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Anthony Boucher - Jartum: chascarrillo en prosa


Si alguna vez ha existido un ser humano superior, en lo intelectual y en lo moral, ése fue Tony Boucher, conocido también como William Anthony Parker White. Este hombre impetuoso, gentil y cariñoso era en muchos sentidos como un ser de otro mundo entre nosotros. Creativo director de "The Magazine of Fantasy and Science Fiction" (que fundó con Francis J. McComas), autor de pluma fácil y conmovedora, católico devoto, amante del asesinato estético, cofundador de Mistery Writers of America y de los American Baker Street Irregulars, experto en ópera con una enciclopédica colección de discos... la lista de sus talentos es infinita.
La actividad de Tony al frente de "The Magazine of Fantasy and Science Fiction" introdujo un nivel de excelencia en este campo que sobrevivirá mucho tiempo después de su desaparición. Cada vez son más raros los textos de Boucher no publicados ya en forma de libro; sin embargo, su devota esposa Phylis encontró este texto que él escribió para una revista de club de fans. Trae a la memoria recuerdos de largas sesiones de descarados chistes y chascarrillos obscenos hasta altas horas de la noche. ¿Recuerdan el del joven de Jartum que pasó la noche en su habitación discutiendo sobre los roles sexuales con su compañera esa velada?

El último hombre y la última mujer sobre la Tierra estaban sentados junto a la última cama.
Los arcturianos les observaban desde alguna parte, regocijándose de haber hallado al fin dos especímenes, y con marcadas diferencias sexuales. Pero los dos ya eran inmunes a ese benévolo escrutinio.
La figura con los harapientos pantalones se agitó inquieta.
—Eres bonita —dijo la ruda voz rasposa mientras extendía una mano para tocar una rodilla forrada de seda—. Los arcturianos han hecho bien las cosas a mi entender.
Los senos improbablemente salientes subieron y bajaron rápidamente.
—Tú también me gustas —reconocieron los labios fruncidos en un mohín—. Y desde luego vamos a divertirnos mucho... Pero en cuanto a perpetuar la raza... Bueno, me temo que a los arcturianos les espera una terrible sorpresa.
Soltó una risita mientras acercaba la mano, se arrancaba un seno improbablemente saliente y se lo arrojaba juguetón a su compañero.
Las poderosas manos masculinas casi acariciaron el objeto cónico, luego lo dejaron caer con embarazo. El delgado cuerpo alargado se levantó de la cama y comenzó a despojarse del abrigo de paños escocés.
—Va contra mis principios y probablemente también contra los tuyos; pero ha pasado mucho tiempo y al menos será una novedad..., supongo —gruñó mientras liberaba sus propios senos muy probables del sostén excesivamente apretado que los contenía.
Los arcturianos sabían lo que se hacían, a fin de cuentas.