comenzaron a desaparecer alumnos de la Universidad. Yo no
les conocía, debido a que pertenecían a diversas titulaciones diferentes a la
mía, pero se comentaba que mantenían relaciones regulares con Julius. Pero en su momento concedí presunción de inocencia
al extraño profesor. Aunque en dos meses habían desaparecido cuatro alumnos.
Un día en
el que asistía, junto con mi compañero Edward a su
cursillo sobre Civilizaciones Perdidas, y disfrutábamos del ligero descanso
entre hora y hora, vi como Julius
salía de la clase y se dirigía, sin ninguna duda, hacia nosotros. Súbitamente
quede paralizado por el miedo y creo que comencé a temblar, aunque mi amigo no
notó nada porque no tenía constancia de los rumores, debido a que no compartía
ninguna clase que fuera impartida por Julius.
- Quiero daros las gracias por
las miradas de comprensión que recibo por vuestra parte, son muy gratificantes-
dijo Julius cuando llegó a nuestra altura. Mi temor
quedó latente, pero activado ante su presencia.
-Gracias- contestó Edward- es debido a que estamos muy interesados en el tema.
Seguramente
era por eso, aunque por mi parte intentaba descubrir algún atisbo sobre su
posible origen extraterrestre.
-¿Os gustan grupos como Paradise Lost, Therion o Cradle of Filth?- debió de intuirlo por
nuestras melenas.
Ambos
asentimos, y él nos comentó que podíamos intercambiar material de nuestras
bandas favoritas. Me gustaba esa idea, pero temía algún horrible final por
confiar en él.
El caso es
que comencé a intercambiar compact discs con él: Mad Grandiose Bloodfiends
de Ancient, Athenian Echoes de Nightfall, 9Equilibrium de Emperor, entre
otros. Con mi amigo Edward intercambiaba
conocimientos sobre guitarra eléctrica, afición que ambos compartían. Julius parecía una persona normal, incluso muy
extrovertida. ¿Sería una "mascara" para embaucarnos y utilizarnos en
horribles sacrificios, como se rumoreaba?
Comencé a
pensar esto cuando al fin de semana siguiente mi amigo Edward
desapareció.
El viernes
antes de su desaparición Edward me dijo que Julius le había invitado a su casa de campo, durante el fin
de semana. Su caserío se encontraba en medio de un bosque, muy primitivo que
aún conservaba la misma forma que poseía durante la edad Terciaria, a unos cien
kilómetros de Maine, en un lugar llamado Great Hill.
Edward me comentó que iría allí para adquirir conocimientos
musicales por parte de Julius.
En ese
momento pensé citarle los rumores que se comentaban sobre el extraño profesor,
pero ¡yo mismo dudaba de ellos!. No podía asustarle con sermones que el mismo Edward calificaría de "cuentos chinos" o
"mamarrachadas". También yo los creía poco probables, así que no le
impedí su visita a Great Hill.
Edward me dijo que volvería a su casa el domingo, antes que
Julius, que volvería el lunes a primera hora de la
mañana, antes de comenzar las clases de la universidad. Ese domingo estuve
esperando su llamada. Telefoneé a su casa y su madre me comentó que estaba muy
asustada y que si no llegaba esa misma tarde, denunciaría su desaparición a la
policía. Y así fue, el martes por la mañana un dispositivo policial buscaba a Edward por los alrededores de Maine,
hasta Great Hill. La noticia llegó a otras
dependencias policiales de otros estados: el objetivo era un Renault once gris
con franjas negras en ambos laterales, matrícula de Providence.
Yo no sabía
que pensar, pero me prometí a mí mismo que hablaría con Julius
sobre el incidente, por si él podía aportar algún dato. Ese mismo martes,
después de la primera clase de la semana con él, me acerque a su mesa y la
comenté:
-¿Se ha enterado de la
desaparición de Edward?
- Sí, lo he leído en el Providence Telegraph. No sé que
ha podido pasar. El domingo por la tarde nos despedimos y él dirigió su coche
hacía aquí y no me dijo que fuera a otro sitio antes de su casa -contestó con
cierto aire frío, como si la desaparición de Edward
fuera normal-. Debe de haber sufrido un accidente, la carretera hasta aquí no
es muy buena.
