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Sandro Magaldi - La diferencia entre emprendedores y ladrones disfrazados de empresarios

Sandro Magaldi
Posdata: He tomado la libertad de traducir este texto del brillante Sandro Magaldi, tan lúcido cuanto adecuado a nuestra realidad en Paraguay. Espero les sea de utilidad. 
“La empresa moderna es una organización social”. Quien lo afirmó no ha sido un sociólogo, tampoco un economista con rieles socialistas, no… quien la sentenció hace más de 50 años fue el principal pensador del mundo de la gestión contemporánea: Peter Drucker.
Como desdoblamiento de su visión, el autor preconiza que el principal objetivo de una organización no es la ganancia financiera, sino la generación de valor a la sociedad; si ésta reconocer que el resultado de la acción de dicha organización es favorable y aceptable, la recompensa vendrá con lucros financieros. Si esto no ocurre (este reconocimiento), se la penaliza con pérdidas.
Es así de simple…
Siguiendo esta línea de raciocinio, la ganancia es el reconocimiento que la organización recibe por agregar valor a la sociedad donde está instalada. De esta manera, los resultados financieros son consecuencia y no causa de la acción empresarial.
Este proceso de generación de valor asume varios papeles sociales como de generar ingresos al Estado vía pago de impuestos, la creación de puestos laborales, la creación de oportunidad de crecimiento para muchas empresas proveedoras y aliadas, el sentimiento de pertenencia social de los empleados y muchas más.
Un ambiente que ofrece las condiciones para la prosperidad y evolución de las empresas suele resultar en mayor gano para la comunidad, en la medida cual favorezca al emprendedor como
vector del desarrollo social. Es importante dejar nota que construir un ambiente favorable al desarrollo de las empresas no es sinónimo de eliminar los riesgos involucrados en lo que se refiera a un nuevo emprendimiento.
Emprender siempre envolverá sus riesgos y esto no cambiará. La función del Estado debe ser el de disminuir los frenos para el crecimiento de las organizaciones por medio de su acción institucional. Todo lo que escape de esta regla es sinónimo de peligro y desequilibrio en las relaciones entre agentes sociales y económicos.
Cuando el Estado actúa proactivamente para garantizar la ganancia de cualquier grupo económico, está destruyendo el libre mercado y así, favoreciendo unos ante los demás.
En el período post-guerra mundial fue inserido definitivamente el término “Capitalismo de compadres” para definir los movimientos donde el éxito del negocio depende de la proximidad del empresario con el gobierno. – O de agentes públicos, más precisamente.
Nada más actual en nuestro país (Brasil, ‘¿pero porque no Paraguay también?’) que este concepto. Lo que estamos acompañando perplejos y sus consecuencias nefastas (escándalos políticos del Brasil) ya había sido estudiado y descrito hace más de medio siglo. Tercamente no miramos – o no hemos querido ver – lo putrefacto por donde, inexorablemente, estas relaciones sobre pesan.
Es increíble el descalabro hacia la sociedad que generan estos pseudo-empresários. No solamente a los que se refiere a las impiadosas pérdidas materiales o la inconsciente crisis moral que recae a toda ciudadanía. Al ponerse evidente la mediocridad de tales ladrones disfrazados de empresarios y ejecutivos, se transmite a la sociedad que este es el funcionamiento natural de cualquier organización. Se fortalece la visión de que “Es posible ganar plata en Brasil de cualquier forma” (una vez más, mira cuán adaptable es la frase aquí en Paraguay).
Ledo engaño…  Esta es la muleta de ladrones para justificar aquello que no posee ninguna justificación.
En realidad, el país está compuesto en su aplastante mayoría, por empresarios que prosperan sin actuar ilícitamente o rompiendo la ética. El mayor empleador del Brasil no es el Estado ni mucho menos las grandes corporaciones. Son las pequeñas y mediana empresas las principales protagonistas del sistema. Solamente en abril del año corriente, el 92% de todos los cupos creados para empleo han provenido de empresas con este perfil.
Esos empresarios no poseen un canal abierto con los crápulas del gobierno, no se dedican a crear medios para financiar a verdaderos canallas a través de propinas en forma de “donación de campaña”, mucho menos pierden su tiempo discutiendo con agentes públicos, dado que no tienen tiempo para esto, están dedicados en la construcción de sus proyectos, están totalmente concentrados en la supervivencia de sus negocios en medio al caos que se ha instalado por causa de tales destructores de valor (políticos y falsos empresarios).
 En concreto, es que con el paso de los años, las empresas han asumido un papel omnipresente en la sociedad. Como sucede mucho en Brasil, no nos dedicamos a presionar las autoridades públicas para la formulación de una solución a largo plazo que garantice la sana evolución de un ambiente prospero, eliminando los obstáculos y frenos que siempre dificultaran la evolución de una empresa. Con esto, el lío fue colosal y descubrimos hoy el robo histórico con el cual, animados por la falta de distinción de lo que es público y lo que es privado, bandidos vestidos a carácter crecieron sobre nuestros recursos.
Es necesario que se esclarezca lo máximo posible estas diferencias esenciales entre el verdadero emprendedor y todo lo que está sucediendo ahora. Tales hechos solo dejan latente la imperativa necesidad de mantener al Estado a una distancia segura del sector privado.
El empresariado posee el potencial de ser el principal vector de desarrollo social para Brasil. Para ello, es necesario que exista una verdadera confrontación para insertar tal tema de la forma adecuada, en la pauta del desarrollo del país. El problema hoy es encontrar esta pauta…