Sobre el Blog

Bienvenido a Cultus Sapientiae.

Este modesto Blog tiene como objetivo poder compartir obras, fragmentos, opiniones y manifestaciones culturales varias.
En la barra lateral están los enlaces que os llevarán a las Bibliotecas I, II y III. Al lado de las entradas se puede encontrar el índice general de autores.
Nuestro objetivo no es, de ninguna manera, la piratería. Sino que es alcanzar al máximo de personas posible para que de forma gratuita tengan acceso a nuestro acervo literario. Convertir en color aquellos que jamás experimentaron algo que fuese ajeno al gris.
Siéntase a gusto.

Búsqueda interna

Los economistas austríacos que han refutado Marx y su tesis de que el trabajo remunerado es exploración

Fuente: Mises Brasil

A los políticos les encanta declarar públicamente saber cuál es el valor del salario mínimo que los trabajadores del país deberían recibir. Pero no explican cómo llegaron a tal valor y mucho menos porqué el valor elegido no puede ser G$ 1.000 más o menos.
En suma a esto, todo ellos tienen la misma certeza: empresarios, emprendedores y capitalistas son exploradores sin corazón que se aprovechan de la mano de obra de algunos de sus trabajadores sin pagarles la ‘cantidad justa’ que su trabajo se merece genuinamente.
Lo que está por detrás de este pensamiento sobre el valor ‘razonable’ o ‘justo’ del salario mínimo es el fantasma de un pensador que hace mucho ya se creía haber relegado al basurero de la historia: Karl Marx (1.818-1.883)

La teoría del valor-trabajo de Marx para el valor de un trabajador

La concepción de Marx con relación a “esclavitud salarial” injusta que capitalistas y emprendedores imponen a sus trabajadores, se ha convertido en estandarte de batalla que han resultado en las revoluciones comunistas del Siglo XX, con toda su destrucción y terror.
Marx insistía que el ‘valor real’ de cualquier bien producido era determinado por la cantidad de trabajo empleado en su fabricación. Si la producción de un par de calzados consume cuatro horas de labor y si son necesarias dos horas para preparar un pastel, entonces la ‘forma de cambio’ justa entre estas dos mercaderías sería un par de calzados por dos pasteles. De esta manera, estos dos bienes serían intercambiados a una tasa que representa cantidades comparables del tiempo de labor gastos para producirlos.
Si el trabajo de un obrero ha producido, supongamos, tres pares de calzados durante un jornal de trabajo de doce horas, entonces el trabajador tiene el justo derecho a la propiedad de estos tres pares producidos por su labor, pudiendo así cambiarlo por los productos que quisiera adquirir de los demás operarios.
Marx declaraba que el capitalista que ha contratado al obrero no le paga una remuneración igual al valor de los tres pares de calzados que este ha producido. Esto ocurre, según Marx, simplemente por el hecho  de que el capitalista es el dueño de la fábrica y de las máquinas (la fábrica y las máquinas son propiedad privada utilizadas por el obrero para la producción de los pares de calzados). Tras eso, al estar tales bienes de producción en posesión del capitalista y no del obrero, el obrero tiene quq sujetarse a las demandas del capitalista, aceptando así entregar al capitalista una porción de aquello que su mano de obra produce – caso contrario, morirá de hambre y frío.
El empleador paga al trabajador un salario igual a, supongamos, dos pares de zapatos, de esta manera “robando” una parte de su labor.
De esta manera, según la concepción marxista, el valor de mercado del tercer par de calzados, el cual el capitalista se ha apropiado usando el trabajo del obrero, siendo éste el origen de sus ganancias, o lucros líquidos sobre los costos de haber contratado al obrero.
Ahí vemos el origen de la noción marxista de la “rentabilidad no merecida”, que sería la ganancia que no procede del ‘trabajar y producir’, sino que simplemente de ser el propietario de un establecimiento privado que emplea obreros quienes hacen todo el trabajo.
El capitalista, como ves, no hace nada. Vive del trabajo de los demás, mientras queda sentado en su oficina, con sus pies sobre la mesa, fumando un habano (cuando todavía era políticamente correcto hacerlo). Ya no causa sorpresa, considerando este raciocinio sobre el trabajo, sueldos y ganancia, que tanto políticos cuanto ‘intelectuales’ no tengan aprecio por capitalistas y emprendedores.