-Ya. -comenté pensativo e
incrédulo, Edward era un magnifico conductor.
Súbitamente su rostro palideció y noté algo raro en su mirada. Creo que
descubrió –ahora lo puedo confirmar- que yo sabía que todo era mentira y
comencé a dudar de él-.
-¿Quién eres?- pregunté casi
inconscientemente.
-¿Cómo dices?- respondió con
otra pregunta, y me percaté de la estupidez que yo había cometido. Ahora Julius sabía que yo conocía los rumores que de él se
contaban; además había visto los extraños libros de su despacho.
- Hay secretos que no pueden
revelarse Daniel, - afirmó con media sonrisa en sus labios-. Ten cuidado y deja
que el río siga su cauce -añadió mientras salía por la puerta-.
Estaba
claro que aquello era una amenaza, por lo que empecé a temer por mi vida. Desde
ese día, Victoria, su novia, esbozaba media sonrisa cuando se cruzaba conmigo
en los pasillos de la Universidad. También ella conocía mis inquietudes sobre Julius.
Unos días
después escuché a unos compañeros que conversaban sobre la invitación de Julius a uno de ellos para resolver unas cuestiones que el
alumno tenía sobre cierto episodio de la mitología Inca y su relación con seres
extraterrenos.
Éste era mi
momento para seguirle hasta Great Hill y espiar la
verdadera intención de Julius. Tomás, nombre del
alumno, que era vecino mío, saldría hacía Great Hill
el sábado por la mañana. Yo estaría aguardando.
El día
anterior a la visita de Tomás a Great Hill, apareció
el cadáver de Edward ¡a 300 kilómetros al este de Great Hill! Su cuerpo inerte estaba desnudo y sin una sola
gota de sangre en sus venas. No había huellas en su cuerpo, tampoco en su coche
–escondido en un bosque cercano al hallazgo del cadáver- Lo más anormal –aparte
de la misteriosa desaparición de la sangre- eran un par de moretones en el
pecho de Edward, tanto en el lado izquierdo como en
el derecho, parecían provocados por ventosas o algo similar. Quizá estaba
relacionado con la escasez de sangre.
Esto hizo
aumentar los deseos de ir a Great Hill y descubrir en
que modo Julius colaboró en los hechos. ¿Cómo pudo
aparecer allí el cuerpo de Edward?, ¿Lo llevó Julius allí?. No tiene sentido llevar tan lejos un cadáver
y dejarlo a la intemperie. Era algo muy extraño.
Pensando esto, recordé que en
el libro de Von Junzt, se
hablaba sobre ciertas entidades que poseían poderes para alterar el
espacio-tiempo según nosotros lo conocemos, por lo que pueden moverse de un
lugar a otro, interdimensionalmente, es decir, pasan
de un sitio a otro acortando el espacio a través de dimensiones paralelas.
Según el autor estos seres podían ocupar cuerpos humanos durante muchos años,
hasta que los consumían y se deshacían de ellos. También comentaba que
necesitaban renovar la sangre del cuerpo humano regularmente, para alargar su
duración. De ahí los sangrientos cultos realizados en honor de estas entidades
ajenas a la humanidad. Sus cuerpos –continúa el Libro Negro- estaban formados
por una especie de gases que poseían a los seres humanos penetrando por sus
orificios nasales. Estas entidades eran esclavas al servicio de dioses
primigenios como Cthulthu y Yog-Sothoth, entre otros.
Recordar
esto provocó en mi un súbito temor y un profundo horror ante mi intención de
espiar a Julius en su caserío de Great
Hill. Pero debía seguir adelante, puesto que lo hiciera o no, mi vida ya tenía
límite.
Aquella
última noche, antes de visitar el caserío de Julius,
fue terrible debido a espantosas pesadillas sobre seres de espacios
interplanetarios que amenazaban con regresar a un lugar que les pertenecía
desde cientos de evos atrás. Un lugar en el que los humanos sólo ocupamos un
insignificante espacio de tiempo, si tenemos en cuenta su historia.
A través de
mis sueños –ahora sé quien los envió, dejándome conocer algo que representaba
mi condena de muerte- pude ver que los Antiguos ocuparon el planeta hace muchos
eones atrás, cuando éste sólo era un pedazo de roca amorfa rodeado por océanos
primigenios en los que crearon ciclópeas ciudades submarinas que albergaron la
semilla de los dioses. A través de edades no mensurables para nuestro insulso
método de contar el tiempo, ellos fueron desarrollando su raza, una mezcla
entre seres reptiloides de piel escamosa, que cubría
un cuerpo gelatinoso, y seres marinos como los pulpos, los únicos
supervivientes de tan increíble raza, aunque cuando los Antiguos abandonaron el
planeta borraron el conocimiento arcano que los pulpos poseían. A través de la
piel, escamosa y áspera, asomaban unos tentáculos por donde absorbían el
alimento. Antes sólo necesitaban plancton primigenio y sales marinas; ahora
sólo la sangre calma su sed de venganza.
Ellos
fueron expulsados del planeta por los Dioses Arquetípicos, que pusieron al
hombre sobre la Tierra para que gobernara en nombre de ellos. Aunque se sabe
que algunos de los Dioses Primigenios quedaron aletargados dentro de las
megalíticas ciudades, esperando el día del regreso; como el gran Cthulthu y sus servidores, cruces entre la raza antigua –La
Gran Raza- y humanos, que intentan abrir las puertas de su despertar. Yog-Sothoth es la llave y la
puerta, esperando bajo el umbral, los espacios interestelares.
Todo esto
me fue revelado en sueños, además de una terrible sensación de desasosiego,
porque el día en que los Antiguos regresen la Humanidad conocerá horrores y
sufrimientos nunca imaginados. Ahora sólo espero que mi muerte llegue antes de
ese día.
A las ocho
de la mañana ya estaba preparado detrás de la ventana, esperando que mi amigo
Tomás se dirigiera hacía Great Hill, en su Ford azul del setenta y cuatro. Yo utilizaría el Cadillac Seville de mi padre,
para que Tomás no reconociera el mío, un viejo Maverick
Downhill.
Fue hacia
las diez cuando le vi salir por su puerta, portando
un macuto, típico en acampadas, y dirigirse a su coche. Tomás no sabía que este
iba a ser su último día de vida, aunque ahora sé que el destino de la humanidad
–y el mío- no me importa nada una muerte más; he perdido cualquier sentimiento
hacía la humanidad, por eso deseaba contemplar a uno de los servidores de los
Antiguos. Ahora sé que ese fue mi mayor error.
Tomás
conducía a una velocidad que permitía observar los detalles del paisaje. Fuimos
–él, y yo unos 100 metros por detrás de su automóvil- dejando atrás montones de
residencias unifamiliares, donde vivían las familias más acaudaladas de Providence, y tomamos la carretera general que conducía a Great Hill, a unos 100 kilómetros de donde nos
encontrábamos. Esa misma carretera conducía a Arkham,
la extraña ciudad de la que provenía Julius. Allí
corren toda serie de rumores sobre la llegada de dioses extraterrestres que
depositaron allí la semilla de una nueva raza. Aunque solo eran rumores... que
poco a poco penetrarán en nuestra realidad, hasta que parezca que siempre han
estado esperando, más allá de la incredulidad humana, ¿o no es acaso el no
creer en el diablo su mejor arma?.
El trayecto
duró una hora más o menos, tiempo en el que fuimos penetrando en un lugar
repleto de árboles antiquísimos y ciclópeos, dando al bosque un halo de
impenetrabilidad y convirtiéndolo en un territorio insondable.
De repente,
el automóvil de Tomás giró a la derecha, penetrando en un camino de tierra
flanqueado por un letrero de madera en el que aparecía inscrita una extraña
palabra: R´lyeh. Yo seguí adelante, para que Tomás no
se percatara de que le estaba siguiendo, ya que había llegado a su destino.