Carl Menger y el valor subjetivo de las cosas
Karl Marx murió en 1.883, con 64 años. Una década antes de su muerte, a inicios de los 1.870, su teoría de valor-trabajo ha sido derrumbada por varios economistas. Quizás el más importante fue el austríaco Carl Menger (1.840-1.921) en su libro de 1.871 “Principios de economía política”.
Menger explicaba que el valor de un bien no deriva de la cantidad de labor empleada en su fabricación. Un hombre puede gastar centenas de horas haciendo helados de barro, pero si nadie atribuir cualquier utilidad a tales helados – y por ende, no los valorizar lo suficiente para pagar algo por ellos -, entonces tales productos no poseen valor alguno, no obstante las centenas de horas empleadas en su fabricación…
Tal como la belleza, el valor – como dice el viejo proverbio – está en los ojos de quien mira. El valor de un bien es subjetivo: depende del uso y del grado de importancia personal (subjetiva) que alguien pueda conferir a tal bien (sea mercadoría, sea servicio). Si tal bien servir para alguna finalidad, tendrá valor para al menos una persona.
Los bienes, al contrario de lo que dice la teoría marxista, no poseen valor por cuenta de la cantidad de horas consumidas en su producción. Por otra parte, una determinada habilidad de trabajo puede poseer gran valor si es considerada útil (como medio de producción) para lograr un objetivo que alguien tenga en mente.
En suma a esto, el valor de los bienes idénticos se degrada a medida que su cantidad aumenta. Esto ocurre porque se atribuye a cada cantidad adicional de un mismo bien a nuestra disposición un propósito menos importante del propósito que ya habíamos atribuido a las unidades previamente adquiridas del mismo bien. Por ejemplo, cuanto más obtengo remeras iguales para mi ropero, cada remera extra tendrá menos importancia para mí de las mismas remeras que había comprado anteriormente. Los economistas lo llaman de “utilidad marginal decreciente de  los bienes”.

Nadie paga por un bien más de lo que considera valer
De esta manera,  no existe un valor mínimo “objetivo” que sea inherente al acto de trabajar. Un empleador contrata trabajadores porque éstos van ayudar a producir un producto que cree, podrá vender a consumidores en potencial. En la medida que el empleador contrata nuevos empleados, son reubicados para alguna tarea menos importante de aquella que fuera contratado un empleado más antiguo con iguales habilidades.
Como consecuencia, ningún empleador puede pagar o irá pagar más por un trabajador de lo que cree que sus servicios valen (en términos de agregar valor a sus actividades de producción).
Así, el valor de un trabajador depende del tanto que el empleador cree que el bien producido valga para los consumidores, quien es el que decide comprarlo – o no…- o tanto que el trabajador ayude a producir.
Supongamos que un empleador piense que algunas personas de su fuerza laboral contribuyan no más de que $6 por hora para fabricar un producto que él desea vender a los consumidores. Si el gobierno le dice que tiene la obligación legal de pagar a sus trabajadores  un salario mínimo que no debe bajar de los $7,40 o $10,10 por hora, no será nada sorprendente si optar por despedir aquellos trabajadores que según el empleador, cuestan más de lo que producen. Y en suma a ello, otros empleos que podrían estar disponibles por $6 la hora jamás existirán…
Todo lo que un salario mínimo decretado por el gobierno logra, es expulsar del mercado laboral aquellos trabajadores cuya contribución para la fabricación de un producto es menor de lo que el valor que el gobierno ha determinado que se les debe ser pagado.
¿Y qué hace el empleador exactamente?¿En qué contribuye para el proceso de producción, a parte del trabajo realizado por los empleados contratados? Marx, de acuerdo hemos visto, argumentaba que la “ganancia” del capitalista seria el valor de aquella porción de producción del trabajador que ha sido expropiada por el empleador simplemente por el hecho de que éste sea el propietario del emprendimiento en el cual el trabajador es empleado.

Böhm-Bawerk y la importancia del ahorro para la generación de empleos

Otro economista austríaco, Eugen von Böhm-Bawerk (1.851-1.914), quien ha desarrollado muchas de las ideas que se originaron con Carl Menger, respondió a Marx.
En una importante obra de tres volúmenes con el tíyulo: “Capital and interest” (1.914) y en diversos ensayos, de los cuales los más importantes fueron: “Unresolved contradiction in the marxian economic system” (1.896) y “Control or economix-law” (1.914), Böhm-Bawerk preguntó: ¿De dónde vienen los emprendimientos en los cuales los trabajadores son empleados? Y ¿De dónde vienen los recursos que garantizan el pago de los sueldos de los trabajadores?
¿Cómo la fábrica es construida, de dónde viene el capital – maquinaria, herramientas y equipamientos – de las fábricas, con el cual los trabajadores contratados realizan su labor para producir los bienes que eventualmente estarán disponibles para que los consumidores puedan comprar?
La respuesta de Böhm-Bawerk fue que alguien necesariamente tuvo de ahorrar una parte de sus ganancias obtenidos en el pasado para, entonces, utilizar tales recursos en la construcción de la empresa y en su equipamiento, con todos los bienes de capital necesarios, sin los cuales la labor de cualquier obrero seria considerablemente menos efectiva, con mucho menos cantidad producida y muchos más desperfectos en la calidad.
El emprendedor que comienza un emprendimiento, tuvo necesariamente que economizar los fondos necesarios para investir, o haber tomado un préstamo  de terceros que habían ahorrado lo necesario. Alguien tuvo necesariamente que sacrificarse, abrir mano del consumo en el presente para que estas economías estén disponibles en el futuro para financiar el emprendimiento. Cuando el emprendimiento es realizado, podrá entonces generar un retorno financiero en el futuro, cuando el producto ser fabricado y vendido.
Un individuo sólo abrirá mano de su consumo en el presente si es que esto será suficientemente compensado con una ganancia futura, cual haga valer la pena el abrir mano  de este consumo y placer en el presente. Ahorro es sacrificio y este sacrificio debe ser compensado.
Y por ello se pagan intereses. Interés es el precio que se paga a alguien que ha optado por abrir mano del consumo presente para obtener un valor mayor en el futuro. Intereses son el precio que arbitran si los recursos serán consumidos en el presente o investidos para el futuro. Intereses son el precio que los ahorradores reciben en el futuro por sacrificaren satisfacciones más inmediatas del presente, hasta que las cantidades prestadas sean cobradas.
Y el tomador del préstamo paga tales intereses porque valora más el uso que hará de la plata y de los recursos que toma prestado hoy, de lo que todo el interés que pagará por el préstamo en el futuro.