Porque según el Libro Negro, R´lyeh es la ciudad
sumergida donde Cthulhu, aletargado, espera que sus
puertas se abran de par en par y Yog-Sothoth, que es el umbral mismo, despertará al gran Cthulhu, provocando la perdida de toda esperanza para la
humanidad. Ese era el nombre simbólico que delataba la cercanía del caserío de Julius. A unos cien metros del letrero aguardaba una
antiquísima casa envuelta con un extraño halo de inaccesibilidad.
Estacioné
mi automóvil unos cincuenta metros después del camino de tierra, ocultándolo en
el bosque. Ahora sólo quedaba aguardar la caída de la noche, que según Von Junzt, propiciaba la
invocación de los seres no terrestres, por lo que intuí que la vida de Tomás no
correría peligro hasta el anochecer. Hasta entonces aguardé en mi coche, bien
durmiendo –asaltado por sueños de seres gelatinosos y tentaculares- o acabando
con mis provisiones, esperando el momento oportuno.
Después de
abrir los ojos repentinamente me di cuenta de que me había quedado dormido.
Consulté mi reloj; marcaba las once y cuarenta y siete minutos. Un poco más y
hubiera llegado tarde, si era cierto que a las doce era el comienzo del ritual.
Abandoné
rápidamente el coche, con una extraña sensación, como si alguien me hubiera
despertado, para que no me perdiera nada de lo que sucedería a continuación.
Una sensación de algún mecanismo oculto en mi mente que mantenía férrea
vigilancia sobre mí.
Pensé que
debía entrar a través del campo, acercándome a la casa por uno de los flancos,
lo que me camuflaría un poco, en vez de penetrar por el recinto delantero. La
primera ventana que había en este lado derecho de la casa, mostraba una
habitación sin luz; lo poco que la noche dejaba ver eran restos de abandono y
decrepitud. Me percaté de que un rito secreto, compuesto por un sacrificio
humano, - si es que todo esto era verdad- se realizaría en una habitación
cerrada, o sótano, lejos de miradas ajenas al conocimiento vedado a los seres
humanos. Pero algo en mi mente me impulsaba a dirigirme a la ventana de la
parte trasera de la casa. Pero, ¿cómo sabía yo que había una ventana en la
parte de atrás de la casa?. El nerviosismo se apoderó de mí, pero, pese al
terror que retorcía mi alma, me dirigí a la parte posterior de la casa.
La parte de
atrás de la casa constaba de cuatro ventanas; dos en el piso superior y otras
dos en la planta baja. De las dos últimas, la más alejada de mí dejaba escapar
un tenue resplandor, como el provocado por unas cuantas velas en una habitación
sumida en la oscuridad.
Sin dudarlo
me dirigí hacía ella, pese a que el miedo revolvía mis entrañas, aunque es
cierto que otra parte de mí intentaba alejar ese miedo, para dar cabida al
recuerdo, a la familiaridad, como algo latente esperando que llegue su hora. Un
gatillo a punto de dispararse... pero el terror era demasiado fuerte.
Cuando
llegué, lentamente, a una distancia prudente, pude ver que la ventana no tenía
cortinas, ni nada que ocultara su interior. Seguí acercándome, me coloqué en
una esquina y dirigí la mirada al interior: una habitación amplia, como un
salón, repleta de enormes y antiguos candelabros que daban un aire tenebroso al
ambiente. Las paredes estaban cubiertas por una extraña caligrafía,
aparentemente cabalística, ajena al conocimiento humano. Extraños dibujos
entrelazados con símbolos que denotaban un culto religioso de un mundo
pre-humano, una cultura insospechada y poderosa.
Entonces
descubrí lo verdaderamente terrorífico.
Tomás yacía
desnudo sobre un lecho que parecía un altar aparentemente hecho con mármol o
algún otro material muy brillante.
Mi compañero parecía
inconsciente, aunque sus ojos estaban abiertos, contemplando algo más allá de
nuestra dimensión, algo oculto entre todas las dimensiones. Sus ojos mostraban
un pánico del que se enfrenta a algo desconocido y poderoso, aborrecible y
atrayente a la vez, algo que escapa a la comprensión humana.
En ese
momento Julius y Victoria aparecieron ante mi vista,
digo "aparecieron" porque un segundo antes no estaban allí, aunque la
imaginación pudo haberme jugado una mala pasada.
Ambos
estaban delante del altar enfrente de la ventana, por lo que pude ver sus
caras, que solo conservaban un ligero parecido con las personas que yo había
conocido.
Estaban
desnudos, su piel aparecía cubierta de escamas, formando una especie de
caparazón protector alrededor de su cuerpo real, una sustancia gaseosa, según Von Juntz. Sus pies poseían
garras y un dedo retráctil, al igual que algunos saurios como el velocirráptor. Un apéndice en forma de cola sobresalía por
la parte más baja de la columna vertebral, como un vestigio de un ser
primigenio. Esos horribles repliegues del cuello eran mucho más visibles en el
verdadero cuerpo de aquellos horripilantes seres. Su cara era angulosa y muy
estirada; la boca apenas era una línea dibujada en el rostro. Dos puntos negros
aparecían donde debía haber una nariz humana; y sus ojos... sus ojos reflejaban
un orgullo y un poder inalcanzable a cualquier ser humano. Ambas figuras
provocaban en mi ser un profundo respeto, sólo superado por un inmenso temor
que comenzaba a volverme loco.
Entonces Julius comenzó a hablar en un lenguaje ajeno a nuestra
existencia; sonidos guturales se entrelazaban con extraños gorgojeos,
formando una especie de lengua con claros rasgos gramaticales. Algo que asocié
con una frase se quedó grabado en mi mente: Ph´ughni mglw´nafh Cthuth R´lyeh wgah´nagl fhtagu. No conocía su traducción pero desde ese instante
quedó grabada en mi mente. Luego lo comprendí todo.
Después de
un rato salmodiando a algún dios antiguo, que viviría entre los espacios y los
ángulos interdimensionales, - por extraño que
parezca, comprendía aquel lenguaje -, Julius se
acercó aún más al altar y posó sus ojos sobre Tomás, que solo estaba presente
en cuerpo; sus ojos así lo reflejaban. De los repliegues de Julius
salieron de repente un par de tentáculos con terminaciones similares a ventosas;
idénticas monstruosidades aparecieron del cuello de Victoria. En un instante
los cuatro tentáculos de los dos seres se clavaron en el pecho y abdomen de
Tomás y comenzaron a producir un movimiento de succión sobre el cuerpo de la
presa. El terror me dejó completamente paralizado, por lo que no pude hacer
nada por ayudar a mi compañero; el miedo era demasiado fuerte.
El cuerpo
de Tomás reflejaba la palidez y rigidez propia de un cadáver, por lo que los
tentáculos de los "vampiros" volvieron a su lugar original. Tomás
estaba muerto. Ellos le habían matado sin compasión. Sus ojos reflejaban un
placer inmenso, la victoria sobre otro ser humano; otra presa más. Después,
ambos cerraron sus ojos y el cuerpo de Tomás desapareció.
El altar
quedó vacío en un segundo. Ahora empezaba a comprender. En verdad poseían el
poder de mover objetos, incluso ellos mismos, a través del espacio. No sé si
serían tan poderosos para moverse por el tiempo, pero estaba seguro que la
dimensión espacial no tenía secretos para ellos. Estaba convencido de que el
cuerpo de Tomás había ido a parar a algún lugar a cientos de kilómetros de
aquí.
Cuando
volví a dirigir la mirada hacía Julius, vi que me estaba observando con una especie de sonrisa en
su extraña boca. Una nueva oleada de terror, aún más fuerte que ninguna otra
recorrió mi cuerpo. "Aparta ese estúpido temor de ti". Esa frase
apareció en mi mente; enseguida supe que era Julius.
Pero el pánico me hizo volver al coche y escapar de aquel horrible lugar. Ellos
no parecieron seguirme, aunque noté una presencia en mi mente, una voz que me
pedía que volviera a la casa; nada en el mundo me haría volver allí.
Después de
tropezar incontables veces ante piedras y matorrales, llegué a mi coche. Por un
momento había pensado que quizá Julius – o lo que
fuera – habría movido – interdimensionalmente – el
coche de allí; pero no. El automóvil seguía aguardando el momento de la huida.