Emprendedores y capitalistas ahorran a los obreros el tener que esperar por sus sueldos
El hecho de que los emprendedores tienen estos recursos a su disposición – sean originarios de su propio ahorro o de préstamos – significa que aquellos a quien emplea no tendrán que esperar hasta que los bienes sea producidos y de hecho comercializados para que reciban sus sueldos por el trabajo que han realizado durante el período de producción.
El empleador, en otras palabras, “adelanta” a los obreros el valor de sus servicios mientras el proceso de producción está en desarrollo, justamente para aliviar sus funcionarios de tener que esperar hasta que las ganancias de la venta de los productos sean recibidas en el futuro.
El hecho del obrero no recibir el “valor total” de la producción futura simplemente es por el hecho de que es imposible el hombre cambiar bienes futuros por bienes presentes sin que exista un descuento en el valor. El pago salarial representa bienes presentes, al paso que los servicios de su mano de obra representan apenas bienes futuros.
En efecto, es por eso que lo más correcto es decir que el emprendedor es quien “hace todo”; dado que sin su disposición y capacidad para organizar, financiar y dirigir el emprendimiento, sus empleados no tendrían trabajo y no recibirían sueldos antes que un único producto haya sido producido y comercializado.
La apreciación de este último punto es de importancia crucial. El emprendedor no es solamente el organizador de la empresa y el financista que hace con que todo ocurra, también es quien irá responsabilizarse si es que no se obtiene ganancia por sus esfuerzos empresariales.

Emprendedores arriesgan con la incertidumbre de planear para el futuro

Los obreros y todos los demás que proveen al emprendedor los bienes, servicios y recursos necesarios para que todo el proceso de producción ocurra, reciben su pago mientras el trabajo está siendo realizado. Mientras el empleados arriesga con toda la incertidumbre sobre si ganará o no lo suficiente con la venta sus productos como para pagar los gastos de producción. Es más, siquiera sabe si venderá sus productos.
Cuando paga a sus obreros los sueldos que han sido acordados por contrato, el emprendedor les quita de la incertidumbre con respecto a que si en el final del proceso, habrá ganancia, perjuicio, o si la empresa se estancará en el cero a cero.
Es el emprendedor quien debe hacer los juzgamientos  especulativos y creativos  sobre qué producir y a cuales precios deberá ser comercializado. La precisión de su juicio empresarial en lograr anticipar mejor que la competencia aquello que sus consumidores pueden comprar en el futuro, bien como los precios que podrán pagar por tales bienes, es lo que determinará el suceso o fracaso de su emprendimiento.
De esta manera, Karl Marx se ha equivocado completamente al no comprender lo que determina el valor de los bienes, el valor de los obreros en el proceso de producción y el papel vital y crucial del emprendedor, quien es realmente el que hace con que las cosas sucedan.

El mal provocado por las políticas basadas en Marx

Es de poca importancia si políticos e ‘intelectuales’ que miran trabajo, sueldos y emprendedores sobre una óptica de conflicto de clases están conscientes de cuánto sus concepciones con respecto al capitalismo y del mercado son implícitamente derivadas e influenciadas por los bosquejos obsoletos de un socialista revolucionario del Siglo XIX.
Lo que sí importa es que políticas económicas basadas en tales equívocos marxistas con relación a la naturaleza y funcionamiento de la economía de libre mercado generarán maleficios para aquellas mismas personas quienes, supuestamente tales políticas ayudarían.
Éstas políticas equivocadas destruirán todavía más los fundamentos esenciales del sistema de libre mercado, el cual, en el correr de los últimos 200 años dio a los hombres una libertad personal y prosperidad material jamás vista en toda la historia humana. Son políticos quienes destruyen la libertad que las personas poseen de trabajar y asociarse libremente  de las maneras que creen más beneficiosas. Son los políticos quienes tienen el potencial de llevar a la sociedad a un camino de ruinas y conflictos.