Monté
rápidamente en él y pense que, como cualquier
película de terror, el coche no arrancaría. Pero no fue así, el suave sonido
del motor apareció nada más girar la llave del contacto. Como alma que lleva el
diablo regresé a mi casa por el mismo camino por el mismo camino por el que
había llegado al caserío de Julius. En treinta
minutos llegué a mi hogar, sin que aquellos seres dieran señales de su
presencia. En ese momento lo achaqué a la suerte, pero debido a los posteriores
hechos, me percaté de que todo lo tenían planeado hasta el último detalle.
Entré a mi
casa con el temor latente de encontrar a los "vampiros" dentro de
ella, pero no fue así. Allí no había nadie, al menos en ese momento, puesto que
alguien debía haber puesto en la mesa de la entrada – donde dejo las llaves y
el correo – aquella carta.
Más bien
era un folio suelto, escrito en una lengua extraña, casi jeroglífica, pero
familiar. No sé como, pero pude leerla sin dificultad. La traducción venía
instantáneamente a mi cerebro, a la vez que leía aquellos caracteres.
Mis peores
presagios se hicieron realidad: La carta la había mandado Julius.
Pero, si había venido a mi casa, ¿cómo es que no me había esperado para
matarme?, ya que yo conocía su secreto.
La carta
venía a decir que ellos habían llegado a Providence
con la única intención de iniciarme en el conocimiento de mi verdadera sociedad
y existencia. Venían a mostrarme el verdadero camino, el que llevaba en la
sangre. Ellos sabían mi nombre – Daniel Marsh – y que
provenía de una extensa en cantidad y antigüedad – familia de Innsmouth, los Marsh, que habían
pactado, hace cientos de años, con seres procedentes de otras dimensiones, para
inseminar a sus mujeres y perpetuar La Raza Antigua. Yo era uno de sus
descendientes, por eso ellos estaban aquí, para llevarme al Arrecife del
Diablo, En Innsmouth, junto con los Profundos y el
resto de mi familia. Pero yo me había negado, por lo que, según ellos, debía
morir para no traicionar aquel horrible secreto.
Ahora
comprendo por qué toda mi familia sigue viviendo en el viejo y destartalado
pueblo de Innsmonth. Ellos también forman parte de
los Profundos, que habitan en las ciudades sumergidas por debajo del Arrecife
del Diablo, buscando la ciudad de R´lyeh para
despertar a Cthulthu y volver a dominar el planeta y
las demás dimensiones del universo, como fue en un principio, antes de la
llegada del hombre.
Pero yo no
era como ellos. Mi mente se resistía a compartir el arcano conocimiento de
aquellos horribles seres. Yo quería seguir siendo quien era, pero no había más
que dos opciones: Ir a Innsmonth o morir.
Y yo había
elegido la segunda opción. Prefería la muerte a ayudar a aquellos seres a
destruir la raza humana. Esperaría aquí, en mi casa, a que Julius
y Victoria vinieran a matarme. Ya que yo no aceptaría la herencia de mi
familia.
Artículo del Providence Telegraph
por Christopher Walker.
HALLADO EL CADAVER
DEL JOVEN DESAPARECIDO HACE TRES MESES
Daniel Marsh, vecino de Maine, de veinte años, al que se tenía por desaparecido,
apareció muerto ayer después de tres meses sin conocer su paradero. El cuerpo
del chico se encontraba completamente desnudo y cubierto con extraños símbolos
grabados en su piel con algo semejante a garras de algún animal. En su pecho y
abdomen aparecían extrañas huellas de succión, pero se desconoce cómo y con qué
fueron producidas. El cadáver se halló a cuatrocientos kilómetros de nuestra
ciudad. Este es el dato más desconcertante de todos pues coincide con los casos
de Edward Elmer y Tomás Smith, ambos cadáveres también fueron hallados a más de
trescientos kilómetros de aquí, desnudos y con aquellas huellas de succión
grabadas en la piel. La policía está desconcertada ante los asesinatos, se ha
descartado el suicidio ritual, y no cuenta con pista alguna para dar con el
paradero del asesino. Seguiremos informando.